28.9.15

La economía española de turismo y ladrillo, la única que va quedando, se caracterizará por un paro estructural de más del 15% de la población activa. No será un país del primer mundo

"(...) No hay que olvidar cuales son los verdaderos problemas del país. Por un lado, un grado de exceso de capacidad descomunal que justifica el enorme gap entre oferta y demanda de factores, especialmente en el campo laboral. 

Esta abundancia de mano de obra, en muchos casos sin cualificar, no encuentra acomodo salvo si volvemos a crear otra burbuja especulativa de bajo valor añadido que pueda absorber el exceso de mano de obra. La buena noticia para una de las partes, es que este ejército de reserva cada vez exige menores salarios y aguanta peores condiciones laborales, fruto de la progresiva pérdida de poder de negociación sindical, drama que se ha generalizado en la economía internacional.

 Esta conquista, fruto de la teología neoclásica tan extendida entre políticos y economistas que copan el poder actualmente, es irreversible por lo que los márgenes de beneficios, cuando comience un nuevo ciclo inversor –si es que comienza– serán muy elevados.

Para que ello ocurra, y ante la ausencia de expectativas de inversión productiva en los próximos años, España se aferra una vez más a lo único que sabe hacer: recibir turismo de bajo valor añadido y construir viviendas, la gran mayoría a engordar el excedente que ya tenemos y así volver a soñar con crear empleo barato y temporal que permita presumir a los Ministros del ramo.

Pero este episodio va a servir para cronificar un gravísimo problema y es la convivencia con un paro estructural de más del 15% de la población activa, lo cual será compatible con avances del PIB del 3%.

 La incapacidad de la economía española para reducir el paro de larga duración, y encima sin prestaciones por desempleo, hacen de España un país donde solo caben dos cosas para este colectivo: emigración o vivir de una renta mínima de pro vida para un colectivo cada vez más elevado. 

 La inexistencia de políticas activas de empleo y la escasa dimensión de la empresa, así como su vulnerabilidad, hacen de España una economía muy débil y con elevados riesgos a medio y largo plazo.

La conjunción de capital humano poco formado, ausencia de políticas activas y baja densidad empresarial configuran un cóctel explosivo para el conjunto de las generaciones futuras que tendrán que sostener, si es que pueden, un sistema de pensiones público que tendrá que ser financiado de una forma muy diferente a la actual, que ya no da más de sí.  (...)

Para poder seguir manteniendo la ficción, pública y privada, la propensión al crédito ha vuelto a aumentar y ya ha comenzado la orgía crediticia para poder soportar el consumo privado y la escasa obra pública que se va acometer en los próximos meses, cuando el Presidente corte algunas cintas para mayor gloria de la estupidez ciudadana, que llenará de banderitas, las plazas y las estaciones de AVE que luego no podrá utilizar en su gran mayoría. (...)

Las cifras de deuda externa son concluyentes. En el primer trimestre de 2015, se alcanzó una cifra escandalosa, 1,2 billones €, siendo el 45% pasivo de las Administraciones Públicas, y el resto de empresas no financieras y financieras, y en menor grado de las familias, que son las únicas que se están desapalancando.

 ¿Cuál es la implicación de este enorme montante de deuda externa? El primero, y del que poca gente habla, es el riesgo de un cambio de tendencia en los mercados financieros internacionales, es decir un incremento de la aversión al riesgo. Pues el primer impacto sería un fortísimo repunte del coste de financiación y refinanciación de esta deuda, con el consiguiente efecto sobre las cuentas públicas.

 No hay que olvidar que laposición de inversión neta de España responde a un flujo de fondos principalmente de inversión financiera, unos 190.000 mill€, y no de inversión directa, apenas unos 25.000 mill€ en el último año. Estos flujos han permitido financiar al Tesoro, cuya tenencia de activos por extranjeros ya alcanza el 55%, y la emisión de bonos corporativos, pero apenas se ha traducido en mejoras en el sistema productivo.

La deuda y el capital especulativo financian un país de saldo

En suma, España es un país que atrae capital especulativo, bajo el paraguas del BCE, pero que no mejora sus grandes retos: no hay ciclo inversor a la vista, no hay planes para recualificar a gran parte de los parados de larga duración, no hay incrementos de productividad de los factores, hay una profunda crisis demográfica, así como de gobernanza del país. Solo nos salva la deuda y el turismo y eso es un bagaje muy pobre para seguir viviendo en el primer mundo."                 (Alejandro Inurrieta, Vox Populi, 09/08/2015)

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