"El Gobierno de Pedro Sánchez se ha visto obligado a cortar por lo sano antes de que la crisis del relator llevara
al PSOE a un descalabro en las elecciones europeas, municipales y
autonómicas de mayo.
Había cundido una sensación de vértigo, tanto en el
partido como en parte del propio Ejecutivo, ante la confusa
estrategia, capitaneada por la vicepresidente Carmen Calvo,
para intentar aprobar los Presupuestos a cambio de una borrosa
negociación con los independentistas.
El presidente de Extremadura Fernández Vara puso
el dedo en la llaga cuando dijo que “lo que es difícil de explicar, aún
es más difícil de entender” ante las dificultades de Calvo para
explicar a qué obedecía la aparición de ese relator. (...)
En las últimas 48 horas el clima político en España, particularmente en Madrid, se había hecho irrespirable con la derecha lanzada a la calle,
acusando a Sánchez de traidor y exigiendo la convocatoria de
elecciones.
Una sobreactuación lamentable pero que no disculpa el error
del Gobierno: prestarse a crear nuevos espacios políticos al margen de
las instituciones parlamentarias, “degradándolas”, como criticó
severamente Felipe González,
y que los independentistas deseaban solo para abrir una brecha a favor
de la autodeterminación y difundir por el mundo su relato.
Una mesa de
partidos no significaba gran cosa, pero alimentaba la fantasía que
verbalizó el jueves el vicepresidente del Govern Pere Aragonès: “Si los
partidos representados en la mesa tienen mayoría suficiente, las
instituciones deben aceptarlo”. Si a eso se añadía la figura de un
relator externo, como si hubiera dos partes legitimadas o se tratase de
un conflicto humanitario, ese organismo era un potencial obús en la
línea de flotación de la democracia constitucional.
Sánchez ha optado
por cortar de raíz las negociaciones con ERC y PDECat para librarse de
lo peor. Se libra de tres meses insufribles hasta votar definitivamente
los Presupuestos en los que no hubiera sobrevivido al fuego cruzado de las acusaciones de PP y CS y al reproche chantajista de los independentistas. Se ha librado de lo peor, pero sale muy tocado." (Joaquim Coll, 08/02/19)
"(...) El último documento enviado por Calvo a Palau contiene un evidente
acercamiento de posturas. Por parte de JxCat se pedía una mesa de
partidos españoles y un mediador internacional.
Propusieron nombres,
pero hace días que Aragonès y Artadi saben y asumen que no sería
extranjero. Lo que estaba sobre la mesa era el dichoso “relator”. Esa
palabra como tal no aparece en el papel, que se refiere a “una persona
que facilite la coordinación de los trabajos” y que “ayudará a crear las
condiciones idóneas para el diálogo, dará fe de los acuerdos alcanzados
y determinará el seguimiento de su aplicación”.
Se propuso a Miquel
Roca, que enseguida fue descartado en Palau, pero la Moncloa contaba con
otros nombres, entre ellos un veterano expolítico catalán que trabajó
en su día con gobiernos del PSOE y de CiU. Ninguno de los que ha salido a
la luz (como Xavier Domènech o Iñigo Urkullu).
El independentismo
tampoco pensaba poner muchas trabas en el perfil. De hecho, parecía que
lo más difícil era configurar la mesa de partidos. Pero el documento
acepta sumar a las formaciones catalanas sus referentes españoles, PSOE y
Podemos. Todo parecía encajar.
Sin embargo, la enmienda a la totalidad de los presupuestos del
PDECat anunciada el jueves y presentada el viernes por la mañana se
vivió en Madrid como una presión inadmisible dado el clima de acoso
contra Pedro Sánchez, no sólo de la oposición, sino dentro de sus
propias filas. La puntilla a la andanada de los barones la puso el
jueves Felipe González. En la Moncloa llegaron a la conclusión de que
había que plantarse.
O los independentistas accedían al acuerdo y
retiraban las enmiendas al presupuesto el mismo viernes o era imposible
aguantar así el fin de semana, con el asunto abierto en canal y la
concentración “por la unidad de España” de este domingo en marcha. En el
PSOE estaban al límite.
Con las autonómicas y municipales a la vuelta
de la esquina, el frente catalán no les daba respiro y los 21 puntos que
el president Quim Torra rescató esta semana, que incluyen la
autodeterminación, la mediación internacional y describen un Estado
español autoritario y franquista, acabaron por alterar los ánimos.
Así pues, ya desde el jueves se les hizo llegar a los
independentistas en Madrid y en Barcelona el aviso de que el acuerdo y
la retirada de las enmiendas al presupuesto tenían como límite el
viernes, que Calvo no saldría a la rueda de prensa posterior del Consejo
de Ministros sin saber a qué atenerse. En Palau, sin embargo, habían
calculado que había tiempo hasta el lunes o martes para seguir
negociando, puesto que el debate de totalidad de las cuentas en el
Congreso es el miércoles. Los partidos independentistas se han
acostumbrado en estos años a apurar plazos y salvar acuerdos in
extremis, cuando todo parece perdido.
La abrupta ruptura anunciada por
Calvo sorprendió a Aragonès y Artadi. No faltan quienes creen que aún
existe un resquicio para reconducirlo tras la concentración de hoy. Pero
si el ambiente es ahora asfixiante para Sánchez, la atmósfera se va a
cargar para los independentistas el martes, con el inicio del juicio.
Si Sánchez no obtiene el apoyo de ERC y PDECat ahora, menos se moverá
en los próximos meses, pendiente de las elecciones. El tímido diálogo
entre los gobiernos central y catalán era una empresa ardua en estas
condiciones. El presidente no cuenta con un sostén parlamentario fuerte,
y el independentismo carece de un liderazgo indiscutido, un
interlocutor incontestable que no se halle sujeto a un proceso judicial.
