11.3.16

¿Quiere la izquierda realmente la democracia? Entonces no puede querer quedarse en el euro

"(...) Tenemos en Europa el problema general del neoliberalismo, pero ese problema general conoce una complicación particular, que es la complicación ordoliberal alemana.
¿Por qué doy tanta importancia a la idiosincrasia monetaria alemana?

 Porque es el grillete del grillete, y porque para mí es el núcleo de una anticipación razonada que podría hacernos ganar tiempo haciéndonos recorrer, mediante el pensamiento, el proceso del plan A para llegar inmediatamente a su término.

Y al final del trayecto, e incluso habiendo superado todas las demás dificultades, la complicación alemana será, me temo, el último obstáculo con el que toparían las tentativas de reconstrucción de un euro democrático.

Pues si por algún motivo extraordinario dicho proyecto llegase a tomar consistencia, sería Alemania –podemos estar convencidos de ello– la que tomaría el portante, ¡posiblemente acompañada, por lo demás! ¡Y he ahí la hipótesis sistemáticamente olvidada, la tarea ciega por excelencia, el Grexit!  (...)

Si no tuviese miedo de su sombra, sería la izquierda la que podría introducir una diferencia políticamente digna: la diferencia de la salida del euro, la diferencia de la soberanía democrática restaurada, la diferencia del bloqueo a toda política progresista finalmente levantado, la diferencia del internacionalismo real.

Si consigue liberarse de todas las prohibiciones imaginarias y de todas las inconsecuencias que hasta ahora han pesado terriblemente sobre la cuestión del euro, el plan B no tiene otro sentido que ser el portador histórico de esta diferencia.

Y en el punto en que nos encontramos, digámoslo con énfasis: es el único restaurador posible de la democracia.

Pero todavía es necesario que tenga las ideas un poco más claras, y un poco menos de esa pusilanimidad que ha condenado a Tsipras a tantas renuncias, a tantas derrotas y, desgraciadamente, a fin de cuentas, a tantas humillaciones.

Tener las ideas claras es saber por qué se pone uno en movimiento y por qué se lucha. Si no quiere ser la B de Baratija o de Bagatela, el plan B tendrá que apuntar como mínimo al objetivo máximo, que es de hecho el mínimo admisible: el objetivo de la plena democracia.  (...)

La experiencia decisiva para convencerse de ello consistiría en preguntar simplemente a los electores alemanes si aceptarían que el estatus del Banco central, la naturaleza de sus cometidos, la posibilidad de la financiación monetaria de los déficits, el nivel de las deudas, la posibilidad de anularlas, en fin, si aceptaría que todas estas cosas se sometiesen a la deliberación ordinaria de un Parlamento europeo.

 Y, por supuesto, también cuando las posiciones alemanas en estos asuntos quedasen en minoría. Pues, en una primera aproximación ¡la democracia es eso!  (...)

El plan B como bagatela, como fruslería, sería flaquear ante el único compromiso importante –la democracia total–, y montar una máquina de guerra de cartón-piedra para recuperar algunas anulaciones de deudas, o la autorización de un punto suplementario de déficit presupuestario, dejando por supuesto intacto el resto de la estructura antidemocrática.  (...)

 ¿Quiere realmente la democracia? Entonces no puede querer quedarse en el euro.  (...)"                (Frédéric Lordón , Rebelión, 27/02/16)

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