"Las élites económicas y políticas, otrora hegemónicas y ahora en franca
decadencia, o no quieren entender, o no comprenden absolutamente nada de
lo que está pasando. La economía, aún en plena crisis sistémica, lleva
estancada demasiado tiempo.
Pero lo peor es el aumento de la desigualdad y el incremento de la pobreza que han generado con sus políticas económicas. Y ahí sí, esas élites son las únicas responsables, así como toda esa retahíla de economistas que de manera cansina nos hablan de reformas estructurales. ¡Qué hartazgo! (...)
La hipótesis nula que vamos a contrastar es la culpabilidad de las élites y sus políticas económicas en la creciente desigualdad.
Para ello acudimos al que es sin duda uno de los mejores análisis sobre
las causas de la desigualdad en los Estados Unidos y que complementa a
la vasta obra de Thomas Pyketti, Gabriel Zucman, Anthony Atkinson y otros economistas.
Nos referimos al libro, recién salido de la imprenta de Pricenton University Press, Unequal Gains: American Growth and Inequality since 1700 cuyos autores son los profesores Peter H. Lindert y Jeffrey G. Williamson.
Cuando veamos las conclusiones, entenderemos la corresponsabilidad de
aquellos que nos han desgobernado en los últimos años sobre la actual
situación económica, social y política patria. (...)
Multitud de trabajos empíricos han demostrado el aumento creciente de la
desigualdad en los Estados Unidos y otras áreas desarrolladas desde
finales de los 70. En esos trabajos la situación actual en términos de
desigualdad se asemeja a la de años 20, previos a la Gran Depresión. (...)
En el libro se documenta cómo la cuota de renta del 1% más rico cayó dramáticamente entre los años 1910 y 1970, mientras que creció para el 50% más pobre. Se redujo la desigualdad.
Aportan varias razones.
La fuerza de trabajo creció más lentamente, al
igual que el proceso de automatización, mejorando los ingresos de los
trabajadores menos calificados. Desde un punto de vista político, el
equilibrio se desplazó hacia la izquierda.
El aumento de las barreras
comerciales redujo la importación de productos intensivos en mano de
obra y la exportación de productos de mayor valor añadido. Pero
sobretodo, a la crisis financiera de 1929-1933 le siguió más de medio
siglo de estricta regulación financiera, que mantenía controlado el
ingreso de las personas empleadas en el sector financiero y los
rendimientos netos cosechados por los inversores más ricos.
Los autores
hacen hincapié en que esta correlación entre las altas finanzas y la desigualdad no es espuria.
Pero este aumento de la igualdad se esfumó tras la década de los 70, ya saben, con la llegada al poder de los neoconservadores. Y las crecientes brechas de ingresos y rentas serán una consecuencia lógica de los cambios de políticas económicas, educativas y sociales.
Los Estados Unidos perdieron su ventaja competitiva en la educación de
masas, favoreciendo un sistema educativo que además de disminuir el
rendimiento, aumentaba el fracaso escolar en función de la distribución
de la renta.
Aquí lo estamos replicando. Pero además, como señalan los
autores, la desregulación financiera iniciada en la década de 1980
también contribuyó poderosamente a la subida de las rentas más altas,
favoreciendo además crisis y recesiones que castigaban sobre todo a los
más débiles.
Para rematar la faena, se implantó un modelo fiscal
claramente regresivo, basado en recortes de impuestos y permitiendo la
generación de más riqueza por el mero hecho de ser heredada en vez de
ser generada. Estas deficiencias políticas son reversibles y dicha
reversión no implicaría ninguna pérdida evidente en el PIB.
La historia de Estados Unidos sugiere que la desigualdad no es
consecuencia de una ley fundamental del desarrollo capitalista, sino que
más bien es debido a cambios episódicos en cinco fuerzas básicas -la
demografía, la política educativa, la política impositiva, la
competencia comercial, la política regulación financiera, y el cambio
tecnológico-. (...)
Si trasladamos los resultados Lindert y Williamson a nuestra querida España las conclusiones son clarísimas. El brutal aumento de la desigualdad en nuestro país obedece, en primer lugar, a una desidia en la política educativa, donde el fracaso escolar se está cebando especialmente en los hijos de las familias de renta más baja.
En segundo lugar, a la financiarización de la economía española,
con una brutal expansión de balances del sistema bancario alrededor de
burbujas inmobiliarias y financieras; mientras en las grandes empresas
ganaba peso las actividades financieras improductivas; y las familias,
en un contexto de estancamiento salarial, acudían a la deuda -efecto
acceso al crédito-.
Finalmente, la política fiscal ha sido tremendamente dañina en término de desigualdad,
cebándose vía IVA e IRPF, en las clases populares, mientras se
eliminaban impuestos sobre patrimonio y/o sucesiones que favorecían a
aquellos que simplemente acumulan patrimonio, nos extraían rentas
-especialmente del suelo- y recibían herencias sin ningún mérito.
Y esa
nueva aristocracia es a la que han favorecido los distintos gobiernos
patrios." (Juan Laborda, Vox Populi, 18/06/16)
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