"El Cambio Climático va a afectar a toda la población mundial. (...)
Éste es y será especialmente severo en algunas regiones del planeta y
se fortalece a través de sinergias de origen más local o regional
relacionadas con el grado de talento y con la honestidad de la gestión
territorial.
La Cuenca Mediterránea es una de esas regiones.
El constante incremento en las temperaturas,
la dilatación del periodo estival y la reducción de las precipitaciones
en verano no son percibidos como un problema por la mayoría de los
turistas y nuevos habitantes de la costa española: pese a la
demostración científica de que algo está ocurriendo, ellos pueden
todavía continuar regando sus jardines y disfrutar de sus piscinas. (...)
Pero, aunque no se publicite, este panorama puede cambiar en poco tiempo
porque en España la funcionalidad del ciclo hidrológico, del que forma
parte la dinámica climática, está seriamente amenazada, especialmente en
el Sur y en el Mediterráneo. El sol inmutable y el calor apetecidos por
los visitantes y nuevos pobladores de las costas españolas es el mismo
que ha arrasado las montañas del norte de África y Oriente Medio en
épocas anteriores. (...)
El cambio climático pone en peligro en la actualidad la evolución de
los ecosistemas restaurados antaño, como Sierra Espuña, ejemplo de
coherencia en las béticas murcianas de principios del siglo XX; las
estadísticas meteorológicas demuestran que el cambio climático severo
comenzó en la porción del Sistema Ibérico más cercana al litoral
(Albarracín, Gúdar, Javalambre, Maestrazgo, Sierra de Espadán…), más al
norte que las béticas, hace solo unas décadas (años 80); existen
indicios preocupantes de alteración en las cordilleras prelitorales y
litorales catalanas, en los Pirineos y en el sur de Francia que es
preciso investigar e informaciones de procesos de degradación ya
consolidados en el sur de Italia (provincias de Basilicata, Calabria,
Cerdeña, Sicilia y otras islas mediterráneas).
En general, los
cambios más contundentes se producen en las latitudes meridionales de la
Cuenca Occidental y se extienden paulatinamente hacia el norte mediante
un proceso de retroalimentación sinérgico veloz y obstinado.
Los avisos no se circunscriben al oriente español: el OAPN (Organismo
Autónomo de Parques Nacionales) ha detectado pérdida de tormentas
estivales en el Sistema Central que ponen en peligro la regeneración
natural de los bosques de pino albar en Guadarrama y Somosierra, a las
puertas de Madrid, cuya degradación afectará al abastecimiento de agua
de la capital.
En gran parte de España son las montañas las que garantizan los servicios ecosistémicos de las concentraciones urbanas.
Es preciso planificar con inteligencia en ellas a gran escala. Al mismo
tiempo, es necesario optimizar el desarrollo urbano y frenar la
insensatez.
Las zonas rurales concentran tan solo el 20% de la población
española; las áreas montañosas suelen ostentar el record de baja
densidad de población, pero su salud ecológica es clave para la
funcionalidad del ciclo hidrológico que garantiza los bienes y servicios
del 80% urbano restante. Si no es así, los complejos urbanos y
turísticos se quedarán sin recursos. (...)
Ya en 1996, durante la Conferencia Internacional sobre Hidrología Mediterránea celebrada en Valencia, meteorólogos e hidrólogos coincidían en el descenso casi generalizado de los caudales de los ríos españoles.
Un 95% de este declive era atribuido a las detracciones de recursos
hídricos para usos agrícolas y consumo urbano; pero el otro 5%
encontraba su explicación en causas naturales derivadas del cambio
climático: llueve menos y la tipología de las precipitaciones ha variado (...)
Estudios recientes (Agua y Cambio Climático. Diagnosis de los impactos
previstos en Cataluña. 2009) indican que el Pirineo leridano es una de
las zonas con peor evolución temporal en precipitación, con una pérdida
de 150 mm anuales en algunos puntos. Este hecho influye en la dimámica
del río.
