"El mercado laboral español recoge los frutos sembrados durante décadas por las élites económicas patrias, básicamente rentistas,
dominadas por la interacción de una serie de oligopolios dañinos para
nuestra salud.
El binomio bancario-inmobiliario, aderezado con distintos
monopolios naturales privatizados, ha subyugado, y sigue subyugando, la
vida económica de este país. Para ello contó con la colaboración, algunos dicen incluso que con el diseño, por parte de una clase política que en plena ola burbujil, alentando un endeudamiento masivo, hundió definitivamente las esperanzas de futuro de este país. (...)
Ante el brutal incremento del paro, en vez de repensar que es lo que queríamos para nuestra querida España, las élites decidieron definitivamente repartir miseria.
La búsqueda de un nuevo modelo productivo, asociado de manera
ineludible a una profunda reforma y catarsis colectiva, donde el
intercambio de favores y el caciquismo desparezcan definitivamente de la
faz de nuestro país, requiere tiempo.
Además, sus efectos no serían
inmediatos, y las actuales élites perderían privilegios. Ante tal
disyuntiva, enésima patada hacia adelante, que paguen los de siempre.
Escribamos otro problema estructural, ausencia de una visión de largo plazo.
Impusieron una reforma laboral diseñada exclusivamente con la intención de abaratar los salarios,
amedrentar a la clase trabajadora, seguir con las barreras a la
participación y a la entrada de nuevas ideas, nuevas propuestas, nuevos
grupos.
Objetivo, mantener el status-quo de los oligopolios patrios.
Y para terminar, rizando el rizo, fomentaron más consumo privado, sin
generación de rentas, con más deuda externa. Anotemos dos problemas
adicionales, deuda externa neta en niveles récord, ausencia de rentas.
En este contexto, ¿cómo responde el mercado laboral? Repartiendo miseria, con contratos temporales, parciales, con precariedad extrema. Para cuantificar la penuria me remito a los datos de Francisco Felgueroso del colectivo Nada es Gratis.
A partir de la EPA, si sumamos a los parados, por un lado, los
desanimados y los que desean trabajar, y por otro, todos los
trabajadores temporales involuntarios y subempleados, el total de trabajadores en precario se aproxima a los 11 millones,
frente a los 6,7 de 2007.
De ahí los vaivenes en los datos de
afiliación a la Seguridad Social -vean desastre de enero de 2015-. Y
luego se preguntan ¿por qué la gente está harta?, ¡vaya tela!" (Juan Laborda, Vox Populi, 05/02/2015)
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