Jessica y Antonio, con sus cinco hijos en casa de la madre de ella, donde residen, foto:
"Hay familias a las que la desdicha las visitan todas
las mañanas. La vida de esta en concreto da para hacer tres películas.
Jessica y Antonio forman un matrimonio con 5 hijos de entre 9 y 2 años.
Él está enfermo, ninguno de los dos trabaja y les acaban de quitar la
paga de la Risga.
Viven en casa de la madre de ella, una viuda que tiene
en acogimiento a otra nieta que está a punto de cumplir los 18 años.
Son 9 en casa y si un milagro no lo remedia, a partir de ahora solo
dispondrán de 70 euros para comer, vestirse y pagar los recibos.
Hasta este mes que ahora acaba, las administraciones
les han ayudado. El Ayuntamiento les pagó las guarderías, los colegios y
el comedor escolar; la Xunta les daba una renta de inclusión social de
520 euros, y Cruz Roja una bolsa con alimentos. Mal que bien, «salíamos
adelante», dicen. Pero hace unos días recibieron una carta de la Xunta
que interrumpió sus vidas como una pedrada en un estanque.
En ella les
informaban de que les retiraban la prestación. Desde la Consellería de
Benestar alegan que «a unidade de convivencia dispón duns recursos económicos superiores a contía da prestación económica da Risga».
Cuando la Xunta habla de «unidade
de convivencia» se refiere al dinero que entra en esa casa todos los
meses, por lo que suman la pensión y la ayuda que percibe la madre de
Jessica, que asciende a 1.100 euros. Cantidad que, para Benestar y para
la ley, supera «os ingresos mínimos esixidos para percibir o Risga».
Pero hay un problema y es gordo. La madre de Jessica,
que fue operada recientemente de un cáncer, también recibió otra carta
en la que se le informó de que le retirarán la ayuda por tener a una
nieta en acogimiento. Percibía por ello 550 euros, por lo que a partir
del mes que viene sus ingresos se reducirán a 500 euros.
«De ahí tengo
que pagar dos créditos que suman 430 euros, por lo que solo me quedarán
libres 70», cuenta la mujer. Así las cosas, los 9 miembros de esta
familia solo dispondrán en agosto, y hasta que Dios quiera, de ese
dinero para vivir.
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Lo
que viene a continuación casi no hace falta escribirlo. Antonio está
desesperado. Desde hace unos años a esta parte, sobre el rostro de
Yessica -siempre dispuesto a la sonrisa- se ha instalado la mueca de la
depresión. Lo de esta familia es un drama con la salud y la infancia
como testigos.
Antonio, que sufre ataques epilépticos, dice estar
dispuesto a trabajar de lo que sea y que hasta ahora ha ido sacando algo
de chapuzas que le fueron saliendo. Cuenta malhumorado que bajo la mesa
les dieron una solución que pasaba porque se separaran. Si él se va de
casa, entonces Jessica podría seguir percibiendo la Risga de 520 euros.
Pero se niegan en rotundo." (a coruña / la voz, 30 de julio de 2015)

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