"Los últimos acontecimientos de Grecia suponen un desafío crucial para
Europa: ¿es capaz de dejar atrás los mitos y la moralización, y afrontar
la realidad de una forma que respete los valores esenciales del
continente?
En caso contrario, todo el proyecto europeo -el intento de
consolidar la paz y la democracia mediante una prosperidad compartida-
sufrirá un golpe terrible, tal vez mortal.
Hablemos primero de esos mitos: mucha gente parece creer que los préstamos que Atenas ha recibido
desde que estalló la crisis han servido para financiar el gasto griego.
La realidad, sin embargo, es que la inmensa mayoría del dinero
prestado a Grecia se ha utilizado simplemente para pagar los intereses y
el principal de la deuda. De hecho, a lo largo de los dos últimos años,
una cantidad superior al total enviado a Grecia se ha reciclado de esta
manera: el Gobierno griego obtiene más ingresos que lo que gasta en
cosas que no son intereses, y entrega los fondos adicionales a sus
acreedores.
O, por simplificar las cosas un poco más de la cuenta, se podría
pensar que la política europea supone un rescate económico no para
Grecia, sino para los bancos de los países acreedores, y que el Gobierno
griego simplemente actúa como intermediario (mientras que a los
ciudadanos griegos, que han visto caer en picado su nivel de vida, se
les exige que hagan aún más sacrificios para que ellos también puedan
aportar fondos a ese rescate).
Una manera de ver las exigencias del recién elegido Gobierno griego
es que este quiere que se reduzca la cuantía de esa aportación. Nadie
habla de que Grecia gaste más de lo que ingresa; lo único que se discute
es la posibilidad de gastar menos en intereses y más en cosas como la
sanidad y las ayudas a los indigentes.
Y al hacerlo, la consecuencia
añadida sería que se reduciría enormemente la tasa de paro griega, del
25 %.
¿Pero no tiene Grecia la obligación de pagar las deudas que su propio
Gobierno decidió contraer? Ahí es donde entra en juego la moralización. (...)
Es cierto que Grecia (o, para ser más exacto, el Gobierno de
centroderecha que gobernó el país entre 2004 y 2009) tomó prestadas de
manera voluntaria unas sumas enormes de dinero. Sin embargo, también es
verdad que los bancos de Alemania y del resto del mundo le prestaron a
Grecia todo ese dinero de manera voluntaria.
En condiciones normales,
sería de esperar que las dos partes responsables de ese error de juicio
pagasen por él. Pero las entidades crediticias privadas han sido, en
gran medida, rescatadas (a pesar del “recorte” de sus demandas en 2012).
Mientras tanto, se espera que Grecia siga pagando.
Ahora bien, la verdad es que nadie cree que Grecia pueda pagar todo
lo que debe. De modo que ¿por qué no admitir esa realidad y reducir los
pagos hasta un nivel que no imponga a los ciudadanos un sufrimiento
eterno?
¿Acaso el objetivo es que Grecia sirva de ejemplo para otros
prestatarios? Si es así, ¿cómo se compatibiliza eso con los valores de
la que, supuestamente, es una comunidad de países democráticos y
soberanos? (...)" (
Paul Krugman , El País,
1 FEB 2015)
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