22.5.20

Cuando el virus ha llegado, se ha encontrado con muchísimas empresas, grandes y pequeñas, que estaban en la situación de no poder soportar siquiera un imprevisto... en EEUU, en el momento en que se alcanzan cifras récord de desempleados, Wall Street tiene el mejor mes en 33 años... EEUU ha puesto en circulación una enorme cantidad de dinero cuyos destinatarios principales son grandes empresas en dificultades, lo cual ayuda a que las bolsas suban

"(...)  El virus era imprevisible, y buena parte de las dificultades para lidiar con él provienen del desconocimiento. Pero con la economía no ocurre así: el virus económico estaba aquí ya, lo único que hacía falta era que un acontecimiento abriera la puerta para que comenzase a enfermar a todo el mundo.

La economía del 90%

Hay elementos de la crisis poco comprensibles. Las previsiones sobre la caída del PIB se estiman en más o menos un 10%. ‘The Economist’ lo llama la economía del 90% y anticipa que será catastrófica. Pensado en términos abstractos, y estableciendo una relación con la economía familiar, con una de esas metáforas que tanto agradan a los expertos, no parece un enorme problema. 

Estamos inmersos en una crisis sanitaria, con medio mundo encerrado en su casa, sin poder trabajar, y el resultado final va a ser un 10% menos. Parece asumible. Debería ser asumible. Se ingresaría un 10% menos, se gastaría menos, nos apretaríamos el cinturón un tiempo y se emergería con fuerza. Desgraciadamente, las cosas no funcionan así, porque el mercado y la familia tienen lógicas distintas, y porque, de tener alguna correspondencia, la solución solo valdría para aquellas familias que no vivieran al día.

Lo malo es que la mayoría de ellas, familias y economías, vivía con el agua al cuello. La Fed suele hacer una encuesta en la que se pregunta a los estadounidenses si posee fondos suficientes para hacer frente a un gasto imprevisto de 400 dólares. En la última, el 40% contestó que no podría pagarlo sin vender algo o pedir dinero prestado. Y no es solo una situación privada, es un mapa general.

Los imprevistos

No eran solo los particulares: una parte importante de trabajadores y de pequeños empresarios vivían al límite, en EEUU, en España y en gran parte de Occidente, y la pandemia ha provocado que lo rebasen: las quiebras que vendrán a partir de ahora, así como las dificultades de subsistencia, tienen que ver con la imposibilidad de asumir más gastos y más deuda.

 Era una situación paradójica, porque al mismo tiempo que esos sectores pasaban dificultades, las grandes empresas vivían una oleada de dividendos y de recompras de acciones que proporcionaban más riqueza a sus accionistas. Sin embargo, y esto es importante para entender la presente crisis, tales flujos de beneficio no mejoraron la situación de las firmas; más al contrario, aquellas transferencias de fondos hacia los accionistas no fueron gratis, porque tuvieron el efecto de endeudar a esas compañías y de colocarlas en una posición débil.

 De modo que, cuando el virus ha llegado, se ha encontrado con muchísimas empresas, grandes y pequeñas, que estaban en la situación de no poder soportar siquiera un imprevisto, por seguir con el ejemplo, de 400 dólares al mes.

La acción de los Estados

La pandemia ha supuesto un parón en seco para unas empresas que tenían que correr permanentemente para seguir, con suerte, en el mismo sitio. Y lo que nos hemos encontrado con ella ha sido muy llamativo, porque es lo mismo que antes pero más acentuado: en EEUU, en el momento en que se alcanzan cifras récord de desempleados, Wall Street tiene el mejor mes en 33 años.

Esta divergencia está siendo posible gracias a la acción estatal para mantener viva la economía. EEUU ha puesto en circulación una enorme cantidad de dinero cuyos destinatarios principales son grandes empresas en dificultades, lo cual ayuda a que las bolsas suban; por el contrario, los fondos para las pequeñas firmas son bastante más difíciles de conseguir y están muy por debajo de lo que se necesitaría para recuperar la actividad pronto. 

En esas circunstancias, Larry Fink, CEO de BlackRock, la mayor empresa de gestión de activos del mundo, y la que está gestionando los gigantescos programas de la Fed para comprar deuda corporativa y activos respaldados por hipotecas, afirma que “una cascada de bancarrotas golpeará la economía estadounidense”. Ya que es juez y parte, quizá deberíamos creerle.

Esta es una tendencia generalizada. (...)"         (Esteban Hernández, El Confidencial, 08/05/20)

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