"(...) hemos empezado a escuchar discursos inquietantes. Hemos oído a jefes de
gobierno decir que era necesario aceptar que la epidemia diezmase a la
población de mayor edad con tal de no entorpecer la marcha de la
economía instaurando medidas de confinamiento. Incluso ha habido
llamamientos al patriotismo de los mayores, que debían estar dispuestos a
sacrificarse por el bienestar de las futuras generaciones.
De algún
modo, con la pandemia, asistimos al retorno de un lenguaje y unas
nociones que pensábamos enterradas para siempre por la historia: “clasificación”
de las personas según categorías humanas, darwinismo social – una
suerte de selección natural, mediante la cual la enfermedad expurgaría
la sociedad de los elementos débiles o inútiles que sólo son un “lastre”
para ella… La tentación de hacer de todo eso una política eugenésica
podría estar más cerca de lo que nos gustaría creer en medio de esta
crisis de valores, súbitamente revelada por el virus.
Una circular
interna de la consejería de salud de la Generalitat recomendaba
abstenerse de brindar determinadas atenciones médicas a las personas
mayores en función de la escasa rentabilidad de dichos tratamientos.
Empiezan a manifestarse serias dudas sobre si se ha bloqueado la
hospitalización de ancianos y se les ha dejado morir en las precarias
condiciones de las residencias.
Y – ¡atención! – no estamos hablando de
la “medicina de guerra” que a veces los profesionales se ven
obligados a practicar en sus servicios durante algunos momentos álgidos,
tomando en conciencia graves decisiones, caso por caso. No, hablamos de
una instrucción genérica que hace de un único dato, la edad – que
debería conjugarse con otros muchos parámetros a la hora de tomar
decisiones acerca del tratamiento médico más adecuado – el factor
determinante de la actuación sanitaria.
Desde que salió a la luz
pública, ningún responsable ha reivindicado esa circular. En cualquier
caso, si realmente sólo hubiera sido un “desliz” a cierto nivel del departamento, no dejaría de resultar significativo e inquietante en la medida que conecta con un siniestro “air du temps”. ¿Cómo justificar la discriminación negativa de ciudadanos y ciudadanas atendiendo a su edad? (...)" (Lluís Rabell, blog, 15/03/20)
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