"(...) Las cifras de paro en la zona euro aún son similares a las de 2009.
Fabio De Masi insiste en la necesidad de mejorar las condiciones
económicas de los ciudadanos: “La ausencia de subidas de sueldos e
ingresos entre la ciudadanía es lo que daña la democracia”.
Hoy, cuando Europa avanza hacia su ‘año nueve’ de crisis económica,
se cuestiona nuestro modelo de vida. La presión que sufre la UE es mayor
incluso que en 2012, cuando la explosión de la deuda periférica y la
rigidez de Wolfgang Schäuble casi expulsan a Grecia de la moneda única y
arrastran a todos los países del sur de Europa.
El
final del euro, la salida de Alemania y sus satélites de la moneda
única, y la creación de un euro para ricos y otro para pobres son
ideas cada vez más presentes en los debates. Desde posturas liberales
como las de Cleppe o Fassina, pero también por una parte de la izquierda
europea.
El ‘lexit’ o la salida de la UE mediante referendos como el británico
parte de la idea de que “la UE no puede ser reformada”, según explicaba
en una entrevista a Mediapart antes de verano el griego Stathis Kouvelakis, antiguo miembro del Comité Central de Syriza. Los impulsores del Progressive Caucus
rechazan este maximalismo en favor de un “marco de diálogo que llene un
vacío ante el momento crítico que vive Europa”, según Urtasun.
Diem25: la desobediencia
El debate sobre el rumbo de la UE que reclaman los eurodiputados en
pro de una mayor democratización ha sido denominado “euroreformismo” por
la plataforma política DiEm25, con el ex-ministro de finanzas griego
Yanis Varoufakis al frente.
Su idea es que un frente de gobiernos europeos deje de cumplir las normas económicas impuestas por el establishment de los tecnócratas, la banca y las grandes empresas.
Varoufakis propone una campaña de desobediencia civil desde las
instituciones nacionales, regionales y municipales frente a las
europeas. “Sin duda alguna, las instituciones de la UE nos amenazarán
con la expulsión, con pánicos bancarios... de la misma forma que
amenazaron al gobierno griego con el Grexit en 2015”, explicaba
recientemente el exministro de finanzas en una carta abierta a varios
colegas europeos. (...)
Y mientras tanto, la crisis se perpetúa y derriba mitos. Por primera
vez en la historia, un presidente de la Comisión gestionará la salida de
un socio europeo, un trauma nunca vivido en los más de sesenta años del
proyecto. La losa honorífica ya pesa sobre los hombros de Jean Claude
Juncker, aunque el Brexit todavía no ha ocurrido.
Un alto diplomático europeo reconoce que, tras el terremoto provocado
por las urnas británicas, estamos ante “un proceso de dos años con unas
repercusiones todavía no previstas”. La reflexión de este funcionario,
ya de retirada de la capital comunitaria, es que “no hay una visión
común sobre el futuro de la UE”.
Con la socialdemocracia desaparecida o
demasiado sumisa al mainstream neoliberal, son los
euroescépticos, los euroreformistas, los ultranacionalistas y los
defensores de la desobediencia quienes luchan por imponer su visión o
estrategia para la Europa del siglo XXI. " (Alexandre Mato, CTXT, 07/09/16)
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