"Recientemente, el primer ministro de Portugal calificaba como
“repugnantes” las últimas declaraciones realizadas por el ministro de
Finanzas de los Países Bajos, Wopke Hoekstra, en las que acusaba al
Gobierno de España de no haber ahorrado los suficientes fondos durante
los últimos años para hacer frente a la crisis de la Covid-19.
Mas allá
del legítimo rechazo a las palabras de Hoekstra por la insolidaridad y
por el halo xenófobo que alientan, entiendo que es fundamental intentar
describir con sosiego qué es lo que está sucediendo. (...)
Los responsables políticos de los partidos mayoritarios de los
Países Bajos, sobre todo en los últimos años, han ido configurando una
narrativa cultural hegemónica que se basa en dos elementos
fundamentales.
Por un lado, en una reafirmación paradójica del social-nativismo que
apela al pasado glorioso colonial del Estado nación, a pesar de
excepciones importantes, como los esfuerzos valientes de personalidades
como el rey Guillermo, quien, en un gesto significativo, pidió perdón
públicamente el 10 de marzo por la violencia del pasado colonial.
Por otra parte, en el impulso de una ficción nacionalista ante su
población, como si estuviera predestinada a su feliz convivencia gracias
a sus cualidades y calidades distintas a las del resto de comunidades
supuestamente rivales. Una cualidad nacional contrastada frente a los
demás, bien sea por la incompetencia gestora que les roba el bien común
(la Unión Europea), o bien por la existencia de un modo de ser cultural y
de un proceder moral opuesto e inferior al propio. (...)
Esto explica por qué han abundado también en las últimas semanas las declaraciones de algunos expertos,
como Sjaak de Gouw, director del Servicio de Salud Regional y Municipal
en Hollands Midden, que insinúan que las numerosas muertes en el sur de
Europa están directamente unidas a la supuesta falta de higiene,
civismo y disciplina histórica de estos países. La apuesta por el
“confinamiento inteligente” queda así avalada como distinta y mejor.
Dentro de esta narrativa cultural de supremacismo social-nativista,
previa a la Covid-19, el neoliberalismo de Rutte está anteponiendo el
bien económico y partidista al bien del derecho fundamental a la salud y
a la protección de todos sus ciudadanos. A pesar de lo que diga Rutte y
los que se reafirman en la superioridad moral del “confinamiento
inteligente”, los muertos están llegando, nuestros vecinos están
muriendo, los ciudadanos viven con ansiedad la posibilidad de la
infección dentro de un sistema sanitario que no está preparado y que ha
sido fuertemente privatizado.
(...) se debe evitar en todo momento situar el debate en el enfrentamiento entre ciudadanos de distintos países. (...)
Aceptar silenciosamente la indiferencia y la insolidaridad de los
privilegiados hoy nos hace más cómplices que nunca de la barbarie."
(Pablo Valdivia es catedrático de Cultura y de Literatura Europea en la Universidad de Groningen. El País, 01/04/20)
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