4.10.16

¿Estamos ante un golpe de estado que busca su 'elefante blanco'?

 
 Forges  (El País, 02/010/16)

"(...) Los medios de comunicación y los grandes poderes, que son lo mismo, sueñan con un gran gobierno de concentración, igual que entonces, aunque para llevarlo a buen puerto necesitan crear una situación de emergencia.

La situación de emergencia se intenta conseguir con dos operaciones diferenciadas. La primera es demonizar el cambio despertando los temores y miedos más profundos. De esta forma, cualquier posibilidad del cambio real será transmitida como el caos, que no es otra cosa que lo mismo que era en 1980: democracia real con separación de poderes.

La segunda operación, la más importante, es crear la emergencia que justifique un gobierno de concentración o la gran coalición o como quieran llamarlo. Dado que las elecciones han creado una situación irresoluble (debido a que el pacto de izquierdas es pactar con el demonio) y ya sabemos que unas segundas elecciones repetirán con matices los resultados, es obvio que la situación de bloqueo continuará después de las siguientes elecciones. 

Ese es el plan que nos conducirá a la emergencia nacional: investidura fallida, nuevas elecciones, investidura fallida de nuevo y pocos días antes de la convocatoria de unas terceras elecciones (en otoño), que se plantearían como el abismo, se habrá creado la situación deseada.

Ante la imposibilidad de formar gobierno, el peligro de las fuerzas del cambio (cada día más demonizadas) y el riesgo de caos y hundimiento del país por unas nuevas elecciones, tanto PSOE, como PP y Cs se verían obligados a aceptar una Solución Armada. 

Esto es, un gobierno de coalición, un gobierno por la abstención de unos u otros, un gobierno de responsabilidad gestado por hombres de Estado… Un gobierno, en definitiva, que pinte la fachada de nuevo sin cambiar nada…

Una vez creada esta situación de emergencia, el partido que lo tiene más complejo para pactar, como en los años ochenta, el PSOE, habrá podido justificar ante sus votantes la decisión que pudiera tomar (apoyo o abstención). 

La primera prueba ha sido el pacto con Cs y se ha saldado con una votación favorable. Si los fieles socialistas han sido capaces de aceptar ese pacto, son capaces, con las circunstancias apropiadas creadas, de aceptar cualquier pacto, PP incluido. Y, muy probablemente, los votantes también.

Por supuesto, este plan tendrá mil variantes siempre que se cumpla lo que se pretende: cambiar algo para que no cambie nada. Puede que se ejecute antes del 2 de mayo por impaciencia de los mercados o encuestas electorales desfavorables, puede que se incluya a otros partidos, puede que el presidente no pertenezca a ningún partido y sea una persona de reconocido prestigio, puede que sea necesario eliminar de la ecuación a Rajoy o a Sánchez o a ambos, puede que la operación salga mal como entonces salió mal y surja un Felipe González (¿Susana Díaz?) que por ambición se preste a hacer lo que le demandan con tal de llegar al poder… Todo es negociable menos lo que de verdad importa: el dinero y el poder.

También puede que evitemos que la historia se repita de nuevo…”          (Luis Gonzalo Segura, Público, 02/10/16)

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