"(...) P- Ustedes propugnan conservar y potenciar los bancos nacionalizados para crear una red de banca pública…
R- Si, efectivamente, entre nuestras propuestas –con todos los matices que existen en la pluralidad interna que caracteriza a Economistas Frente a la Crisis-
puede encontrarse una posición favorable a la recuperación de la
presencia del sector público en los sectores estratégicos, no solo en el
bancario también en el sector energético.
El expolio de ENDESA por ENEL, en el que
ha acabado la privatización culminada en 1997 de la empresa energética
de referencia e instrumento precioso para la política
energética española, avala nuestra preocupación por la pérdida de la
presencia del Estado como actor económico e industrial en este sector
estratégico.
También el sector bancario ha asistido, a lo largo de muchos años, a la completa desaparición de la banca pública. (...)
El sector bancario es un sector, como el energético, también sistémico y la presencia del sector público
debiera actuar como testigo y revulsivo de la gestión de este sector,
centro de la crisis que vivimos.
Ello se puede lograr por medio de una
agencia pública especializada en la financiación de la inversión. Para
ello sería necesario disponer
de un ICO redimensionado, más transparente y que preste directamente a
los prestatarios finales. Una segunda vía complementaria sería mantener
una participación de control público en Bankia y BMN.
Pero obviamente, muchas otras medidas son necesarias. Pongamos una de ella sobre la mesa: garantizar la independencia y recuperar la especialización de los órganos reguladores que existen, precisamente, porque en la economía existen sectores estratégicos que afectan a la sociedad de manera sistémica.
P- ¿No generaría esto un mayor déficit presupuestario y un aumento de la deuda pública?
R- Nada de esto tiene que ver con el
aumento del déficit y de la deuda pública. Al contrario, contribuiría al
relanzamiento del flujo crediticio y con ello al crecimiento y
desapalancamiento de las cuentas del sector privado y del Estado.
Y si
hablamos del sector eléctrico, no hay duda alguna de que la presencia
pública del Estado en una empresa como ENDESA hubiera permitido tener la
información necesaria para derogar la regulación que ha encarecido la
electricidad a empresas y familias en detrimento de la competitividad de
la economía y del bienestar de las familias. (...)
P- Y relanzar la inversión pública ¿tampoco generaría esto un mayor déficit y un aumento de la deuda?
R- También –obvio- la inversión y el
gasto público tienen que ver con el déficit y la deuda. Pero una vez más
hay que advertir aquí, que lo que parece intuitivo no es cierto.
Uno de los conceptos que a los
estudiantes de economía les empieza a cambiar su cultura de ciudadanos
corrientes -que en sus inicios de economía no tienen más noción que la
que se intuye a través de las economías “caseras”- es el concepto del
“Multiplicador del Gasto Público”.
Se trata de un efecto, paradójico,
poco intuitivo, según el cual, bajo determinadas condiciones, un
incremento del gasto público desencadena un proceso de incrementos
sucesivos de la producción de bienes y servicios que permiten al Estado
aumentar sus ingresos y disminuir su gasto en las prestaciones sociales
hasta el punto en que puede llegarse a contrarrestar el incremento del
gasto si este va dirigido hacia sectores con altos multiplicadores.
Las
cuentas públicas acaban reequilibrándose al nivel inicial impulsando una
espiral virtuosa de crecimiento y mejora del bienestar de los
ciudadanos. Olivier Blanchard, Economista Jefe del FMI, ha recalculado
el valor medio del multiplicador del gasto en esta fase del ciclo y ha
reconocido su minusvaloración por la UE y resto de instituciones
financieras internacionales. Están empezando a reaccionar, además del
FMI, la OCDE y algunos gobiernos de los Estados miembros de la UE.
Lástima que este inicio en las rectificaciones llegue tan tarde.
Y lástima porque este efecto opera
igualmente, aunque en sentido contrario, si se trata de una reducción
del gasto público . La restricción del gasto tiene límites difícilmente
sorteables en compromisos de corto plazo y tiende a centrarse sectores
de alto valor añadido: investigación, enseñanza, sanidad… y acaba
impulsando una espiral viciosa de decrecimiento con pérdida no sólo del
bienestar de los ciudadanos, también de la capacidad potencial de
crecimiento.
Es decir, empobrece en todos los sentidos el país. En fin,
la reducción del gasto no implica la pretendida reducción del déficit
presupuestario. De hecho la curva de crecimiento de la deuda se ha
acelerado durante estos años gestionados por la mal llamada austeridad.
Así es que, ambos fenómenos, aumentos y
disminuciones del gasto incorporan consecuencias poco intuitivas,
contrarias a lo que, sin conocimientos suficientes, cualquier ciudadano
podría esperar. (...)" (Entrevista a Jorge Fabra Utray, Economistas frente a la crisis, 28/11/2014)
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