A nivel regional, en Cataluña no se registran series de
precipitación con una tendencia positiva significativa y en el 78% de
las estaciones la tendencia es negativa. Cataluña está muy al
norte y hay notificaciones de problemas similares en el sur de Francia.
La desintegración del clima en el Mediterráneo tiene responsabilidad en
las lluvias catastróficas estivales que se abaten sobre Centroeuropa
porque el clima forma parte de un sistema planetario interrelacionado. (...)
En el sur del Mediterráneo (incluido el sur de la Península Ibérica),
el descenso de la precipitación anual a partir de la media de 21
modelos climáticos analizados en el Proyecto PRUDENCE (Prediction of regional scenarios and uncertainties for defining European climate change risks and effect)
puede ser superior al 20%.
Este descenso sería más notable en verano y
alcanzaría pérdidas de entre el 30 y el 50%; en invierno, sin embargo,
la variación pronosticada sería tan solo del 5%. Son proyecciones
similares a los resultados empíricos obtenidos por el CEAM en las
cuencas altas de los ríos Mijares y Palancia, uno de los lugares de
Europa mejor conocidos a nivel micro/mesoclimático. Dichas
investigaciones son un ejemplo a seguir.
Han disminuido también los recursos nivales:
los glaciares de los Pirineos aceleran su desaparición; el número de
días que abren las estaciones de esquí por disponibilidad del recurso es
muy inferior al de otras décadas. Por ejemplo, en Navacerrada (Madrid)
se recoge un descenso en un 41% del numero anual de días con
precipitación de nieve en el periodo 1971-1999.
Hechos menos evidentes para el gran público como son la evolución del
grado de humedad de los suelos y la evapotranspiración del complejo
suelo/vegetación brindan también datos preocupantes. Sobre la costa
también se han detectado impactos: el incremento del nivel del mar,
nivel medio del mar local, extremos de nivel del mar, cambios en
oleajes, temperatura superficial del agua y acidificación de los
océanos.
La vegetación ya ha empezado a adaptarse y a desaparecer de
algunas zonas. En los bosques ya
hay movimientos altitudinales y desaparición de endemismos afectados
por la disponibilidad de agua y la evolución de las temperaturas. Los
incrementos de periodos sin precipitación y la sequedad del ambiente
también afectan y afectarán a la magnitud e intensidad de los incendios
forestales.
La biodiversidad está en peligro:
es posible observar en la actualidad cambios en la etología de las
aves, los mamíferos, los insectos y los peces. Un pajarillo nos da el
ejemplo: la vida se abre camino para bien o para mal y el “camachuelo
trompetero” (Bucanetes githagineus), especie emparentada con
los jilgueros y los canarios, instalado en Canarias desde hace miles de
años, ha dado el salto desde el Magreb hasta el sudeste español, animado
por el aumento de las temperaturas y el descenso de las
precipitaciones. Es el primer caso del que se tiene conocimiento
en la Península Ibérica sobre una colonización continua de un nuevo
territorio con migraciones constantes. (...)
Respecto a las temperaturas, el año 2014 acaba de confirmarse como el más cálido de la historia. (...)
Para regenerar en lo posible los ciclos naturales en el
Mediterráneo son necesarias soluciones de raíz natural que trabajen en
la gran escala territorial. En la UE se denomina
“infraestructuras verdes” a este tipo de actuaciones de gran
envergadura, decisivas para afrontar problemas de la dimensión del
Cambio Climático y la destrucción de la biodiversidad y de los servicios
ecosistémicos, que ponen en peligro la propia socioeconomía en el corto
plazo.
Han de ser soluciones sistémicas basadas en la comprensión y el respeto de los ciclos naturales.
Han de ser económicamente viables. Son el tipo de solución que
promueven las grandes iniciativas de financiación como LIFE y H2020.
Cada vez estamos más seguros de que los simuladores funcionan. Y ese
hecho nos tiene que permitir planificar mejor el futuro." (Carlos Alfonso. Geógrafo.Fernando Prieto. Ecólogo. Observatorio de Sostenibilidad (OS). Econonuestra, 24/08/2015)
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