"Este es un artículo difícil de escribir. El sistema político americano,
clave de bóveda de las democracias occidentales, el país que ha sido el
centro del sistema internacional desde 1945, ha sido arrollado por la
victoria de un hombre al que nadie, hace dos años, creía capaz de ganar
unas elecciones.
Donald Trump es un hombre que entró en la
campaña electoral lanzando insultos racistas y prometiendo deportar
a 11 millones de personas. Es alguien que ha amenazado con meter en la
cárcel a su oponente, prohibir la entrada a Estados Unidos a las
personas según su religión, alabado y profesado admiración por
dictadores, insultado todo lo insultable y demostrado, una y otra vez,
tener un temperamento petulante, narcisista y vengativo.
Es alguien que
ha sido repetidamente acusado de fraude, discriminación, abusos sexuales y evasión fiscal. Su mensaje es incoherente, ruin y zafio. Trump ha mentido constantemente, sin descanso, toda la campaña. Sus planes económicos son entre ridículos e inexistentes. (...)
Es un tipo que no se prepara nada, que perdió los tres
debates por goleada, al que su equipo de campaña le ha tenido que quitar
el móvil para que no dijera tonterías en Twitter.
Y ha ganado las elecciones igual.
Los sondeos, casi sin
excepción, han fallado espectacularmente; los expertos, también. Casi
sin excepción, se han equivocado por completo. Esta tarde (en EEUU),
antes de que empezara el recuento, yo estaba escribiendo un borrador
para este mismo diario sobre Hillary Clinton,
"primera mujer en alcanzar la presidencia de Estados Unidos". Decir que
ha sido una sorpresa mayúscula es poco.
Las élites americanas, desde la
izquierda hasta el centro derecha, han sido arrolladas por un tipo al
que despreciaban abiertamente. Un bufón amateur, inútil y grosero, que
será, a partir de enero, el hombre más poderoso de la tierra.
¿Qué ha pasado? La verdad, es muy temprano para decirlo. Debo confesar
que estoy aturdido por los acontecimientos; el motivo por el que adoro
Estados Unidos, mi país de adopción, es por su vocación de ser un país
basado en valores e ideas, no en cultura o nación.
Uno es americano
porque respeta y defiende la constitución y los valores de una sociedad abierta,
libre e integradora. Estos ideales, estos valores, es lo que han
permitido que pueda vivir aquí, y participar en la sociedad del país más
rico y poderoso de la tierra
Donald Trump ha hecho una campaña basada en repudiar estos ideales: nacionalista, anticosmopólita, aliberal. Toda una idea de Estados Unidos se desmorona.
Los motivos no son económicos. Los votantes de Trump ganan más dinero que la media. (...)
Las ciudades americanas, largo tiempo durmientes, se han convertido en
centros vitales, vibrantes e innovadores, cada vez más diversos,
tolerantes, creativos y abiertos al mundo. Son el motor del cambio de un
país que se ha recuperado de la crisis financiera con energía, con esa
actividad frenética y ganas de comerse el mundo que uno sólo ve en
Estados Unidos, el país del eterno optimismo. Es el nuevo mundo, la
aldea global, de derechos civiles, cultura mestiza, costumbres
cambiantes.
Esto es lo que la coalición de votantes de Trump ha rechazado. No es racismo; los sondeos a pie de urna señalan que un
porcentaje pequeño pero no irrelevante de votantes de Obama ha apoyado a
Trump.
Es un voto anti-urbano, anti-establishment,
contra unas élites convencidas que lo único que merece atención en este
mundo sucede en Boston, Nueva York, Chicago, Los Ángeles, Austin o
Seattle, donde el resto del país sólo importa como incubadoras de
ciudades de moda (“Denver está haciendo cosas interesantes”) y lugares
donde ir de acampada.
No es la globalización entendida como comercio,
ganadores y perdedores. Es la globalización entendida como disrupción,
cambio de costumbres, nuevas ideas, nuevos valores y gente del otro
lado del mundo que viene a vivir al lado de tu casa, te guste la idea o
no. El mundo ha cambiado. Ellos no quieren que ese cambio haga que sus
valores, ideas y costumbres dejen de ser vistos como los cimientos del
país en el que viven.
Hace algo más de un siglo, en
los albores de la democracia representativa, una de las divisiones
partidistas fue la división entre campo y ciudad. Durante la primera
globalización, este cambio acabó pasando a segundo plano, cuando la
rápida despoblación del campo dio paso a las divisiones de clase y el
familiar eje izquierda-derecha.
En estas elecciones los hombres blancos
sin estudios superiores ha sido la base principal de Trump. Son los que no se creen esto de la economía del conocimiento ni el mundo de intelectuales,
esnobs, tecnófilos, abogados y periodistas que les miran por encima del
hombro y desprecian su pequeña aldea como un lugar anclado en el
pasado, estancado y aburrido donde nunca sucede nada.
Los demócratas, con Clinton a la cabeza, creyeron que el futuro era
suyo. Estados Unidos era cada vez más una sociedad urbana, diversa,
multicultural y tolerante, con minorías étnicas viviendo y compartiendo
los valores del país.
La demografía estaba de su lado. Apostaron por
abrazar la cultura del nuevo mundo, y los universitarios blancos, los
habitantes de estas ciudades les siguieron. Su problema es que Trump
entendió instintivamente esta guerra cultural, y entendió que los
blancos del resto del país podían reaccionar a ella. La menguante
mayoría blanca votó como una minoría cultural, en bloque, y le dio la
victoria. (...)" (Roger Senserrich, Vox Populi, 09/11/16)
"Por qué Trump será presidente de Estados Unidos: los 5 argumentos de Michael Moore.
(...)
1. Un sector de la clase obrera lo verá como un aliado. (...)
2. Es un hombre blanco.
3. Las políticas de Clinton.
4. Los simpatizantes de Bernie Sanders no estan muy convencidos de votar por Hillary.
5. Algunos votarán por Trump para enviar un mensaje. (...)"
"Por qué Trump será presidente de Estados Unidos: los 5 argumentos de Michael Moore.
(...)
1. Un sector de la clase obrera lo verá como un aliado. (...)
2. Es un hombre blanco.
3. Las políticas de Clinton.
4. Los simpatizantes de Bernie Sanders no estan muy convencidos de votar por Hillary.
5. Algunos votarán por Trump para enviar un mensaje. (...)"
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