14.9.16

Si ahora tuviéramos el nivel de afiliación y de salarios de 2008 la Seguridad Social disfrutaría de un holgado superávit... el problema, el trabajo precario

"(...) Lo primero que habría que señalar es que las actuales dificultades de financiación nada tienen que ver con defectos de diseño –entendidos aquí como excesiva generosidad– del sistema de Seguridad Social. Más bien el desequilibrio financiero responde a la fortísima destrucción de empleo provocada por la crisis económica y a las recetas ‘austericidas’ que han priorizado la lucha contra el déficit público sobre la recuperación del mercado laboral.

 La mejor prueba de la naturaleza coyuntural de estos condicionantes es que si ahora tuviéramos el nivel de afiliación y de salarios de 2008 la Seguridad Social disfrutaría de un holgado superávit.

Además existe –nadie lo niega– un reto estructural importante asociado al envejecimiento de la población que ha de resultar del alargamiento de la esperanza de vida y, sobre todo, de la jubilación de la generación del baby boom, la más grande de nuestra historia. Lo cierto es que a veces parece olvidarse que este cambio demográfico (sólo) empezará a dejar sentir sus efectos a mediados de la próxima década.

 Y que para darle respuesta se consensuó en 2011 una reforma (recorte) paramétrica que, más allá de algunas sombras, tenía la virtud de situar el nivel de gasto en el momento más crítico (2050) en cotas asumibles si tenemos en cuenta que hoy ya otros países de nuestro entorno gastan en pensiones por encima de esa cifra (14% del PIB). Así se pone de manifiesto en los Informes de envejecimiento de la Comisión Europea de 2012 y 2015.

Desde esta perspectiva, cabe afirmar que los cambios introducidos en 2013 no eran necesarios.

Visto el recorrido limitado que tiene el Fondo de Reserva, la vía alternativa a los recortes de 2013 para la recuperación del equilibrio de la Seguridad Social pasa fundamentalmente por incrementar de forma sustancial la aportación del Estado a la financiación de aquélla. 

Son diversas las opciones que pueden plantearse en este sentido, siendo una de ellas la creación de un recurso fiscal específico para las pensiones, una medida que arroja resultados razonablemente satisfactorios en un país de referencia como Francia. En todo caso, aquí nos importa destacar un triple aspecto.

De un lado, incrementar la implicación directa del Estado en el sostenimiento de la Seguridad Social es una medida necesaria para corregir la anomalía que supone que España sea uno de los países de la OCDE donde esa contribución procedente de los impuestos generales es más baja. Caminaríamos, en definitiva, hacia la ‘normalización’ de nuestras fuentes de financiación del sistema público.

De otro, hay que ser conscientes de que el esfuerzo adicional de financiación de las pensiones –como principales prestaciones– que se cuantifica en 3,5 puntos porcentuales de PIB de ahora a mitad de siglo constituye un esfuerzo muy importante, sin duda, pero es limitado en el tiempo porque a partir de esa fecha caerá de forma acelerada en la medida en que las cohortes venideras serán mucho más reducidas.  (...)"                ( Borja Suárez y Antonio Gonzalez, Economistas frente a la crisis, 08-06-16)

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