"(...) Una modista en paro de Terrassa, una ciudad trabajadora
relativamente próxima a Barcelona, ofrece cursos a cambio de alimentos.
El Ateneo Candela, un centro social de la población cuenta Ivanna
Vallespín, se levanta los jueves con máquinas de coser, patrones, hilos y
aguja, y, sobre todo, con mucha solidaridad. Entre los de abajo, que
diría Francisco Fernández Buey.
Marieta Escobar, una modista de
37 años, imparte el curso. No cobra las clases. Pide a sus alumnas
-¡alumnas todas ellas por lo que parece!- lo que le puedan ofrecer: “ya
sea comida u otros favores, como clases de yoga o plantas medicinales”
(¡cuidado con esas plantas!). Es su forma de levantar cabeza “en medio
de una profunda crisis que ahoga su familia y para recuperar valores en
los que cree desde hace años”.
Formada en diseño y patronaje,
Marieta trabajó como monitora de esplai. Con la costura no ganaba para
vivir. Hace cuatro años perdió su trabajo como asistente en una
residencia para personas con discapacitados. Los recortes, es decir, las
permanentes agresiones antiobreras de don Boi y sus secuaces.
Su pareja está en paro desde hace un año y medio. Tiene una hija de 7
años. En 2014 dejaron de pagar la hipoteca. La prioridad era la comida,
no los recibos. Negocia con Caixabank la dación en pago con el apoyo de
las PAH. Con sus propias palabras: “Lo más fuerte que he hecho en mi
vida es plantarme delante del banco y decir “no os pago ni un duro más”.
Eso da mucho miedo la verdad”.
Marieta es una defensora del
cooperativismo. Ya se había interesado por el movimiento y los mercados
sociales de intercambio. Luce con orgullo la camiseta de las PAH. Y
recuerda malos, muy malos momentos: “Estaba con depresión y no tenía
ganas de coger la costura. Fueron mis amigas las que me animaron a
volver. Me pidieron que les enseñara a coser”.
Con la ayuda de la amistad. Sí se puede, sí se puede, sí se puede.(...)" (Salvador López Arnal , Rebelión,14/02/2015)
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