10.2.15

La inmigración (legal e ilegal) es buena para la economía

"En una publicación reciente (1) la OCDE afirma que la inmigración es beneficiosa para las economías de sus países miembro (entre ellos España y gran parte de Europa), y en otra (2) plantea el posible descenso futuro del flujo inmigratorio como una de las principales amenazas de largo plazo para la sostenibilidad de nuestro sistema social.

Para decir lo primero se apoya en tres perspectivas:

- la inmigración favorece el mercado de trabajo,
- contribuye a las arcas públicas más de lo que obtiene de ellas, y
- estimula el crecimiento económico per cápita al aportar población en edad de trabajar

Lo segundo se debe al envejecimiento de la población nativa (provocado por la creciente esperanza de vida unido a la decreciente natalidad) y que constituye uno de los mayores retos sociales que enfrentamos, por ahora atajado precisamente por los flujos inmigratorios.

Un estudio de la Universidad de Harvard (3) (que es en realidad una recopilación de otros muchos estudios) referido a varios países entre ellos algunos europeos, considera el impacto de la inmigración en el mercado laboral y las arcas públicas como pequeño pero positivo. 

Otra publicación (4), realizada por el Consejo sobre el Desarrollo Económico Internacional (IEDC, por sus siglas en inglés) y referida a Estados Unidos, afirma que la inmigración –legal e ilegal– aumenta los salarios reales y el nivel de empleo para todos los trabajadores del país, en el peor de los casos no perjudica las arcas públicas, y además describe como devastadoras económicamente las deportaciones masivas de indocumentados, recomendando en vez de ello su regularización.

En España, el Foro para la Integración Social de los Inmigrantes, un organismo público, argumenta (5) que los y las trabajadoras inmigrantes no han sustituido a los nativos ni provocado una mayor precarización de las condiciones laborales, son de hecho quienes más sufren las consecuencias de la crisis. 

Termina recomendando dedicar más recursos a las políticas de integración, en pos de la economía. Otro organismo público, el Observatorio Permanente de la Inmigración, coincide en señalar al inmigrante como el colectivo más perjudicado por la crisis, y estableció en 2010 la regularización de los indocumentados como objetivo prioritario (6). 

Se insiste en la regularización pues aunque tanto la inmigración legal como la ilegal se creen beneficiosas, la legal lo sería más por conceder pleno acceso al mercado de trabajo. Incluso en la coyuntura actual la regularización generalizada podría beneficiar nuestra economía si viene acompañada de medidas que efectivamente estimulen la creación de empleo y la demanda interna.

Parece que, “después de todo”, las y los inmigrantes venían aquí a trabajar y no a ordeñar nuestro (actualmente famélico) estado del bienestar, y al hacerlo nos benefician a todos y todas.

 Parece ir por tanto en nuestro interés económico promover la igualdad de derechos y condiciones laborales entre las diferentes nacionalidades residentes en España, cosa que además es de justicia. La capacidad de los países desarrollados para atraer inmigrantes será en las próximas décadas uno de sus principales factores de éxito. (...)"               (Hugo Baltasar Cruces, Economistas frente a la crisis, 12/04/2014)

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