"El fenómeno no es sólo portugués. Es
global, aunque en cada país asuma una manifestación específica.
Consiste en la agresividad inusitada con que la derecha enfrenta
cualquier desafío a su dominación, agresividad expresada en un lenguaje
abusivo y el recurso a tácticas que rozan los límites del juego
democrático: manipulación del miedo para eliminar la esperanza,
falsedades proclamadas como verdades sociológicas, destemplanza
emocional en la confrontación de ideas, etcétera.
Por derecha entiendo
el conjunto de las fuerzas sociales, económicas y políticas que se
identifican con los designios globales del capitalismo neoliberal y con
lo que esto implica en términos de políticas nacionales, de aumento de
las desigualdades sociales, de destrucción del Estado de bienestar, de
control de los medios de comunicación y de estrechamiento de la
pluralidad del espectro político.
¿De dónde viene este radicalismo
ejercido por los políticos y comentaristas que hasta hace poco parecían
moderados, pragmáticos, realistas con ideas o idealistas sin ilusiones?
En Portugal estamos entrando en la segunda fase de implementación
global del neoliberalismo. A escala mundial este modelo económico,
social y político presenta las siguientes características: prioridad de
la lógica del mercado en la regulación no sólo de la economía, sino de
la sociedad en su conjunto; privatización de la economía y
liberalización del comercio internacional; demonización del Estado como
regulador de la economía y promotor de políticas sociales; concentración de la regulación económica global en dos instituciones
multilaterales, ambas dominadas por el capitalismo euro-norteamericano
(el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional) en detrimento de
las agencias de la ONU que anteriormente supervisaban la situación
global; desregulación de los mercados financieros; sustitución de la
regulación económica estatal (hard law) por la autorregulación controlada por las empresas multinacionales (soft law). (...)
¿Y Portugal? La destemplada reacción del Presidente de la República a
la propuesta de un gobierno de izquierda hecha por el líder del Partido
Socialista, en coalición con el Bloco de Esquerda y el Partido
Comunista, parece indicar que el modelo neoliberal, que intensificó su
implantación en Portugal en los últimos cuatro años, ve en tal
alternativa política un peligro serio y por eso reacciona con violencia.
Es necesario tener en mente que sólo en apariencia estamos ante una
polarización ideológica. El Partido Socialista es uno de los más
moderados partidos socialdemócratas de Europa. De lo que se trata es de
una defensa por todos los medios de intereses instalados o en proceso de
instalación.
El modelo neoliberal sólo es antiestatal en cuanto captura
el Estado, pues requiere decisivamente de éste para garantizar la
concentración de la riqueza y para captar las oportunidades de negocios
altamente rentables que el Estado le proporciona. Debemos considerar que
en este modelo los políticos son agentes económicos y que su paso por
la política es decisivo para cuidar sus propios intereses económicos.
Pero el afán de capturar el Estado va mucho más allá del
sistema político. Tiene que abarcar al conjunto de las instituciones.
Por ejemplo, hay instituciones, como el Tribunal de Cuentas, que asumen
una importancia decisiva, porque tienen a su cargo la supervisión de
negocios multimillonarios.
Tal como es decisivo capturar el sistema de
justicia y hacer que actúe con dos pesos y doble medida: dureza en la
investigación y castigo de los crímenes supuestamente cometidos por
políticos de izquierda, y negligencia benévola respecto a los crímenes
cometidos por los políticos de derecha. (...)
Sucede que, en el contexto europeo, esta reacción violenta a un revés
puede enfrentar algunos reveses. La inestabilidad conscientemente
provocada en Portugal por el Presidente de la República (incitando a los
diputados socialistas a la desobediencia) se asienta en el presupuesto
de que la Unión Europea está preparada para una defenestración final de
toda su tradición socialdemócrata, teniendo en mente que lo que pasa hoy
en un país pequeño puede suceder mañana en España o en Italia.
Es una
suposición arriesgada, pues la Unión Europea puede estar cambiando en el
centro más de lo que la periferia imagina. Sobre todo porque se trata,
por ahora, de un cambio subterráneo que sólo se puede vislumbrar en los
informes cifrados de los consejeros de Angela Merkel.
La presión que la
crisis de los refugiados está teniendo sobre el tejido europeo y el
crecimiento de la extrema derecha, ¿no recomendarán alguna flexibilidad
que legitime el sistema europeo ante mayorías más amplias, como la que
en las últimas elecciones en Portugal votó por los partidos de
izquierda?
¿No será preferible viabilizar un gobierno dirigido por un
partido inequívocamente europeísta y moderado a correr riesgos de
ingobernabilidad que pueden extenderse a otros países? ¿No será de
darles
crédito a los portugueses por el hecho de estar buscando una solución
distante de la crispación y la evolución errática de la
solución griega? (...)" (Boaventura de Sousa Santos , La Jornada, en Rebelión, 16/11/15)
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