"La tasa Tobin europea está en la UVI, amenazada de muerte. Y
con ello languidece la esperanza de contrarrestar la especulación
financiera superveloz a la que debería gravar. Y de paso recaudar algún
dinero que compense el excesivo peso de la fiscalidad sobre la economía
real, vía IRPF, IVA, Sociedades...
Quedan tres meses para salvarla y ponerla en marcha. Así lo
decidieron oficialmente los 10 ministros de Finanzas comprometidos a
aplicarla, entre ellos el de España, en los márgenes del Eurogrupo del
día 7.
En realidad, lo que decidieron fue arrastrar penosamente los pies
otro trimestre, cuando en diciembre ya habían optado por darle un fuerte
tijeretazo. Entonces excluyeron su aplicación —a instancias entre
otros, de España— a las compraventas de deuda soberana. (...)
La historia de la tasa Tobin en la UE es la del salchichón.
Hace un lustro, en 2011, la Comisión confeccionó el primer proyecto: con
tipos del 0,01% al 0,1%, según el activo, debía recaudar 57.000
millones. Londres la boicoteó aduciendo que perjudicaría a la City. Once
socios sustituyeron en 2013 a los 27, en formato “cooperación
reforzada” (primer corte de rodaja).
Londres la retrasó recurriendo al
Tribunal (segundo), que le quitó la razón.
Entre medio, se redujeron las operaciones sujetas, de todos los
activos financieros se pasó a la compraventa de acciones y derivados
(tercera loncha). Se cayó Estonia (cuarta). Y en vez de destinar el
dinero al presupuesto común, iría a cada participante (quinta rodaja).
La sexta eximió en diciembre a los bonos públicos.
Mientras, China se propone instaurarla para acabar con la
especulación del yuan y moderar las fugas de capital (EL PAÍS, 15 de
marzo).
Y los candidatos demócratas de EE UU siguen sus pasos. Hillary
Clinton, en más suave; Bernie Sanders, en más duro. Y la academia
calcula y discute allí con pasión. Una tasa Tobin moderada recaudaría
cerca del equivalente al 0,4% del PIB (Financial Transaction taxes, an overview,
del Tax Policy Center).
El 75% recaería en el 20% de los más ricos; el
40%, en el 1% de los superriquísimos. Arma redistributiva, amén de
antiespeculativa." (Xavier Vidal-Folch, El Pais, 24/03/16)
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