El PP y Cs van a aprovechar esas debilidades para darle la vuelta a la
moción de censura que desbancó a Mariano Rajoy. El fiasco de este
intento de diálogo también ha dejado tras de sí una constatación
preocupante: proliferan los presuntos felones, quizá porque la acusación
de traidor a la patria se paga muy cara. Igual en Catalunya que en toda
España. (...)" (Lola García , Directora adjunta de La Vanguardia, 10/02/19)
" (...) Una manifestación multitudinaria. Importante. Existe un hartazgo en la sociedad española sobre la gestión del problema que plantea el independentismo catalán desde 2012.
Y los partidos de la derecha lo saben. Pero la concentración en la plaza Colón de Madrid y en las calles adyacentes no matan políticamente al presidente Pedro Sánchez.
Salió tocado, pero vivo de esa movilización, a pesar de que el PP había fletado autobuses gratis para acudir desde todos los rincones de España, a pesar de los llamamientos de Albert Rivera y del resto de dirigentes de Ciudadanos, a pesar de Vox y del apoyo en el último momento de Manuel Valls. Sánchez está tocado, pero sale vivo, y mete ahora toda la presión al independentismo, que duda como nunca lo ha hecho en todos estos años, de su estrategia y de la necesidad de combatir una inclinación siempre presente: la de apostar por el cuanto peor mejor.
Hay una parte de los españoles que está cansada, que quiere combatir políticamente al independentismo, sin ningún acercamiento. Que desea esperar, con la ley en la mano, que la Justicia haga su trabajo y que todo ese bloque independentista claudique y acepte que no puede conseguir ninguno de sus objetivos.
Es la que se manifestó este domingo, convocada por PP, Ciudadanos y Vox. Pero hay otra España, la que refleja los sondeos del CIS, en la que se apoya el equipo de Pedro Sánchez, con Iván Redondo a la cabeza, que considera que no habrá ninguna posibilidad de solucionar el problema sin diálogo. (...)
La movilización en Madrid fue importante. Pero queda lejos de las grandes manifestaciones que organizó el PP, con Mariano Rajoy, en contra de los gobiernos de Rodríguez Zapatero. La más importante se produjo en junio de 2005, cuando se concentraron 850.000 personas en contra de que el Gobierno hubiera iniciado una negociación con ETA.
Ayer, los propios organizadores hablaban de 50.000 personas, una cifra que surgió del entorno de Ciudadanos, y que, tras consensuarlo con el PP, ascendió a 200.000. La delegación del Gobierno en Madrid lo dejó en 45.000 asistentes.
¿Es importante? Sí, lo es. El independentismo lo sabe. Y el Gobierno del PSOE también. Pero no rompe las piernas a Sánchez, que buscará ahora mantener un puente de diálogo con el Gobierno de la Generalitat, a la espera de lo que suceda el miércoles, con la votación de las enmiendas a la totalidad de los presupuestos del Estado para 2019. (...)" (Manel Manchón, Crónica Global, 11/02/19)
" (...) Una manifestación multitudinaria. Importante. Existe un hartazgo en la sociedad española sobre la gestión del problema que plantea el independentismo catalán desde 2012.
Y los partidos de la derecha lo saben. Pero la concentración en la plaza Colón de Madrid y en las calles adyacentes no matan políticamente al presidente Pedro Sánchez.
Salió tocado, pero vivo de esa movilización, a pesar de que el PP había fletado autobuses gratis para acudir desde todos los rincones de España, a pesar de los llamamientos de Albert Rivera y del resto de dirigentes de Ciudadanos, a pesar de Vox y del apoyo en el último momento de Manuel Valls. Sánchez está tocado, pero sale vivo, y mete ahora toda la presión al independentismo, que duda como nunca lo ha hecho en todos estos años, de su estrategia y de la necesidad de combatir una inclinación siempre presente: la de apostar por el cuanto peor mejor.
Hay una parte de los españoles que está cansada, que quiere combatir políticamente al independentismo, sin ningún acercamiento. Que desea esperar, con la ley en la mano, que la Justicia haga su trabajo y que todo ese bloque independentista claudique y acepte que no puede conseguir ninguno de sus objetivos.
Es la que se manifestó este domingo, convocada por PP, Ciudadanos y Vox. Pero hay otra España, la que refleja los sondeos del CIS, en la que se apoya el equipo de Pedro Sánchez, con Iván Redondo a la cabeza, que considera que no habrá ninguna posibilidad de solucionar el problema sin diálogo. (...)
La movilización en Madrid fue importante. Pero queda lejos de las grandes manifestaciones que organizó el PP, con Mariano Rajoy, en contra de los gobiernos de Rodríguez Zapatero. La más importante se produjo en junio de 2005, cuando se concentraron 850.000 personas en contra de que el Gobierno hubiera iniciado una negociación con ETA.
Ayer, los propios organizadores hablaban de 50.000 personas, una cifra que surgió del entorno de Ciudadanos, y que, tras consensuarlo con el PP, ascendió a 200.000. La delegación del Gobierno en Madrid lo dejó en 45.000 asistentes.
¿Es importante? Sí, lo es. El independentismo lo sabe. Y el Gobierno del PSOE también. Pero no rompe las piernas a Sánchez, que buscará ahora mantener un puente de diálogo con el Gobierno de la Generalitat, a la espera de lo que suceda el miércoles, con la votación de las enmiendas a la totalidad de los presupuestos del Estado para 2019. (...)" (Manel Manchón, Crónica Global, 11/02/19)
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