"(...) El voto al Brexit ha servido a muchos para expresar un hartazgo y una indignación y al hacerlo se ha sentido una satisfacción. (...)
La xenofobia: este es el elefante en la habitación de la sociedad
británica. El Reino Unido es un país con una importante tradición
racista. Las encuestas ya en los años 60 y 70
mostraban que un 80% de la población estaba de acuerdo con la
afirmación “Hay demasiados extranjeros”. La proporción en estos
momentos, con muchos más inmigrantes en el país que entonces, ronda el
60%.
Aunque parezca que los incidentes racistas se han multiplicado, la
realidad es que siempre han ocurrido, por lo general dirigidos contra
pakistaníes y personas de color. La diferencia es que ahora también
suceden contra polacos, rumanos, españoles, griegos… es decir, contra
blancos.
La xenofobia está ahí, pero estaba ahí también ayer. Y hay que combatirla. Pero aunque todos los racistas son partidarios del Brexit, no todos los partidarios del Brexit son racistas. El racismo es otra explicación esencialista que no nos debe satisfacer por completo.(...)
La gente: años de monetarismo y desindustrialización devastaron
las áreas del Reino Unido donde ahora se celebra el Brexit. Miles de
personas perdieron el trabajo, la capacidad de mantenerse, de ser
autónomos, y por tanto el respeto de sí mismos y la sociedad.
Muchos
respondieron recurriendo al chivo expiatorio más al alcance: los
extranjeros. Otros muchos abandonaron cualquier esperanza en el futuro, y
como dejaron de creer en él se hicieron impermeables a cualquier
argumento sobre las consecuencias negativas del Brexit. La respuesta de
los sucesivos gobiernos británicos fue una ampliación del gasto público
mediante nuevos empleos y subvenciones.
Se quiso solucionar el problema
con lluvias de dinero mientras se condenaba culturalmente a sus
perceptores. Pero como decía Oscar Wilde, “la caridad degrada y
desmoraliza.” La caridad que proviene de las élites no genera gratitud,
sino resentimiento. Por eso los granjeros de Gales, dependientes de las
ayudas de la UE han votado en su contra.
Por eso el eslogan de la
campaña, “take back control”, funcionó tan bien, porque apelaba a
personas que se sienten marginadas y estigmatizadas culturalmente, que
se sienten objeto de burla y escarnio por los urbanitas, los
universitarios, los cosmopolitas... Votar Brexit ha sido su forma de pedir respeto." (Santiago Sánchez Pagés, CTXT, 29/06/16)
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