"(...) Hace poco, la Fundación Ebert, ligada a los socialdemócratas alemanes,
concedió el premio a la mejor publicación económica de 2014 al libro
Austeridad. Historia de una idea peligrosa (Editorial Crítica), del
profesor de la Universidad de Brown Mark Blyth. (...)
Al recoger el galardón, Blyth, quien fue preferido por el jurado a
Piketty o al periodista Wolfgang Munchau, manifestó la ironía que
suponía ser distinguido “en un país que parece, al menos en el nivel de
las élites, totalmente insensible al mensaje del libro”. Ese mensaje se
resume en que la austeridad “simplemente no funciona”.
La parte más
notable del discurso combatió el concepto de “reforma estructural” como
algo universal que sólo significa bajar impuestos, liberalizar todo lo
posible, privatizar lo no especificado y reducir derechos en el mercado
laboral. Blyth explicó que en la actualidad los beneficios empresariales
son más altos que nunca, la participación del trabajo en la renta
nacional se encuentra en mínimos históricos y la inflación ha dado paso a
la deflación.
En eso ha consistido la política de la austeridad: “Lo
que hemos hecho en los últimos 30 años ha sido construir un paraíso para
el acreedor, con tipos de interés reales positivos, baja inflación,
mercados abiertos, sindicatos débiles y un Estado en retirada”.
Y al
Partido Socialdemócrata le dijo que la razón de su existencia es algo
más que permitir un paraíso para el acreedor en Europa: “Lo más trágico
de esta crisis es que el centro-izquierda de toda Europa no sólo ha
aceptado, sino que en muchos casos ha apoyado activamente, unas
políticas que no han hecho más que perjudicar a su supuesto núcleo de
votantes”. (
Joaquín Estefanía , El País,
8 MAR 2015)
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