1.3.16

Rita Barberá... su miedo... su corrupción... su ciudad... su crepúsculo cuando la ciudadanía recupera su sentido común

"(...) La administración de Rita

Si uno se acerca a hablar con los funcionarios del Ayuntamiento sobre la gestión de Rita Barberá, siempre recibe parecidas respuestas –“era una alcaldía hermética. Un fortín”–.(...)

 Rita Barberá disponía de un ascensor privado para acceder a su despacho, “para no cruzarse con nadie”, comenta con enfado una de las funcionarias. Por este mismo motivo parece ser que dio orden de que el personal de limpieza no trabajara en su presencia, y por desconfianza hizo que un agente de policía la siguiese durante la realización de sus tareas. ¿De qué tenía miedo Barberá? (...)

 Esta relación distante y jerárquica ha dado como resultado una administración zombi, en la que los funcionarios se sentían apartados, abatidos y desilusionados. “En 25 años jamás me he sentido tratado como una persona”, comentaba uno de los entrevistados. Todo esto es el resultado de una gestión centrada en los intereses personales de los gestores más que en el trabajo por el bien común, todo un clásico del modelo de gestión neoliberal.  (...)

Más allá de la caída de Barberá como figura política que aglutinaba en su liderazgo los principales parámetros políticos que han vertebrado la hegemonía política valenciana en los últimas décadas –un populismo regionalista que alentaba el enemigo catalán, una proyección internacional de Valencia a través de una “espectacularización de la ciudad”– y un engrasamiento de las redes clientelares fundamentalmente a través de la liberalización del suelo y la especulación urbanística, lo más importante es la progresiva instalación en el sentido común de la sociedad valenciana, y también del conjunto del Estado, del fenómeno de la corrupción como un hecho estructural directamente vinculado al modelo de desarrollo económico impuesto en las últimas décadas.

Corrupción por sistema

La implementación del “modelo de ciudad neoliberal” en las agendas municipales conservadoras no ha sido, desde luego, la condición única para la emergencia de estas extensas tramas mafiosas que funcionan en una suerte de paraestado al servicio de las élites económicas y políticas. Pero sí ha sido su condición necesaria.

Para la escuela del “pragmatismo liberal” de los 60 y los 70, la corrupción era, en el peor de los escenarios, un “mal necesario”, mientras en otros contextos las prácticas corruptas podían suponer un estímulo al crecimiento económico y el dinamismo empresarial.

De esta forma, la corrupción era concebida como una práctica relacional institución-iniciativa privada con dos posibles aspectos funcionales para el sistema: 

1) en el ámbito de la economía, la corrupción podía favorecer la generación de espacios de dinamismo empresarial que contribuyese al crecimiento económico frente a una institucionalidad altamente burocratizada; 

2) en el campo político, la corrupción podía contribuir a disminuir escenarios revolucionarios o violentos, ayudando a superar divisiones dentro de las élites gobernantes y engrasando la conformación de una clase política dominante que otorgara estabilidad al sistema.

Rita Barberá parece situarse en la primera de las definiciones, la corrupción como incentivo para el desarrollo. “Lo que no quiero son las cutrerías que pretenden otros”, espetaba de forma chulesca a los periodistas en la rueda de prensa tras la filtración de las facturas del caso Ritaleaks.  (Leer más: Ritaleaks, rompiendo la opacidad)

En ellas se mostraba a la Rita amante de los hoteles de lujo, las copiosas comidas o los coches con chófer incluido. En declaraciones del propio Joan Ribó, actual alcalde, “la anterior alcaldesa lo tuvo clarísimo, viviendo a todo trapo a costa del erario público, sin ninguna duda, observando los métodos de su propio partido para financiarse”.  (...)

Lo cierto es que, a día de hoy, las ciudades de Madrid y Valencia se han erigido como epicentros de la corrupción en el Estado español, al mismo tiempo que han sido los modelos más acabados en cuanto a la aplicación del modelo de ciudad neoliberal.  (...)

Hoy, aquellos que hablaban con orgullo de haber situado a Valencia en el mapa internacional, remiten inmediatamente a un imaginario de despilfarro y corrupción, y Rajoy ya no podrá llenar más la plaza de toros de Valencia con esa mítica frase “Valencia siempre fue Valencia, pero desde que Rita fue alcaldesa dio un salto adelante que ninguna ciudad europea dio, como ninguna creció Valencia y a ver quién me dice lo contrario...”.

Lo contrario ya se ha instalado en el sentido común de la sociedad valenciana y ahora toca priorizar el derecho a la ciudad frente a las lógicas mercantilizadoras como principal garantía, por encima de análisis jurídicos o economicistas, para transitar hacia otro modelo de ciudad."                (Edgar Bellver Blanco, Pedro Lloret Sáez  , Diagonal, 16/02/16)

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