"Este miércoles 6 de febrero se cumplen cinco años de
la muerte de quince personas que intentaban alcanzar a nado la costa
española en la playa de Tarajal, Ceuta.
Quince personas que murieron
fruto de una actuación policial, desproporcionada e ilegal.
Porque lo
que ocurrió en Tarajal no sólo es una tragedia humanitaria, es una
consecuencia directa de nuestras políticas migratorias y de control de
fronteras. Lo ocurrido aquel 6 de febrero es particularmente grave, por
el precedente de impunidad creado.
La estrategia de la disuasión es algo real en las
Fronteras europeas, y la tragedia de Tarajal es un ejemplo de la misma.
Consiste en ampliar los riesgos para aquellas personas que cruzan la
Frontera de tal forma que se disuada a quienes lo intenten en un futuro.
Así lo afirmaba la alcaldesa de la isla de Lampedusa, Giusy Nicolini,
al hablar de las muertes en el Mediterráneo:“estoy
cada vez más convencida de que la política europea sobre inmigración
considera este tributo de vidas un modo para calmar los flujos, para
lograr una especie de efecto disuasorio”.
De hecho, las muertes en el mediterráneo y los refugiados agolpados
durante ya más de tres años en paupérrimos campos en Grecia trasmiten
una imagen bien distinta a las estadísticas o los números de acogida que
demuestran que apenas hemos recibido una ínfima parte de los
desplazados forzosos en el mundo. Pero realmente la imagen mostrada de
una Europa superada o desbordada ante la llegada de refugiados y
migrantes ha supuesto una coartada perfecta para legitimar la
consolidación de las políticas migratorias de la Europa Fortaleza. (...)
Desde la aprobación de las cuotas de acogida el mensaje dominante en
Europa, ha pasado del “Refugees welcome”, ha convertirse en un “Do not
come to Europe “, expresado por el presidente del Consejo Europeo Donald
Tusk. (...)
La externalización de fronteras, está dejando paso a
una aplicación paulatina del modelo australiano de gestión migratoria
conocido como “solución del Pacifico”, que consiste en la tramitación
extraterritorial de las solicitudes de protección internacional con un
sistema deliberadamente severo en la isla oceánica de Nauru y en la isla
de Manus (Papúa Nueva Guinea) a cambio de importantes sumas de dinero
por parte de Camberra.
Las personas refugiadas y solicitantes de asilo
que llegan a Australia por mar son llevadas por la fuerza a lugares
remotos, donde soportan condiciones crueles y degradantes, a veces
durante años. En palabras de Lucy Graham investigadora de Amnistía
Internacional: “El gobierno australiano ha creado en Nauru una isla de
desesperación para las personas refugiadas y solicitantes de asilo que,
sin embargo, es una isla de lucro para empresas que ganan millones de
dólares con un sistema tan intrínsecamente cruel y abusivo que
constituye tortura”.
Estos centros extraterritoriales para la gestión
migratoria son además externalizados a multinacionales en lo que se
conoce como el negocio de la xenofobia. Una de estas multinacionales es
Ferrovial y que fue denunciada por la vulneración de los derechos
humanos en los centros que gestiona.
Así la llamada solución “Libia” a las muertes en el
mediterráneo pretende ser una nueva vuelta de tuerca no solo con la
externalización de las fronteras sino también con la gestión
extraterritorial de los centros de internamiento adaptando el modelo
europeo al sistema australiano de gestión de fronteras. (...)
Mientras miramos a los EEUU de Trump por su obsesión enfermiza con la
construcción del muro fronterizo con Méjico. Una especie de “populismo
de las vallas” recorre Europa, no solo como un elemento eficaz de
propaganda política inmediata que permite visibilizar el “trabajo”
concreto de los gobiernos sobre la migración. Sino también como un
potente instrumento simbólico a la hora de construir un imaginario de
exclusión entre la “comunidad” y los “extranjeros”, tan antiguo como
recurrente en la historia.
Porque los muros no se construyen solo con
cemento y concertinas, sino sobre el miedo al otro, a lo desconocido,
contribuyendo a agrandar así la brecha entre ellos y nosotros. La
estigmatización de la población migrante ha sido un elemento fundamental
para trazar una frontera entre quienes deben ser protegidos y quienes
pueden ser y efectivamente resultan excluidos de cualquier protección. (...)
En este sentido, se consigue que el malestar social y
la polarización política provocadas por las políticas de escasez se
canalicen a través de su eslabón más débil (el migrante, el extranjero o
simplemente el “otro”), eximiendo así a las élites políticas y
económicas, responsables reales del expolio. Porque si “no hay para
todos”, entonces sobra gente: “no cabemos todos”. La delgada línea que
conecta el imaginario de la austeridad con el de la exclusión.
Paralelamente, no deja de incrementar la
criminalización de las ONGs, así como de la ayuda humanitaria. Los
ejemplos son innumerables: Helena Maleno, Proactiva Open Arms, Proemaid,
MSF, entre otros.
Mientras en los despachos de Bruselas, ¡hasta se
legisla esta criminalización! Numerosas ONGs han pedido la modificación
de la Directiva 2002/090/EC por su ambigüedad al definir tráfico de
personas, no en vano, FRONTEX ya acusó a las ONGs de colaborar con las
mafias en un ejercicio nauseabundo de demagogia institucional, como si
les preocupan más los testigos incomodos que las muertes en el
mediterráneo.
Podríamos afirmar que los cadáveres de los náufragos
de las pateras, los muertos en los desiertos y las vallas fronterizas
son la expresión de otra forma de racismo: la xenofobia institucional. (...)
Frente a esta deriva, hay alternativas. Muchas de ellas ya en marcha.
Algunas desde abajo (a través de movimientos populares de solidaridad y
de una singular renovación del repertorio de acción militante y de los
actores humanitarios), otras desde las instituciones (ayuntamientos del
cambio, ciudades refugio) y otras a través de leyes y normativas ya
existentes y aprobadas (pero no aplicadas por falta de voluntad
política). (...)
Es cierto que hoy existen ya normativas aprobadas y ratificadas que, de
aplicarse, mejorarían sustancialmente las condiciones de vida de miles
de personas migrantes, aumentarían las tasas de asilo en toda Europa y
desarticularían muchas de las medidas adoptadas por gobiernos nacionales
o por las propias instituciones comunitarias. (...)
Pero sin una correlación de fuerzas favorable, no serán más que brindis legalistas al sol. (...)" (Miguel Urbán , Eurodiputado de Podemos, Público, 05/02/19)
No hay comentarios:
Publicar un comentario