"La pandemia del Covid-19 ha sacado a relucir, no sólo la nobleza y
abnegación de aquellos que luchan contra esta enfermedad, que sacude los
cimientos de nuestra civilización; sino también la conducta miserable
de algunos gobiernos, que inmutables violan los derechos de millones de
seres humanos.
Estos
días, los medios de información, han detallado las acciones del
gobierno estadounidense, principalmente, en materia de expoliar
materiales sanitarios y equipamiento médico destinados a proveer de
estos elementos a países como Alemania, Francia, Canadá entre
otros. (...)
Y, finalmente coratr el
apoyo financiero a la Organización Mundial de la Salud (OMS)
Una
conducta de piratería versión siglo XXI, que signa el tipo de
pensamiento que anima a administraciones como la de Donald Trump, que
no duda en pasar por encima del respeto al derecho internacional,
incluso si sus víctimas son socios y aliados.
El gobierno alemán, a
través de su canciller Angela Merkel, por ejemplo, reaccionó
indignado frente a la incautación de 200 mil mascarillas del tipo
FFP2 compradas y pagadas a un proveedor estadounidense (pero
fabricadas en China) incautadas en el aeropuerto de Bangkok, la
capital de Tailandia. El Senador por Berlín Andreas
Geisel no fue tan diplomáticoy acusó a Estados Unidos de cometer un claro acto de piratería
“nuestro gobierno debería exigir que Estados Unidos respete las
reglas internacionales, incluso en tiempos de crisis global, no
debería haber métodos del “salvaje oeste”
Francia,
por su parte, otro aliado político, militar y económico de Estados
Unidos, declaró, a través del Gobernador de la región de Provenza,
Renaud Muselier que Washington, haciendo gala de su potencia
económica y falta de escrúpulos, compró a un precio cuatro veces
superior una carga de millones de mascarillas clínicas (en la pista
del aeropuerto chino), que ya habían sido pagadas por el gobierno
galo y que estaban a punto de despegar rumbo a la nación gala.
París, para no ser menos en estos combates llevado a cabo por
corsarios modernos, se apropió, un día después del hecho
denunciado contra Estados Unidos, de un cargamento de 4 millones de
mascarillas compradas por la empresa sueca Mölnlycke a China y que
llegaron al puerto francés de Marsella, para ser destinadas a España
e Italia. Posteriormente, las autoridades galas sólo permitieron la
salida de la mitad de la carga, el 50% restante fue parte del botín
de guerra.
La
escalada de piratería no se quedó sólo en ganar el quien vive y
expropiar cargas o pagar más por ellas en la losa misma de los
aeropuertos. Washington a través de la llamada Ley de Defensa de la
Producción, el día 3 de abril, definió con la multinacional 3M,
que debía dejar de exportar mascarillas y otros equipamientos
(incluyendo ventiladores mecánicos) tanto a Canadá como
Latinoamérica.
El primer ministro canadiense Justin Trudeau
respondió duramente
señalando que Canadá podría impedir que miles de profesionales
sanitarios canadienses, que cada día cruzan la frontera para
trabajar en hospitales estadounidenses en ciudades como Detroit,
viajen a cumplir sus funciones si se interrumpe el comercio de
productos como las mascarillas N95” (...)
“En las últimas semanas, hemos comprado y
entregado a Israel decenas de miles de hisopos, máscaras, trajes
protectores para el personal médico y más (…) Un millón de
mascarillas, adquiridas en China, fueron trasladadas rápidamente (…)
para que el ejército israelí las use en los próximos días”,
confesó Limor Kolishevsky, jefe de la División de Compras y
Logística de Nueva York.
Un Israel afectado con 11 mil contagiados y
120 muertos y mientras continua, criminalmente, la ocupación y
colonización de Palestina, afectando a su pueblo que está, no sólo
bajo el peligro del virus Covid-19 sino también uno más más
peligroso como es el Sion-48.
Piratas y criminales se unen para seguir asesinando al pueblo
palestino, como también al pueblo yemení, iraquí, afgano, sirio,
en estas guerras que no se detienen a pesar d ela pandemia. Y, no lo
harán pues el negocio de las armas es multimillonario.
Para
medios de información internacionales
“las empresas productoras chinas están dando prioridad a los
compradores estadounidenses, que pagan más y al momento. Esto, sobre
todo, porque Washington ha levantado restricciones, les ha dicho a
las empresas que tengan o no tengan certificados que envíen sus
productos. Por eso se producen la inmovilización de la salida de
productos desde el aeropuerto de Beijing.
Se está dando prioridad,
sostiene productores de la ciudad de Guangzhou, a los compradores
estadounidenses por una razón muy profana y pragmática: pagana al
contado y tres a cuatro veces más que otros compradores de productos
tales como mascarillas, termómetros infrarrojos y test de detección
del covid-19” (...)
“El brote del coronavirus mostró
nuevamente a todo el mundo la cara antihumana y racista de los
Gobiernos occidentales, especialmente Estados Unidos, y expuso que,
ante los beneficios de sus capitalistas, incluso la vida de sus
propios ciudadanos no vale nada” atendiendo con ello las constantes
alusiones de Trump respecto a que es necesario no seguir dañando la
economía, cuando ese país tiene ya 600 mil contagiados y ha
sobrepasado a Italia en cantidad de muertos por la pandemia, 21 mil
en el último recuento entregado por la Universidad Johns
Hopkins.
El
mal ejemplo estadounidense ha influido en países como Turquía, país
que a inicios del mes de abril, bloqueó la salida de medio millar de
ventiladores mecánicos comprados por comunidades autonómicas
españolas, para el cuidado de los enfermos por el Covid – 19 que
en el país peninsular ha significado la muerte de 18 mil personas. A
fines del mes de marzo se denunció que el gobierno checo había
requisado 700 mil mascarillas quirúrgicas y un par de centenares de
respiradores artificiales, parte de cuyo stock de productos habían
sido una donación del gobierno chino a Italia que en ese momento
presentaba el mayor número de contagios y muertes por la pandemia.
Igualmente a fines de ese mes el gobierno alemán denunció que en el
aeropuerto de Nairobi, Kenia, habían desaparecido 6 millones de
mascarillas que iban con destino al país europeo. Las flotas piratas
inundaban el mundo, quien más o quien menso con sus billeteras
rebosantes ofrecían llevarse la carga del vecino.
Estos
ejemplos se multiplican y muestran la verdadera falta de solidaridad
y colaboración en la lucha contra la pandemia, usando más bien la
política de las chequeras, que la coordinación y apoyos que la
propia Organización Mundial de la Salud (OMS) pueden llevar a cabo. (...)" (Pablo Jofré Leal, Rebelión, 24/04/20, fuente: Segundo paso)
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