"(...) Cada vez esta más claro que la “vieja Europa”, como la ha calificado el
Papa en Estrasburgo, se hunde en lo que ahora se llama “estagnación
secular”, víctima de un paro masivo y de un endeudamiento elevado y
creciente. (...)
En Francia Hollande asegura que el problema es la oferta y que la
solución son las reformas estructurales. Pero para la OCEDE, Europa
entera sufre de un problema de debilidad de la demanda. Y las cifras
parecen confirmarlo: en el segundo trimestre la inversión ha disminuido
un 0,3 % y el consumo de las familias, a pesar de los aumentos
salariales en Alemania, solo ha crecido un 0,3 %. (...)
El problema es que las reformas que traten de impulsar la oferta no
deben a la vez debilitar la demanda. Y es lo que ocurre con muchas de
las reformas, especialmente en el mercado de trabajo, que se suelen
citar como el bálsamo que cura todos los males.
Esas reformas puede que
tengan efectos expansivos en el medio plazo, pero es seguro que a corto
plazo son contractivas porque bajar los salarios y aumentar las
facilidades de despido implica, al menos a corto plazo, disminuir la
renta disponible y aumentar la incertidumbre, y por lo tanto disminuyen
la demanda de consumo.
Es lo que le ocurrió a Alemania en la primera
década de este siglo con las tan alabadas reformas Schroeder. Si
Alemania superó la crisis fue porque la demanda exterior de sus socios
del euro, entonces en expansión, compenso la debilidad de su demanda
interna. Si todos hubiésemos hecho como los alemanes entonces, Europa
entera se hubiera hundido en la recesión. Mal que le pese a Frau Merkel,
todos no podemos ser alemanes al mismo tiempo. (...)
La BCE siguió a la FED en sus políticas monetarias no convencionales,
pero sigue sin poder llevar a cabo compras masivas de Deuda pública. Y
los esfuerzos de Draghi para hacer bajar el euro no dan todo el
resultado necesario para que las exportaciones compensen la caída de la
demanda interna.
De todas maneras, la eurozona tiene ya un superávit
comercial exterior de 350.000 millones de euros y no parece que el
comercio internacional vaya a crecer sino todo lo contrario (...)
Las propuestas más radicales pasan por un aumento de la inversión
pública y una reestructuración de las deudas. Ambas están fuera de la
pantalla radar en Bruselas-Berlín-Franckfurt.
Podríamos conformarnos
quizás con una mejor combinación de reformas estructurales en países
como Francia e Italia, una reducción más lenta de los déficits públicos,
una estimulo pan europeo a la inversión y una política decidida de
quantitative easing de parte del BCE. ¿Pero cómo convencer a Alemania
que eso es también lo que le conviene?" (La liebre americana y la tortuga europea, de Josep Borrell en República de las ideas, en Caffe Reggio, 29/11/2014)
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