"Rebelión insólita en un hospital. Al grito de “esta planta no se
cierra”, pacientes, familiares y trabajadores se han parapetado en las
unidades del hospital de Bellvitge —uno de los grandes centros públicos
del área de Barcelona— que la gerencia había proyectado cerrar durante
el verano.
Escamados por la experiencia de años anteriores, en los que
muchas de las camas cerradas no volvieron a ponerse en servicio, esta
vez el cierre vacacional ha encontrado una inesperada y sorprendente
resistencia.
Los familiares han montado guardia para evitar el traslado de los
enfermos y parte del personal sanitario se ha unido a las protestas.
Entre ellos también cunde el malestar por los continuos recortes, la
presión asistencial y ahora, por el hecho de que, de nuevo, solo van a
cobrar media paga extra.
En 2009 el hospital tenía 906 camas, pero los
cierres veraniegos se saldan cada año con una merma de unas cuarenta
camas. Ahora quedan 621 en servicio. (...)
Uno de los enfermos ingresados había esperado 1,5 años a ser intervenido en la válvula aórtica.
En los últimos años los recortes presupuestarios han agravado el
desfase entre los servicios disponibles y las necesidades a cubrir. Si
la actividad quirúrgica se reduce, muchos de los pacientes que esperan
intervención acaban en Urgencias.
Médicos del hospital de Vall d’Hebrón
han denunciado en una carta a la dirección que la falta de camas obliga a
retener durante días a los enfermos en los servicios de Urgencias, a
veces en un pasillo y sin una triste silla para el acompañante. Tarde o
temprano, los efectos de los recortes acaban aflorando." (El País, 30/06/2014)
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