"En todas las pantallas la misma imagen: Angela Merkel frente a Alexis
Tsipras flanqueada por Donald Tusk y François Hollande. Un espectáculo
inaceptable. No solo para un francés, al cual es lamentable ver a ese
lado de la mesa ¡Y por añadidura sentado al final del banco! Pero sobre
todo para un europeo. (...)
Y el Gobierno finlandés, donde gobierna una coalición de la derecha y
la extrema derecha, declaró que este no es su acuerdo. Esto debería,
por lo menos, hacer reflexionar a los «euroidólatras» franceses. ¿Qué
Europa es esta?
¿Qué valor tiene una negociación en ese marco?
La parte griega no era libre, ¡el país estaba bloqueado económicamente
desde hacía quince días! Ya habían empezado a asfixiarle. ¿Qué pretende
en esas condiciones una negociación de trece horas ininterrumpidas?
¿Y
cómo aceptar la presión de la presencia a un lado de los expertos de las
dos primeras economías apoyados por los asesores del presidente del
Consejo frente a un solo gobierno? ¿Así se trata a los socios en Europa?
¿Asfixia económica del país y asfixia física de los negociadores como
marco de las conversaciones?
También me resulta incómodo el
apoyo prestado por nuestra izquierda, aquí o allá, a ese «acuerdo».
Quiero creer que no lo han leído o lo han leído muy deprisa… Porque el
texto prevé, por ejemplo, derogar todas las leyes aprobadas desde el
pasado mes de febrero, revisar la ley laboral hasta en detalles como el
trabajo en días festivos, restablecer en todos los ministerios la
vigilancia de la troika y que ésta de su aprobación previa a cualquier
proposición de ley. (...)
Algunos periódicos alemanes, como Spiegel, califican al acuerdo de «catálogo de crueldades». El diario L’Humanité, en
palabras de su director Patrick Apel Muller, habla de «la fría
dictadura alemana»: «Angela Merkel, escribe, acompañada de algunos
gobiernos serviles, exige una rendición incondicional so pena de
exclusión».
La víspera, el presidente del Consejo italiano, Matéo Renzi,
acabó explotando frente al Gobierno alemán: «¡Ya basta!». Por todas
partes crece la indignación. Le Monde informa de que incluso los altos funcionarios europeos están indignados y muestra a Tsipras derrotado y humillado.
Así que esta es desde ahora la Unión Europea. El Gobierno de Alexis
Tsipras ha resistido de pie como ningún otro en Europa. Ahora tiene que
aceptar una tregua en la guerra que está librando. Le debemos
solidaridad. Pero nada puede obligarnos a participar en la violencia que
le están infligiendo.
Si yo fuera diputado no votaría ese acuerdo en París. Sería mi manera de
condenar la guerra contra Grecia. Sería mi manera de condenar a los que
la libran y los objetivos que persiguen. (...)
En Francia debemos condenar de todas las formas posibles los sacrificios
que exigen a los griegos y la violencia que les imponen. Pero como
siempre eso debe empezar con la sangre fría frente a la jauría mediática
y su rodillo compresor de falsas evidencias. No perdamos nunca de vista
que ellos ponen en palabras la realidad adaptándola a sus formatos de
difusión y que la verdad no es su primera exigencia, aunque caigan en el
absurdo. (...)
Las personas de buena fe que quieren formarse una opinión libre en
realidad no entienden nada debido a la acumulación de habladurías que
han transformado todo el asunto en «ruido». Se dan cuenta de que quieren
inducir su pensamiento y no se dejan.
Nuestro deber es aclarar la
situación encajando los trozos del problema que se plantean. Hay que
apoyar a Tsipras y no unirse a la jauría de los que quieren despedazarlo
y se hacen cómplices del golpe de Estado contra él y los griegos. Pero
no hay que apoyar el acuerdo para no avalar la violencia que impone y
prolonga.
Sabemos que el mejor triunfo del pueblo griego sería
la victoria de Podemos en España y la nuestra en Francia (Frente de
Izquierdas, N. de T.) ¡Estamos trabajando! Por eso no debemos cometer el
error de aprobar los métodos que van a aplicar a los griegos y cuya
aplicación no soportaríamos en Francia. Al dejar que se perpetrase el
golpe contra Chipre Francia validó él método que después se ha extendido
a Grecia.
A nosotros nos arrastraron por el lodo por denunciarlo e
incluso fuimos acusados de antisemitas por Harlem Désir, entonces primer
secretario del Partido Socialista y ahora totalmente ausente de la
partida europea que se acaba de jugar, a pesar de que es el ministro de
Asuntos Europeos de Francia.(...)" (Jean-Luc Mélenchon , jean-luc-melenchon.fr , en Rebelión, 16/07/2015)
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