"(...) El Gobierno que salga de las urnas el próximo 20 de diciembre
gestionará un presupuesto ya aprobado por el actual Ejecutivo. Ahora
sabemos que tendrá que aplicar recortes de unos 10.000 millones de
euros. ¿Es posible recortar esa cantidad sin afectar a las políticas de
bienestar?
Claramente, no, si partimos del planteamiento del Gobierno
actual o de los probables gobiernos futuros en los que estén inmiscuidos
tanto PP, PSOE o Ciudadanos. Desde su punto de vista, los ajustes
presupuestarios solo se pueden hacer por el lado de los gastos y no de
los ingresos.
España recauda nueve puntos porcentuales del PIB menos que
la media europea, y eso quiere decir que hay un problema de
recaudación. Los técnicos del Ministerio de Hacienda señalan como
principal responsable a la evasión fiscal de las grandes empresas y
grandes fortunas y aquí parece que no hay ninguna voluntad de atajar ese
problema. (...)
En caso de que llegaran a gestionar la política
económica y se vieran en un escenario similar al griego, ¿cree que
España tendría más margen para actuar?
Muchísimo más, por dos factores.
El primero es que Grecia
no abarca ni el 2% de la eurozona, mientras que España está por encima
del 13%. No es lo mismo lo que diga un país pequeño que un país grande,
sobre todo por el efecto contagio, la influencia o el impacto económico
que pueda tener.
El segundo es que la deuda pública en España la tienen
fundamentalmente acreedores privados, a diferencia de lo que ocurre en
Grecia. Cuando llega Syriza, la deuda privada se la habían ventilado los
acreedores privados y la tenían acreedores públicos, los Estados de la
Unión Europea.
Puestos a negociar, no es lo mismo negociar frente a toda
Europa, que además estaba consolidada en torno al proyecto de Merkel y
Alemania, que, en el caso de España, negociar la deuda con acreedores
privados que están dispersos y que incluso compiten entre sí, y además
con cantidades de dinero muchísimo más elevadas respecto de lo cual, en
caso de un impago, el efecto dominó es muchísimo más grande que en
Grecia. Ahí hay un poder, la amenaza de un botón rojo que pone de los
nervios a los mercados financieros y también a las élites europeas.
¿Cree que si en España una auditoría definiera la
deuda como ilegítima u odiosa, y recomendara como en Grecia un impago en
parte, o al menos la negociación y reestructuración de la misma, el
Gobierno español podría llevar esas medidas a cabo?
Claro, pero esa es una condición sine qua non.
Tiene que estar ahí para un programa de una candidatura o una formación
de un gobierno que quiera cambiar las cosas. Porque mientras estemos
dedicando más de 33.000 millones a pagar a acreedores financieros en vez
de invertirlos en políticas de rescate ciudadano, del Estado del
bienestar, las cosas no van a funcionar bien para la mayoría social.
¿Se
puede hacer? Por supuesto. No solo se puede, sino que se debe hacer. El
problema es que habrá que ver luego en el ámbito de la correlación de
fuerzas si ese gobierno es respaldado por su ciudadanía como ocurrió y
ocurre todavía en Grecia. Y luego, si se hace una auditoría y se decreta
el impago, se haría una negociación.
En esa negociación el Gobierno
español tendría muchísimo más poder, influencia y margen de maniobra que
el Gobierno griego, que fue totalmente acorralado por la élite
económica y política europea.
Pero aun con toda esa mayor capacidad de maniobra,
España sigue dependiendo de las directrices de la Comisión Europea. Lo
último ha sido el recorte de 10.000 millones que tendrá que realizar el
futuro Gobierno. Si fuera un gobierno de izquierdas quien quisiera
revertir esa situación, la postura de Bruselas podría ser más hostil
incluso.
Pero, ¿por qué sería más hostil?
El caso de Grecia, por ejemplo. La reacción de
Europa fue endurecer aún más las condiciones. ¿Si un gobierno intentara
llevar a cabo una política más contraria a las directrices de la
Comisión, no se encontraría una respuesta más hostil?
Depende. Depende del poder y de la correlación de fuerzas
que esté en ese momento. Si el poder de ese gobierno es un 15% del PIB
de la eurozona, tiene un pueblo que lo respalda y que se está
movilizando para, por ejemplo, decretar ilegítima una deuda, que lo es
en muy buena parte, ahí las cosas empiezan a cambiar.
Dependería de cómo
se jugaran las cartas y también de las alianzas dentro de las
instituciones. Grecia ha recibido muy poco apoyo de sus aliados, pero
eso también puede cambiar. No a lo mejor a corto plazo, pero esa
correlación de fuerzas es dinámica. De todas formas, Tsipras también
tenía otra alternativa, seguramente dolorosa: no cumplir con las
directrices comunitarias.
Podría haberlo hecho. Habría cambiado el
panorama político. Las encuestas de hoy en España no serían como las que
están saliendo. Tiene que haber, necesariamente, rebeldía. En el caso
del Gobierno griego lo vimos.
