"(...) Manifestarse en Francia se ha convertido en algo verdaderamente
peligroso y arriesgado. La actuación de la policía, de una violencia
inusitada y que deja un balance de decenas de heridos y mutilados, no es
objeto de informe ni mucho menos denuncia en los medios. Quien no
participa directamente, no sabe de qué se trata. Pese a ello, el nivel
de movilización, sin ser masivo, se mantiene. No presenta signos de
agotamiento.
Parece haber llegado para quedarse. Que la ola se convierta
en inundación puede depender de circunstancias fortuitas, de chispas de
indignación imprevisibles a las que la situación está enteramente
abierta.
En este contexto Macron ha lanzado una frenética campaña
de imagen. Lo que llama “gran debate” es una especie de campaña
electoral y de imagen, con grandes reuniones con alcaldes, estrictamente
organizadas desde arriba por el ministerio del interior y los
prefectos, con varias sesiones maratonianas y televisadas en diversos
puntos de Francia, diseñadas para lucir al personaje, complicar toda
crítica, y siempre rodeadas de impresionantes despliegues policiales
para impedir todo contacto, protesta o acceso de los gilets jaunes .
El testimonio del alcalde René Revol
define este show como una campaña electoral a cuenta del contribuyente.
Con ella Macron espera concentrar el voto de la derecha de cara a las
elecciones europeas.
En política exterior, otro show: la firma,
el martes, de un fantasmagórico acuerdo con Merkel que incluye el
compromiso francés de “admitir a Alemania como miembro permanente del
Consejo de Seguridad de la ONU” y hacer de ello una “prioridad” de su
diplomacia, sin que nada de todo ello haya sido debatido siquiera por la
Asamblea Nacional… Pero todo eso no cambia lo esencial: meras tácticas
para ir tirando que evidencian la ausencia de estrategia.
A falta
de cualquier veleidad de cambio político, a Macron solo le queda ese
tacticismo y una deriva autoritaria que tiene un gran campo por delante,
vía la reedición del Napoleón le petit de Victor Hugo.
Según el diagnóstico del sociólogo Laurent Mucchielli, la irritación y el enfado de los gilets jaunes
tiene que ver con “una evolución a la vez económica (el retroceso o
estancamiento de la capacidad adquisitiva), social (el aumento de las
desigualdades, las dificultades de vivienda, de acceso a la universidad y
la desaparición de los servicios públicos de proximidad), territorial
(el desclasamiento real o así percibido de los habitantes de las
periferias urbanas y de los rurales) y político”.
El macronismo
no tiene respuestas a eso, ni voluntad alguna de cambio. Por eso, si el
movimiento se mantiene -y nada hace pensar en lo contrario- lo único que
le queda es una represión de resultado más que incierto." (Rafael Poch, CTXT, 23/01/19)
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