"(...) En el café informal que precede a los Consejos de los viernes, algunos ministros suelen comentar las tertulias nocturnas y el nombre de Conde muchas veces ha concitado las descalificaciones más aceradas, especialmente las procedentes de Jorge Fernández Díaz, titular de Interior, y de José Manuel García Margallo,
responsable de Exteriores.
El primero presume de ser uno de los
miembros del Gobierno que más acendrada tiene la marca PP y que mejor
conocen la experiencia de la ‘quinta de los 50’, a la misma que pertenecen su admirado Mariano Rajoy y también José María Aznar.
Fue la generación que más de cerca vivió los embates de Conde contra la ‘casta’ política de la época, con Felipe González y algunos de sus ministros como principales protagonistas, y la que más ganas también le tenía al exbanquero.
“Quien piense que la detención de Conde ha sido una casualidad, se
equivoca de plano. Desde poco después de llegar al Gobierno supimos que
la Guardia Civil había comenzado a acumular información que podía probar el trasiego del dinero robado en Banesto
y era cuestión de tiempo encontrar la oportunidad para pasarle factura
al personaje, algo que por ciento renunció a hacer, seguramente por
motivos inconfesables, el Gobierno de Zapatero”, afirman fuentes gubernamentales.
Uno de los aspectos que más sorprenden a algunos ministros de Rajoy
es que con tantos trapos sucios que esconder y con alertas tan certeras
como la que Hacienda le lanzó las pasadas Navidades colocándole en el podio de la lista de morosos,
Conde no se diera por aludido y mantuviera sus ataques al Gobierno.
“Me
apasionan los retos”, solía decir cual Cid Campeador, entonando el
mismo alegato sobre la corrupción que anida en el sistema con el que
quiso rearmarse en 2008 después de permanecer 11 años en prisión.
“Era una especie de mosca cojonera y se movía con la inocencia de un
idiota que piensa que puede desafiar al Estado”, resume una fuente del
PP recordando su fallida carrera política con el CDS de Adolfo Suárez y la afrenta que protagonizó en las últimas elecciones gallegas cuando quiso condicionar, ni más ni menos, que el poderío de Alberto Núñez Feijóo, que es tanto como decir el de Mariano Rajoy, en el feudo regional más querido y mimado por el presidente del Gobierno. (...)
Por si fuera poco, los populares detectaron que el exbanquero llegó a hacer buenas migas con la familia Baltar,
principal bestia negra en Orense del poder establecido en el resto de
Galicia, movimiento que le granjeó nuevos enemigos y le convirtió de
nuevo en un muñeco de feria para los visitantes de La Moncloa que
suelen mantener a Rajoy al tanto de lo que acontece en su tierra.
“Al
presidente le sentó como una patada en los testículos que alguien como
Conde intentara removerle el gallinero”, describe un alto cargo del PP gallego que intercambió opiniones con él a finales de 2012.
Los avisos no tardaron en llegarle al exbanquero. Algunos medios
regionales denunciaron la utilización presuntamente fraudulenta que hizo
del pazo orensano de Chaguazoso,
rehabilitado con fondos públicos cuando era propiedad de uno de los
hijos de Baltar.
Coincidiendo también con las autonómicas gallegas, la Audiencia Nacional ordenaba el decomiso y embargo de cinco fincas de Conde,
tres en Baleares y dos en Sevilla, en ejecución de una sentencia
dictada 12 años antes que le condenó a pagar 43 millones de euros por los delitos de apropiación indebida y estafa en Banesto.
En el PP gallego se asegura que la alineación del exbanquero con los
Baltar quedó anotada en el disco duro de Rajoy, con fama entre los que
le conocen de verdad de “no perdonar una, siempre a la chita callando”.
“Si está aquí la Guardia Civil, es que viene con los deberes hechos”,
dijo Conde el lunes en su casa madrileña de Chamartín
al ver entrar por la puerta a una de las unidades de élite del
Benemérito Instituto, como a veces en privado sigue llamando a los
picoletos el ministro del Interior.
“Se ha ganado a pulso volver a la cárcel, nadie va a llorar sus penas”,
comenta un alto cargo del Gobierno, en donde Conde pasaba por ser “un
soberbio y un torpe”, alguien pasado de rosca al que todos, vieja guardia del PSOE incluida, volvían a tenerle ganas.
Es natural que nadie haya salido en su defensa, “es lo que tiene ir de gallito cuando acumulas tanta ropa sucia en el armario,
una temeridad en toda regla”, resume alguien que en los últimos meses
ha sido testigo discreto de sus devaneos y le define como “un hombre
peleado con la vida”. (Federico Castaño, Vox Populi, 17/04/16)
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