"(...) el problema de Alemania y del conjunto de la eurozona es que han entrado
en un estancamiento secular donde la rentabilidad de las inversiones
son mínimas. Por eso los tipos de largo plazo de los bonos son tan
bajos, el crecimiento es anémico y hay riesgo de deflación.
Hasta 2007
la Eurozona estaba segmentada en dos áreas: los países que tenían
superávit exterior, como Alemania, que financiaban a los que tenían
déficit exterior como España.
Llegó la crisis financiera, el ahorro se
balcanizó y los países con déficit se vieron forzados a frenar en seco,
hundiendo su inversión y generando superávit exterior a costa de subir
exponencialmente la tasa de paro. Pero Alemania no sólo no ha disminuido
su superávit, sino que lo ha aumentado desde 2007 hasta máximos
históricos del 8% de su PIB. (...)
La inversión privada está muy por debajo del promedio, lo cual
contradice el mito del ejemplo alemán. Si la economía germana está tan
bien ¿por qué no invierten sus empresas?
Lo que nos enseñó Keynes es que, cuando las empresas no invierten
suficiente, el estado debe ser proactivo para sacar a las economías del
estancamiento secular y eliminar el desempleo involuntario.
Alemania
tiene baja tasa de paro pero mucho subempleo, más propio de un país
emergente que de un país del G-7. La inversión pública alemana en 2014
fue 2% del PIB, por debajo del promedio del 3% de la eurozona y la mitad
que en Francia, que invierte el 4%.
Es muy fácil decir a Grecia sus errores. Pero ¿quién le dirá a los
alemanes lo que tienen que hacer? La inversión alemana será más
determinante para Europa que la crisis griega, pero nadie habla de los
desequilibrios germanos." (
José Carlos Díez , El País,
3 ABR 2015)
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