"(...) ¿Y los contenidos de las políticas? Aquí es donde el futuro depende
del pasado. PP y PSOE no son creíbles más que para sus fieles, por eso
han perdido casi la mitad de sus votos.
Podemos son los únicos que
plantean un cambio sustancial de políticas en términos sociales. Por eso
han sido los más atacados y por eso la creencia es que no pueden ganar
porque la gente tiene miedo al cambio.
Ciudadanos plantea un cambio de
formas democráticas, lo que es básico, pero no del Estado (en particular
con respecto de Catalunya) ni de política económica, alineada con la
ortodoxia económica liberal. Por eso se piensa en Albert Rivera como
fuerza de apoyo para que el Partido Popular siga gobernando dada su
coincidencia en política económica. Pero no está tan claro.
Porque el
juego político tiene autonomía con respecto a las lógicas sociales que
lo subyacen. Ciudadanos, apoyado por buena parte de la élite financiera
que parece haber amortizado a Rajoy, tiene interés en debilitar al PP y
proponerse como alternativa de derecha moderna.
Aunque en el corto plazo
el enemigo principal es el PSOE, porque es más vulnerable y su
derrota dejaría un amplio espacio de centro en el que Ciudadanos podría
ser ya alternativa de gobierno.
¿Y Podemos? Esperan. Esperan en
ser los únicos en recoger el descontento no sólo de formas sino de
fondo, evitando que los etiqueten de revolucionarios. Tienen poder
municipal y autonómico, van a ganar, en coalición, en Catalunya y
Valencia y son los únicos que saben de verdad manejar las redes.
No
harán coaliciones sin programa pero acumularán poder proyectando ser
agentes del cambio social como ya lo han sido del político.
¿Y la
elección en todo esto? En una situación tan volátil los debates
televisivos resultarán decisivos. En el debate a cuatro quedó gravemente
dañado Sánchez y resurgió Iglesias, permitiendo una remontada de
Podemos. El debate entre Rajoy y Sánchez, moderado como todos los
anteriores debates presidenciales por el periodista independiente Manuel
Campo Vidal, será definitorio.
Pero paradójicamente pueden perder los
dos. Si Sánchez pierde será el golpe de gracia. Y si pierde Rajoy, tras
un duelo dialéctico, los ausentes cobran ventaja porque ya estarían
fuera del alcance del fuego cruzado de los partidos de siempre.
Sería
simbólico el que los dos grandes partidos, castigándose duramente,
perdieran en beneficio de los pretendientes. A menos que se besen y se
descubra el tongo. En último término, usted decide. Lo demás es
ideología." (¿Qué cambio?, de Manuel Castells, La Vanguardia, en Caffe Reggio, 12/12/15)
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