"Miramos la pantalla seis horas al día, si no más, y a veces lo que en
ella se refleja se nos antoja más real que todo lo que nos rodea, los
muebles, el suelo, el tónico limpiador, los platos sucios, los kleenex arrugados,
las ventanas.
Hacemos encuentros con los amigos y ahí nos tienen, con
las patatas fritas y el vino blanco, simulando que este simulacro es
normal y que estar delante de una pantalla dividida en seis pantallitas
con gente de otros países es la mejor manera de pasar un sábado al
mediodía. Menos es nada, es verdad, menos es nada. Pero los encuentros
digitales a mí me hacen sentir aún más nostalgia: del ruido, del olor de
las aceitunas, del vermut, hasta de la tele a todo trapo en los bares
de barrio.
Un brindis y dos hacia una pantalla. ¿Cómo están las cosas
por ahí? ¿Qué tal estáis? ¿Cuánto creéis que va a durar esto? Evitar
hablar de las muertes conocidas, evitar nombrar a la bicha que cada
mañana cuando despertemos seguirá ahí. Videollamadas. Videomensajes.
Cadenas de mensajes en vídeo.
Peticiones de videomensajes, cientos de
peticiones. Para el personal de una residencia. Para una chica que
cumple 23 años y está deprimida y le haría mucha ilusión. Para una
enfermera que lleva 36 horas sin descansar. Para una residencia de
artistas. Para los restauradores, los hoteles, los bares en apuros.
Grabar mensajes por un extraño del deber, sintiendo que son brindis al
sol y que al sol el brindis se la suda totalmente.
Sólo sé que, si
alguien vuelve a enviarme un vídeo de Resistiré, noto que voy a
perder los papeles. Los vídeos de gente bailando en esquinas de su casa
son de juzgado de guardia también. Grabar ahora vídeos para un festival
de cortos, que no se me olvide. Grabar. Si alguien vuelve a
entrevistarme preguntándome cómo paso la cuarentena, gritaré.
Conste que
lo entiendo, que entiendo que todo el mundo esté ahí dándole vueltas a
la cabeza sobre cómo entretenerse. Lo único que pido es que no me pongan
en el compromiso de reaccionar a sus bobadas. Tan sólo eso. Ahorradme
eso, os lo suplico. Jodidas pantallas. Jodida muerte en directo. Tantas
despedidas en esas pantallas. Tantas muertes, tantas agonías.
Ese
aprendizaje imposible: morir solo ante una pantalla. Ver morir al otro
en una pantalla. Simulacro de despedida de una muerte real. El duelo
suspendido. Duelo sin abrazos, sin manos apretando manos, sin sudor, sin
caricias, sin olor, sin frío. Duelo que flota en el aire. Una ausencia
que no se puede medir.
Un dolor metálico que no se puede asir. La
pantalla como instrumento de una narrativa sin sujeto. Cómo duelen los
ojos después de mirar tanto tiempo una pantalla. Cómo se termina
abruptamente la esperanza cuando se acaba la conexión.
Hay momentos en que el cansancio se apodera de ti y sólo quieres quitar
tus ojos de todas las pantallas del mundo y acurrucarte como una ardilla
en lo más profundo del tronco de un árbol y dormir hasta que todo
vuelva a ser como antes. Si es que vuelve el antes, si es que vuelve." (Isabel Coixet, XL Semanal)
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