"(...) Hablando claro y simplificando las cosas. Un pacto
entre Soraya Sáenz de Santamaría, ay Sorayita la malvada, y Susana Díaz,
“la reina mora”, podría consumarse en un tiempo récord: El
inconveniente es que Rajoy no lo admitiría jamás –lo que en política
significa mientras sea posible– porque está convencido que después de
haber perdido millones de votantes y decenas de diputados ¡ha ganado las
elecciones!
Y por su parte, el soldado Sánchez no tiene otra
oportunidad para superar su absoluta inanidad que jugar sucio, marranear
en el PSOE. Fíjense si será zafio este zangolotino que lo primero que
se le ocurrió tras su desastre electoral fue pronunciar una frase para
el bronce: “Hemos hecho historia”.
Me temo que no coincidamos en la
apreciación sobre el hecho histórico del PSOE; yo creo que a tamaño
trepa indecente, digo bien, indecente, es un hecho histórico haber
sobrevivido a unas elecciones tras dejar un partido que difícilmente
aguantará un segundo round. (Poner a su principal competidor, Eduardo
Madina, en el puesto número siete, y a la garbosa arribista Irene Lozano
en el cuatro ha significado que Madina deje de ser diputado.)
Eso es lo que tenemos. (...)
A riesgo de ser mal interpretado, lo que a estas alturas no me produce
angustia alguna, no hay aún condiciones en España para un cambio. Se
podrán producir novedades que abonan el optimismo, tan ausente en los
años pasados y tan desbordante en los últimos. Podemos es un proyecto
cargado de presente y con difícil futuro.
Pero digo más, una aventura
como la de Ciudadanos es también abrir un frente nuevo que facilite la
caída de esas murallas que acogotaron la vida política española desde
1977. De aquí no se salva nadie, pero esta gente nueva sí. Ya les tocará
expresarse. (...)
Si tuviera que reseñar dos rasgos sarcásticos y significativos de
estas elecciones que han radiografiado, con blancos y sombras, esta
España que lucha por entrar en el XXI tras haberse saltado, o creído
saltar, dos siglos, uno es la quiebra de Bildu por varias cosas, pero
sobre todo por la cabezonería de decirles a los ciudadanos hasta cómo
tenían que depositar sus bolsas de basuras.
Y la otra, espléndida, es la
inconmensurable aventura del diputado recién electo por el Partido
Popular –segundo por Segovia–, don Pedro Gómez de la Serna,
comisionista, cazuelas, desvergonzado, corrupto por acción y soberbia.
Por sus cojones que no dimitía. Menudo negocio ser diputado y
comisionista.
¿Pero saben lo que más me conmocionó de este caso? No sólo que ni el
Partido Popular consiguiera hacerle dimitir, sino que más de 30.000
dóciles segovianos, cómplices de la bellaquería, le votaron." (Gregorio Morán, La vanguardia, 24/12/15)
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