"Nada será igual. Lo que no sabemos es cuándo se parará la crisis del
coronavirus y, sobre todo, sus costes morales, económicos, sociales y
políticos.
A mi juicio, la palabra clave es memoria, tener memoria de lo
que ha pasado, de dónde venimos y, desde ella, hacerla fundamento de
una propuesta de país, de eso que llamamos España. Hay que partir de la
crisis del 2008 y recordar aquellas cosas que hoy se repiten de nuevo:
refundar el capitalismo, la inoperancia de la Unión Europea, la
necesidad imperiosa de la intervención del Estado, la promesa del
reparto equitativo de la crisis y que nadie se quedaría descolgado.
Díaz
Ferrán, presidente de la patronal y hoy creo que en la cárcel, lo dijo
dramáticamente: hay que suspender temporalmente el mercado y las
instituciones deben de intervenir de forma inmediata y radical. Luego
vino lo que ya sabemos. (...)
Nunca se parte de cero y ya conocemos algunas cosas:
1) Nuestra fragilidad como especie (...)
2) Animales racionales y dependientes. No hay libertad fuera de la comunidad ni derechos fuera del Estado (...)
3) No hay economía sin Estado ni sector privado al margen de las instituciones públicas. (...)
4) El Estado nación como fundamento. Podemos darle todas las vueltas que
queramos, pero a la hora de la verdad, solo tenemos el Estado nación y
sus fronteras. (...)
Memoria, sí, memoria. Lo entiendo y lo comprendo: el sueño europeo ha
marcado nuestra vida colectiva. Siglos de postración, de decadencia,
han ido generando un enorme complejo de inferioridad. Este relato ha
sido una constante. Se perdió el “tren” de la modernidad y solo era
posible ya la modernización. Ser como ellos, parecerse a ellos y fugarse
de una España marcada por las guerras civiles, por una oligarquía
patrimonialista feroz, de los recurrentes golpes de Estado y de la
dictadura.
El gobierno de Felipe González significó eso, la fuga de
España, de su historia, de sus tradiciones, la modernización definitiva.
Europa nos salvaría, nos financiaría y nos ayudaría a construir el
Estado de bienestar que nunca tuvimos. Todo esto se convirtió en sentido
común y en fundamento de un consenso social que todavía dura. ¿Cogido
con alfileres? Sí, pero todavía dura, sobre todo en nuestras élites
políticas.
La amargura con la que se habla hoy de Europa es muy
parecida a la que vivimos con las políticas de austeridad. Se puede
decir que estamos ante un nuevo fracaso de Europa y que, para cambiar
nuestra sociedad, hace falta partir de España como Estado nación.
Las palabras engañan; ser o no europeo no se elige, lo somos o no lo
somos; podemos complicar el modelo y hablar de varias Europas y de
diversas y contradictorias culturas nacionales. Pero no se está hablando
de Europa sino de la Unión Europea que es otra cosa, a veces
radicalmente diferente.
(...) que se ha ido configurando progresivamente en un ordenamiento
jurídico hegemónico frente a las constituciones de los Estados
singularmente considerados. Cuando se dice, como antes y ahora, que la
UE (atención, no Europa) no está a la altura de las circunstancias, es
equivocarse de análisis y olvidar la memoria histórica.La UE no
está para resolver los problemas de los ciudadanos, ni siquiera para
ayudar a los Estados a gestionar crisis económicas, pandemias o males
sociales varios.
Es pedir peras al olmo; es decir, hacer ideología y no
análisis de la correlación real de fuerzas. La UE surge y se desarrolla
para imponer una lógica social basada en las cuatro libertades (libre
circulación de capitales, personas, bienes y servicios) y en la
oposición radical al tipo de poder político surgido después de la II
Guerra mundial; es decir, al Estado social y al constitucionalismo
democrático
La UE ha hecho bien su trabajo: despolitizó la economía pública,
homogeneizó a la clase política, neutralizó el conflicto social y
constitucionalizó el neoliberalismo como el horizonte insuperable de
nuestra época. (...)
La democracia como autogobierno desaparece y es sustituida por complejos
procedimientos multinivel que consagran el control de los poderes
económicos sobre los Estados. (...)
Hay dos problemas íntimamente conectados entre sí: la crisis del
coronavirus y la necesaria reconstrucción de un país devastado
económicamente, con problemas sociales graves y moralmente sin
horizonte. Los muertos, nuestros muertos, dejarán huella y las
poblaciones no creo que estén dispuestas a pagar los costes de la
pandemia (...)
Ahora todos somos buenos y nos queremos mucho; salir como sea y
respirar. Sin embargo, el conflicto social seguirá y los poderes se
moverán para dirigir a unos países sin norte, con unas élites sin
proyecto y con la inseguridad como horizonte. Para decirlo de otra
manera, las sociedades van a cambiar y mucho. Esto es inevitable; la
dirección del cambio dependerá de la correlación de fuerzas, del sujeto
popular y de su capacidad de diseñar un proyecto alternativo de país.
Hay
que decirlo con claridad, estamos ante una situación de emergencia
sanitaria, económica, financiera y social de dimensiones desconocidas.
Se habla, una y otra vez, de economía de guerra pero se olvida lo
fundamental, que esta supone la supresión, más o menos temporal, del
mercado y una planificación imperativa de la vida económica y pública.
Hay que hacer todo lo posible y lo necesario para salir de una pandemia
que está matando a miles de personas y que pone en riesgo a muchas más.
Ahora bien, el tipo de salida a esta crisis marcará el tipo de
recuperación y de reconstrucción social en el país.
Los neoliberales
saben mucho de eso; en el 2008 volvieron a usar la crisis como medio
para imponer sus políticas, sus recortes sociales y de derechos y
subordinar a las clases trabajadoras a la lógica implacable del poder
empresarial. Esto es lo que hay que entender ahora y no dejarse engañar
por un ambiente en el que el conflicto de clase desaparece, las
contradicciones sociales se opacan y las desigualdades de renta y de
poder se difuminan.
(...) hay que solucionar la relación de la izquierda con España. No se trata
solo de disputarle la hegemonía a las derechas y a sus distintas
variantes asociadas al populismo; es algo más: construir un bloque
histórico social con voluntad de alternativa y de gobierno, teniendo
como eje un nuevo proyecto de país: Alternativa España. No será fácil y,
para algunos, sonará a utópico. (...)
. Ahora mismo, de lo que se trata es de
tomar nota de la situación con ojos limpios; no dejarse engañar por una
coyuntura marcada por el miedo y la inseguridad y proponer un proyecto
viable y posible de reconstrucción nacional, económica, ecofeminista y
socialmente avanzado." (Manolo Monereo, Cuarto Poder, 24/03/20)
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