"El 11-S se comprobó en Estados Unidos que los terroristas no podían
acabar con las libertades de los ciudadanos. Eso solo lo podía conseguir
el fiscal General, John Ashcroft (que creó Guantánamo y las leyes
patrióticas). (...)
Nadie acaba mejor con las libertades y los derechos de los europeos
que los propios dirigentes europeos. No son los inmigrantes ni los
refugiados los que van a hundir la idea de Europa, sino la innoble
utilización del indudable problema que plantean.
La obtusa posición de
Francia, sometida ¡durante seis meses! al Estado de Emergencia y cuyo
gobierno, presidido por un socialista, se niega a apoyar la respetuosa
política de asilo de Alemania, hará mucho más por destruir nuestras
libertades que las amenazas de Le Pen.
Alguien dijo que lo único que podía salvar a la democracia liberal
sería una izquierda inteligente, y que si esa opción fallaba, el peligro
de un nuevo autoritarismo entraría a galope por nuestras puertas. (...)
En la UE se discute hasta la saciedad lo que no debería tener discusión.
Austria simplemente no tiene derecho a decir que solo aceptará 80
demandas diarias de asilo. Los cuatro de Visegrado (Polonia, Hungría,
Eslovaquia y República Checa) no tienen derecho a perseguir a su minoría
gitana, ni a expulsar a los musulmanes solicitantes de asilo. (...)
Los refugiados tienen derechos. Los estados democráticos están
obligados a acogerlos de manera humanitaria: no es una opción ni un tema
a debate, pero en la cumbre europea que se acaba de celebrar, los jefes
de gobierno pasaron seis horas discutiéndolo, horas que, para colmo, no
sirvieron de nada.
Los datos son evidentes: si Austria cierra su
frontera o la permeabiliza a gotas, si la ruta terrestre de los Balcanes
se cierra con vallas y muros, millones de seres humanos quedaran
atrapados en Grecia y Turquía. Y finalmente atravesarán el Mediterráneo
por rutas cada vez más peligrosas, ahogándose a centenares o miles por
el camino.
Todo el mundo sabe lo que va a suceder. Todo el mundo conoce la
solución, los mecanismos que pueden impedir la catástrofe: establecer
acuerdos con Turquía y Jordania que permitan trasladar a Europa a esos
centenares de miles de personas de manera ordenada y segura,
distribuyéndoles por cuotas en la mayoría de los 28 países que integran
la UE.
Todo ello mientras se intenta acabar con la guerra en Siria e
instalar un gobierno que expulse al dictador y reconozca un papel a la
oposición democrática.
Todo el mundo sabe que tantas crisis simultáneas como se están
concentrando en Europa (incluida Turquía, socio de la OTAN) suponen un
auténtico peligro. (...)" (Soledad Gallego-Díaz, El País, 21 FEB 2016)
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