"Una de las lecturas generalizadas de la estructura social del
capitalismo avanzado es que el 1% de la población que tiene mayor
propiedad de capital y tiene mayores rentas, es la nueva clase
dominante, tanto a nivel mundial como dentro de cada país.
Tal 1% se le
considera constituido por los propietarios y gestores de las compañías
transnacionales pertenecientes a la economía productiva (donde se
realiza la producción y distribución de bienes y servicios) y/o a la
economía financiera (como las grandes entidades bancarias y las
compañías de seguros), que a través de su enorme influencia en las
instituciones políticas de carácter representativo y en los grandes
medios de información, ejercen un poder supuestamente omnipotente sobre
el resto de la población, es decir, sobre el 99% restante.
Aparecen así
eslóganes, dentro de los movimientos sociales de sensibilidad
progresista, sobre la necesidad de movilizar el 99% de la población
frente al 1%. (...)
Pero tal mayoría no es, ni mucho menos,
el 99%, pues hay al menos un 20% de la población que está sirviendo al
1% en su función controladora y reproductora de las relaciones de poder,
y cuyos intereses están íntimamente ligados al famoso 1%. Este 20%
juega un papel clave en la pervivencia del sistema de poder, donde el 1%
superior controla los ejes del poder económico y financiero, y desde
ahí los ejes del poder político y mediático.
La imagen del 99% frente al 1% no
refleja esta realidad y erróneamente asume la posible alianza de las
clases populares (que constituyen casi el 80% de la población) con este
20% que tiene intereses opuestos a los de las clases populares.
De ahí
la necesidad de recuperar categorías científicas de la estructura social
-como clases sociales- que han sido abandonadas por “anticuadas”, y
cuyo abandono ha sido resultado del gran domino del 1% (es decir, de la
clase capitalista) sobre la sociedad, de manera que a mayor poder tiene
tal clase, menor es la aparición de tales términos en la narrativa del
discurso hegemónico de la sabiduría convencional. (...)
La clase profesional (The professional class)
Un componente clave de este 20% de la
población es la clase compuesta por profesionales, la mayoría con
educación superior, que configura la sabiduría convencional del país y
que beneficia al 1%, puesto que, como he dicho en la sección anterior,
está a su servicio.
Thomas Frank ha escrito un libro, Listen, Liberal
(Escucha, liberal), que define muy bien la naturaleza de esta clase
profesional, la cual ha configurado la cultura política y mediática del
país, definiendo lo que se considera “aceptable” y “respetable” y lo que
no lo es, confirmando la situación que habían ya adelantado, hace ya
años, con gran certeza Noam Chomsky y Edward S. Herman en su excelente
libro Manufacturing Consent (“Fabricando el consentimiento”).
Los componentes de esta clase proceden
en su gran mayoría de las clases medias de renta alta que han ido a los
colegios privados en España (con subsidios públicos) y a las
universidades de élite, tanto en España como en EEUU, y que trabajan
intelectualmente para hacer aceptable la distribución de poder en la
sociedad actual, basada en la supuesta meritocracia.
Y, en su mayoría,
los miembros de esta clase comparten toda una serie de valores que
pueden definirse como liberales (en el sentido europeo de la palabra,
pues, en EEUU, la expresión liberal sirve para definir las
sensibilidades socialdemócratas, como la del actual candidato a la
presidencia, el senador Bernie Sanders. La falta de aclaración de esta
distinción por parte de los corresponsales de los medios de información
españoles crea unas enormes confusiones).
Estos valores liberales aparecen en las
diferentes dimensiones del quehacer público. En educación consideran la
educación privada mejor que la pública, pues permite la mejor expresión
de un elemento muy valorado por tal clase, que es la reproducción de una
distinción jerárquica y social. (...)
Los dogmas de tal clase
En economía, tal clase social suele ser
la defensora del famoso “hombre económico” que, a través de su mano
invisible, permite la expresión de la libertad. Desfavorece políticas
públicas que tengan como objetivo la redistribución de los recursos por
considerarla irrelevante.
Atribuye su posición en la jerarquía de poder
social al mérito de sus propias cualificaciones, y tiene un enorme
respeto y docilidad hacia el 1%, compitiendo por sus favores. El
componente gestor dentro del 1% procede en su mayor parte de esta clase.
Los directivos y gestores de las grandes empresas del país pertenecen a
esta clase.
En sanidad, favorece, de nuevo, como en
la educación, el sistema privado, por considerarlo más eficiente (en
contra, por cierto, de toda la evidencia existente, como muestro en mi
artículo “Las enormes limitaciones del modelo neoliberal: el caso de la
sanidad estadounidense”, Público, 22.03.16), y, aunque no se opone a la
responsabilidad pública de garantizar el acceso a la sanidad pública, ve
esta responsabilidad como asistencial y/o residual, favoreciendo el
aseguramiento sanitario privado (aunque con subsidios públicos),
enfatizando la responsabilidad individual en el mantenimiento de la
salud, y exigiendo una contribución en forma de pago por la utilización
de servicios, sobre todo para evitar el supuesto “abuso” en la
utilización del sistema sanitario público por parte de las “masas
populares”.
Gran parte de los aparatos de los
partidos conservadores (PP) y liberales (Ciudadanos y Convergència),
incluyendo socioliberales (sectores del aparato del PSOE), son un
ejemplo de este pensamiento. (...)
El obstáculo mayor para el cambio es mucho más grande que el 1%
Este 20% significa uno de los mayores
obstáculos para que se realice un cambio sustancial progresista en este
país. Y ello se debe a que sus intereses, como he indicado
anteriormente, están claramente relacionados con los intereses del 1%.
Uno de los mejores ejemplos de ello es la polarización del Estado del
Bienestar por clase social en España.
El sistema educativo, polarizado
por clase social, que ocurre en España (y muy acentuado en Catalunya),
con el 30% de la población infantil (perteneciente a esta clase
profesional en su mayoría) educándose en las escuelas privadas
(subvencionadas con fondos públicos), y el 70% educándose en las
escuelas públicas (con un coste por alumno más bajo que en la privada),
no puede, desde una visión progresista, defenderse y/o mantenerse, a lo
cual se opondrán, no solo el 1%, sino el 30% (que tiene un enorme
poder), grupo que apoyará al 1% con toda intensidad, pues sus beneficios
dependen de la reproducción del sistema en el que el 1% establece las
normas que hacen permisible esta polarización por clase social. (...) "
(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 26 de mayo de 2016, en www.vnavarro.org, 26/05/16)
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