"Está visto que la realidad es una manera eficaz de forzar a los
inmovilistas a cambiar. Si se enrocan en la misma posición corren el
riesgo de ser arrastrados por el lodo de la tragedia. La Covid-19 está
siendo un ejemplo de esto.
El Fondo Monetario Internacional, símbolo del
neoliberalismo económico, acaba de dar la vuelta como un calcetín a su
discurso. Obligó a países a despeñarse e impuso recetas de austeridad en
beneficio de los poderosos.
En su informe de primavera, publicado el 15
de abril, las recomendaciones económicas para afrontar la crisis del
coronavirus son exactamente lo contrario: parecen un texto de Keynes:
“Las políticas fiscales están a la vanguardia de la respuesta a la
pandemia de Covid-19. Las medidas fiscales pueden salvar vidas, proteger
a las personas y las empresas más afectadas del impacto económico de la
pandemia y evitar que la crisis de salud se convierta en una depresión
profunda y duradera”.
El FMI dice ahora que los Estados deben hacer grandes gastos (medidas
fiscales amplias, en el argot económico). Y explica: hay que gastar
primero para los servicios de salud y para hacer frente a la emergencia,
para proteger a las personas más afectadas y las empresas, incluso a
los sectores informales. Eso de sectores informales (también en argot)
quiere decir que hay que proteger a todos aquellos que se buscan la vida
como pueden para salir adelante y que ahora no tienen cómo.
Los Estados
deben gastar también para asegurar que las empresas pervivan con sus
trabajadores para volver a la normalidad tras la pandemia. Es decir,
asegurarse de que no despidan. Además, deben garantizar que se pueda
hacer frente a las deudas y avalar préstamos para soportar el tiempo que
dura la pandemia. Una vez que se pueda regresar al trabajo, el Estado
deberá gastar más para asegurar la recuperación.
¿No suena todo eso a las medidas que está tomando el Gobierno
“social-comunista”, como le llaman la derecha y la extrema derecha, en
España? Sus colegas del FMI, esos que impulsaron los destrozos de Rajoy,
se han enterado de que o se actúa así o ellos mismos y los
privilegiados pueden verse arrastrados por el alud de una crisis de
proporciones desconocidas. (...)
En el propio Gobierno hay quienes tardan en enterarse de que las cosas
no son como pensaban. La vicepresidenta económica, Nadia Calviño,
batalló desde el primer momento para impedir un aumento amplio del
déficit, lo que era imposible. De ahí las largas deliberaciones en las
reuniones del Consejo de Ministros. (...)
El FMI ha hecho ya su pronóstico de cuál va a ser del hundimiento
económico en cifras y el coste de la recuperación sanitaria, social y
productiva. (...)
En un solo año, la actividad económica, caería prácticamente lo mismo
que en seis años de la crisis anterior. La recesión sería general en
casi todo el mundo. La verdad es que entre las escasas virtudes del FMI
no figura la de pitonisa. Lo habitual es que no acierte en sus
previsiones. Pero puede ser tal el hundimiento que su posible error no
da esperanza de que las cosas vayan a ser mejores.(...)
En ese panorama, el FMI espera que el déficit público de España, esto
es, lo que se gasta por encima de los que se ingresa, equivalga al 9,5%
del Producto Interior Bruto. En dinero eso supone 109.000 millones de
euros (el déficit previsto antes de la pandemia era de 23.000 millones).
No es una excepción. Todos los países van a tener abultados déficit,
según espera el Fondo. E insiste en que hay que gastar mucho para
superar la catástrofe. (...)
En primer lugar, ¿quién va a pagar ese fortísimo gasto aquí y en todas
partes? ¿Emitiendo deuda del Estado, es decir, pidiendo dinero prestado a
espuertas? Puede que sí en parte, pero esa deuda habría luego que
pagarla. La historia deja muy claro cómo. En primer lugar, con
impuestos. La gente común ya tributa lo más que puede en el IRPF y el
IVA, pero no los ricos. El neoliberalismo ha impuesto desde hace 40 años
una rebaja de impuestos para ellos y para las empresas, y una política
de privatizaciones y limitación de los servicios públicos. Ahora lo
estamos pagando.
En España el tipo máximo del IRPF, el que pagaban los más ricos,
fijado en los Pactos de la Moncloa, en 1977 era del 65 por ciento. Ahora
es del 43%, es decir, 22 puntos menos.
En otros países ha ocurrido algo parecido. El caso más claro es el de
Estados Unidos. Entre 1951 y 1963, el periodo de más prosperidad del
país, las rentas más altas tributaban un 91 por ciento. Ahora pagan el
37%, es decir, 54 puntos menos. (...)
En cuanto a las empresas, sucede algo parecido. En España hace tan sólo
20 años su tipo impositivo era el 35 por ciento. Ahora es el 25%. Esto
es lo teórico. Los grandes grupos españoles pagan de media tan sólo el 6
por ciento, aplicando deducciones. (...)
El margen disponible por tanto es muy claro. Debería implantarse un
impuesto especial a las grandes fortunas para hacer frente al fuerte
gasto público necesario para superar la crisis, una tasa coronavirus. El
efecto recaudatorio sería parecido al de subir el tipo máximo del
IRPF.
Se puede alegar que los grandes potentados trasladarían su dinero a
paraísos fiscales. La verdad es que con impuestos bajos ya lo hacen. Esa
es precisamente otra vía para pagar la crisis. Si esta es mundial y
todos tendrán que aumentar en grado extremo sus gastos, es perfectamente
factible el acuerdo de todos los países para acabar con esa lacra y
repatriar los capitales escondidos. Hay que recordar que los paraísos
fiscales son pequeños Estados sin poder alguno o territorios enclavados
en los grandes países ricos. Basta con quererlo.
Hay otra vía para enjugar parte del enorme gasto que va a suponer el
coronavirus y la recuperación. Que los bancos centrales presten
directamente a los Estados. No es otra cosa que fabricar dinero y
transferirlo a cada país. Así se ahorran tener que emitir bonos con los
que se endeudan y pagan un interés. Hay un problema: el Banco Central
Europeo lo tiene prohibido. Solo puede dar dinero a los bancos privados a
cambio de bonos del Estado. De hecho, ya lo hace.
¿Por qué ese
intermediario? Cosas del pensamiento neoliberal. En Gran Bretaña, el
Banco de Inglaterra financiará en esta ocasión al Gobierno, por lo que
se viene encima. Esto, naturalmente hay que hacerlo con precaución,
porque se puede correr el riesgo de inundar el mundo de dinero, lo que
conlleva fuertes subidas de precios y, por tanto, caída del valor del
dinero.
Ahora no hay inflación ni se la espera. Además, eso ya se hace,
pero a través de los bancos, y a los Estados les cuesta
endeudarse.Estados Unidos ya calcula que destinará billón y medio de
euros para hacer frente a la catástrofe. Supone el 10 por ciento de su
PIB. Mientras, su presidente, Donald Trump, alienta a la población a
rebelarse contra el confinamiento. ¿Es un descerebrado, o un malvado
calculador populista, que espera culpar de la crisis económica a los
estados que han impuesto el encierro para protegerse de la pandemia? En
la Unión Europea casi todo está por hacer.(...)
De momento los Estados podrán pedir dinero al MEDE, el organismo creado
para rescatar países en la anterior crisis. Pero la norma dice que esto
obliga a realizar ajustes, algo ahora inaceptable. Persiste la ceguera y
las resistencias a cambiar las cosas. " (Emilio de la Peña, CTXT, 21/04/20)
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