Quizás no fue suficiente porque tampoco la
situación le beneficiaba, pero, ¿quiénes son los países que más
incumplen los objetivos de déficit? Francia los incumple
sistemáticamente y la Comisión Europea le deja un año más, porque tiene
un peso grande, es uno de los padres de la Unión y tiene muchísimo
poder. Ahí vemos la correlación de fuerzas.
Y antes de la crisis quien
más incumplía los objetivos era Alemania; incluso se cambiaron las leyes
de la eurozona. Aquí quien hace la ley hace la trampa y, obviamente, la
Unión Europea está establecida y se rige por los principios de Alemania
y por su látigo. Es una cuestión política. Hay que ganar en la
correlación de fuerzas un margen mayor para aplicar políticas que
beneficien a la mayoría social.
Habla de la rebeldía necesaria y la alternativa que tenía Tsipras para no firmar ese tercer memorándum. ¿Existe esa posibilidad sin una salida del euro?
La posibilidad existe. No tengo claro todavía que la Unión
Europea quisiera o estuviera dispuesta a echar a Grecia del euro. Porque
el impacto no solo se lo lleva Grecia. Se lo lleva también el proyecto
del euro.
Y los acreedores.
Exactamente. Si hubiera salido Grecia, esto habría
significado el fin del proyecto europeo. Creo que fue un farol de los
más grandes sabiendo que Tsipras había mostrado sus cartas de que quería
permanecer en el euro, que su gente quería permanecer en el euro y
acabó acatando esa decisión.
Sí pienso que había otra alternativa de
rebeldía dentro del euro. Pero incluso aunque nos expulsaran de él, el
coste sería inferior a lo que ya ha registrado la economía griega, que
es un impacto desolador en términos económicos y sociales. Y lo que
queda por venir.
Si van a aplicar un nuevo memorándum que supone vender a
precio de saldo las empresas públicas, los recursos naturales de Grecia
a una serie de empresas —que, por cierto, son danesas, neerlandesas,
alemanas, ¡qué casualidad!—, y encima aplicar todavía más recortes, creo
que la salida del euro, que es dolorosa, es inferior en términos de
coste a permanecer en el proyecto del euro y seguir realizando políticas
de austeridad que no llevan a ningún lado.
Estamos hablando de Grecia. Con España, aunque diga
que exista más margen en caso de formarse un gobierno que se pusiera a
negociar con firmeza, la Unión Europea también tiene mecanismos para
presionar. ¿No cree que esa presión que sufriría España sería
insostenible?
Insisto: no es lo mismo presionar y acorralar a una
economía periférica que hacerlo con una economía como la española. Es
impensable que la Unión Europea pudiera hacer lo mismo, siquiera
pensarlo, con España. No es lo mismo amputar un dedo que amputar un
brazo. El final no es el mismo.
No creo que Europa fuese tan tonta como
para encararse con una parte tan importante de su proyecto. No tendría
sentido. Habría mecanismos de presión para que se cumplieran los
objetivos de déficit, y dependiendo de la correlación de fuerzas, habría
un resultado u otro. En un caso extremo, si un hipotético gobierno
llega al poder con una serie de políticas económicas que el pueblo ha
votado y aceptado y la Unión dice no, entonces, la Unión es el problema.
Porque uno tiene un pacto con la ciudadanía y si no puede cumplirlo
porque no le dejan, el problema es del que no le deja. Si no nos
permitieran implementar esa serie de políticas económicas que la gente
ha refrendado habría que romper con la Unión Europea, con el euro y con
todo lo que supone. Porque nosotros nos debemos al pueblo y, si la gente
quiere eso, eso es lo que se llama democracia. En la Unión Europea
impera la tecnocracia. Con tal de respetar los objetivos del déficit
público, parece que todo vale.
Nadie lleva en el programa la salida del euro.
Y nosotros tampoco. Ni la llevaremos. Para nosotros el
problema no es el euro. El euro como moneda sería una herramienta muy
importante si se acometieran una serie de políticas económicas
coherentes con las necesidades de la mayoría social.
Lo que ocurre es
que el euro está imbricado en un proyecto neoliberal que se llama ahora
Unión Europea y que busca políticas de austeridad, reducción de salarios
para ser más competitivos a nivel exterior y una serie de medidas que
nos empobrecen a la mayoría.
Y habrá que decir que nosotros no queremos
realizar esas políticas, sino todo lo contrario, y que si no nos van a
dejar, entonces no nos dejan más remedio que salirnos del redil. Porque
dentro de este nos gustaría hacerlo de otra manera pero, si no nos
dejan, no queda más remedio.
¿Y el coste no sería excesivo?
El coste sería muy grande. Sobre todo en una situación como
la de España. Grecia ya se había acercado al suelo y había perdido casi
un 30% de su PIB. Allí, el impacto económico no iba a ser tan grande.
España no ha sufrido tanto: ni su economía, ni su población.
Pero, a
medio y largo plazo, si hay un gobierno que realizase políticas en
beneficio de la mayoría social, esto sería muchísimo mejor que estar
dentro del euro y seguir recortando. En el otro lado, si saliéramos del
euro y siguiera gobernando Rajoy, eso sería incluso peor que estar en el
euro y realizando políticas de austeridad. (...)" (Entrevista a Eduardo Garzón, CTXT, 22/10/2015)
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