"El escándalo producido por la decisión del Pleno del Tribunal Supremo de
invalidar una sentencia firme de la sala de lo Contencioso del mismo
Tribunal ha tenido la gran virtud, no sólo de mostrar “quién manda
aquí”1, sino de hacer inocultable la podredumbre que impregna a “las más
altas instancias del Estado”. (...)
Eso sucede aquí, en cualquier país de la UE y en
cualquier estado del planeta en el que el poder real máximo resida en
una plutocracia que controla los bancos y las grandes multinacionales y
que tiene los poderes del Estado a su servicio. Se llama capitalismo.
Lo que evidencian casos como este es que
verdaderamente, en algo, “Spain is different”. Aquí la cosa es más
burda, como recuerdan los tribunales de derechos humanos o los de otros
países de la UE. Ni siquiera hay que molestarse en guardar las
apariencias. (...)
Quienes - como el PP, y una ristra de tertulianos y
“expertos”- argumentan que la sentencia debe aceptarse porque si se
hiciera pagar el impuesto a los bancos se encarecería el precio de las
hipotecas, están mostrando una realidad incontestable: el poder de los
bancos es absoluto.
Y este inmenso negocio, desde el estallido de la
crisis financiera y por obra y gracia de la Unión Europea y de su Banco
Central (BCE), se hace sobre todo con dinero público.
El BCE con competencia exclusiva para imprimir y
prestar dinero tras la desaparición de los bancos centrales de los
países miembros, no puede comprar deuda pública de los Estados y sólo
puede vender dinero a los bancos. El tipo de interés actual es del
0,25%.
El artículo 123 de su Reglamento prohíbe taxativamente
al BCE adquirir deuda pública, pero cuando pese a todo hacen el favor
de comprarla es a cambio de nuevas privatizaciones y reformas laborales,
recortes en las pensiones, etc. ¿Cabe alguna duda de a quién
representan?
El negocio se cierra cuando los Estados se ven
obligados a comprar dinero a los bancos privados a cambio de deuda
pública al tipo de interés “de mercado”, es decir, abonando para obtener
dinero un interés mucho más elevado que el pagado por los bancos al
BCE. Y la deuda pública aumenta y aumenta.
Así, mientras los servicios y
prestaciones públicos se desmoronan, La Troika y los bancos dicen que
se debe a que “vivimos por encima de nuestras posibilidades y gastamos
más de lo que ingresamos”. Los acreedores del Estado son los grandes
bancos, de aquí y de fuera.
Y es el Estado, en este caso el español, quien con
dinero público extraído de la sanidad, de la educación, de la
dependencia, de las becas, etc, ha rescatado a unos bancos que ya han
anunciado que no devolverán los más de 60.000 millones de euros que
oficialmente reconocen haber recibido.
Son esos mismos bancos los que como hienas han
arrojado, y arrojan, a la calle –y muchas veces al suicidio– a cientos
de miles de familias obreras que no consiguen con sus míseros salarios, o
desde el paro, pagar su hipoteca o su alquiler. El resultado: un millón
setecientos mil desahucios desde que empezó la crisis y cerca de tres
millones de viviendas vacías.
Y las decisiones las toman exactamente los mismos
consejos de administración que se autoadjudican salarios astronómicos y
exhiben beneficios record cada año.
Además, es a esos bancos a quienes como “prioridad
absoluta” el Estado debe pagar la deuda pública contraída, tal y como
obliga el artículo 135 de la Constitución y el Tratado de Estabilidad de
la Zona Euro de 2013. Para eliminar cualquier escapatoria, la Ley
2/20122 que desarrolla los marcos legislativos anteriores establece la
tenaza de la reducción del gasto público que debe asegurar el pago de
esa deuda.
Ese marco jurídico-político permite la intervención,
real y directa, de la llamada Troika (UE, BCE y FMI), sobre los
presupuestos de todas las administraciones públicas y de la Seguridad
Social. (...)
Obviamente, esa sacrosanta intangibilidad de los auténticos pilares del
poder se asienta sobre el desconocimiento por parte de la mayoría del
funcionamiento del siniestro engranaje de la dominación. Y se alimenta
cuando ante situaciones como la actual, que muestran al desnudo el
omnímodo poder del capital, la izquierda institucional señala solamente a
sus esbirros, en este caso al Tribunal Supremo.
El magnate del
automóvil, Henry Ford decía que si la gente supiera como funciona el
sistema financiero habría una revolución antes de mañana. ¿A quién sirve
el silencio acerca de la mano que mece la cuna? (...)
La expropiación de la banca, negar el pago de la deuda y salir del Euro y
de la UE, constituyen la única alternativa, la condición sin la cual no
hay cambio posible." (Ángeles Maestro, Rebelión, 10/11/18)
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