"(...) El estallido de la actual burbuja supondrá básicamente finiquitar con
una forma de crecimiento perversa. Observaremos, atónitos, el estallido y
punto final del súper-ciclo deuda iniciado allá en los
años 80, y que ha estado sazonado con políticas profundamente
conservadoras, enormemente injustas, tremendamente ineficaces. (...)
Cuando en el período 2000-2002 estallan y caen todas las bolsas occidentales, ante los miedos renovados de entrar en un proceso deflacionista,
los Bancos Centrales aplicaron una política monetaria ultraexpansiva,
inundando de dinero al sistema, pensando que así se reactivaría el ciclo
económico.
Las consecuencias no se hicieron esperar. Por un lado, se
generó la mayor burbuja inmobiliaria de la historia, y,
por otro, los bancos apalancaron sus balances tomando excesivo riesgo
de mercado y de crédito, de manera que, aplicando el principio
“demasiado grande para quebrar”, se crearon auténticos monstruos que
acabarían devorándonos a todos.
A mediados del 2007, y a diferencia de la mayoría de los ciudadanos,
la élite bancaria y financiera tenía la mayor parte de su riqueza
financiera en activos de deuda y derivados de todo tipo, que se hubiese
evaporado si se hubiera dejado caer a los bancos. Si se hubiese
reestructurado el sistema bancario y reducido su tamaño acorde con la
economía real, hubiesen sido los más ricos y poderosos los grandes
perdedores.
Obviamente no lo toleraron. En su lugar, diseñaron una
estructura de ahorro para la economía en la que su riqueza se mantenía,
así como las instituciones que la controlaban, y lo hicieron a costa de
la ciudadanía.
Quedó meridianamente claro que las rebajas salariales,
aumentos impositivos al factor trabajo, incrementos del IVA, recortes en
la asistencia social, la salud, la educación, todo ello se hacía para mantener los privilegios de las élites extractivas.
Así que aquí estamos de nuevo, en lo que, en retrospectiva, probablemente, denominaremos la burbuja de las expansiones de los balances de los Bancos Centrales (QE),
un momento en la historia en que el estímulo más imprudente e
intencionadamente especulativo por parte de las autoridades monetarias
en realidad llegó a ser visto no sólo como aceptable, sino como algo
bienvenido.
Evidentemente, no hemos aprendido absolutamente nada. Los
objetos preferidos de la especulación durante la actual burbuja QE han
sido la deuda de baja calidad crediticia y, de manera indiscriminada,
todo tipo de mercado bursátil sin distinguir por tipo de industria,
sector productivo, calidad crediticia o capitalización bursátil.
Ahora estamos empezando a observar las divergencias internas que
señalan el aumento de la aversión al riesgo entre los inversores. La
mayor víctima de la burbuja QE será probablemente la
deuda de peor calidad crediticia e, indiscriminadamente, la totalidad de
los mercados bursátiles.
A los inversores no les gusta reconocer la
existencia de burbujas. Pero de alguna manera no les quepa ninguna duda
de que en un par de años a partir de ahora, esos mismos inversores
mirarán hacia atrás al momento presente y se harán una pregunta
trágicamente perenne: ¿en qué narices estábamos pensando?
Mientras tanto muchos de esos inversores, sus brazos políticos y sus
acólitos intelectuales siguen ladrando a fecha de hoy contra la
existencia de la Seguridad Social, que transforma la vida de las personas mayores de este país. Continúan voceando contra el salario mínimo,
aduciendo que la existencia de un salario digno es una intromisión
radical en el libre mercado.
Continúan bramando contra el seguro de
desempleo, la negociación colectiva, la regulación del sistema bancario,
contra todo aquello que constituyó el tejido del Estado de bienestar y, de hecho, la base de la otrora clase media. Pero da igual, por mucho que bramen se acerca inexorablemente el final de un ciclo, el de la deuda." (Juan Laborda, Vox Populi, 21/11/15)
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