"La ecuación parece sencilla. "Si Bankia fue rescatada con
dinero público, ¿por qué su cartera de pisos terminó en un fondo buitre
y no para alquiler social?"
Richard Bermúdez, antiguo
vecino de Usera y actual de San Cristóbal, lo ve bastante claro. Es
sábado por la tarde, aún pega el sol y se ha plantado en el centro de
Madrid para manifestarse. Junto a él marchan cientos de vecinos que se
agrupan por casos: están los que sufrieron y paran desahucios, están los
afectados por cláusulas abusivas de la hipoteca, está cada uno de los
bloques sociales que ha comprado Blackstone-Fidere y en los que sube sin
concesiones el alquiler. Y está Richard, que junto a su mujer Josefina
Hernández se considera un símbolo en la lucha por la vivienda.
"Vino la crisis. Nos quedamos en paro. El casero no tenía
la culpa de que dejáramos de pagar y nos fuimos. Ocupamos una vivienda
vacía del BBVA. No teníamos referentes y tuvimos miedo, pero ahí
seguimos", cuenta. "Sin trabajo, sin ayudas al desempleo, sin vivienda
social. Nos han intentado desahuciar varias veces, pero ahora estamos
más empoderados".
Su caso llegó a una oficina de la ONU que ordenó paralizar el desahucio
hasta que hubiera alternativa, una vía convertida en el último recurso
de bastantes familias en situaciones similares en España. Y su casa pasó
del BBVA a Divarian, una socimi que montó el banco junto a Cerberus.
"Es un piso de 55 metros cuadrados en un barrio muy pobre. ¿Para qué lo
quiere esta gente? ¿Por qué no pasan a vivienda social?", dice
indignado. "Si esto no cambia, ¿dónde van a vivir las nuevas
generaciones?" (...)
"Fuera buitres de nuestros barrios"
Los fondos
buitre, con Blackstone a la cabeza, forman ya tal parte del imaginario
colectivo que en la manifestación se pudo ver a varios asistentes
disfrazados de ellos. Entre los cánticos se repitió "buitres fuera" y
"los buitres de Fidere no nos moverán". Uno de los bloques más grandes
era el del sindicato de inquilinas, que agrupa ya a varios cientos de
familias de toda la comunidad (de Torrejón, de Tres Cantos, de
Carabanchel o de Vallecas) cuyos bloques de vivienda social terminaron
en manos de la socimi Fidere (de Blackstone).
La
forma de operar del fondo está siendo la misma en todos ellos: llega,
mantiene las condiciones del contrato hasta que este se termina y,
entonces, zas. Fidere ofrece un nuevo contrato en el que aumenta el
precio de la mensualidad. En los últimos tiempos, y para esquivar la
norma que impide subir el precio durante los primeros años de nuevos
contratos, ofrece "descuentos" al principio e incluye después conceptos
como el IBI o la comunidad.
"A mí me lo subieron de 623 a 658 euros", explica Marta, del bloque de
Carabanchel. "En diciembre me toca firmar el nuevo y son ya 780".
Con los 'trucos' de la empresa, sabe que en pocos años llegará a mil.
Vive sola con sus hijos y no podrá pagarlo, así que seguirá el
asesoramiento del sindicato y no firmará.
Como ella, cada vez son más
las familias que se plantan ante Blackstone en Madrid. De ahí que otro
de los coreos más repetidos fuera el de "no firmamos, nos quedamos". O,
como rezaba el cartel de uno de los bloques en lucha:
"Fidere-Blackstone: vuestros inquilinos somos vuestra peor pesadilla". (Analía Plaza, eldiario.es, 05/10/19)
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