"Hacía seis años que José Luís Moscoso no recurría a los
servicios sociales. Mientras hace cola junto a más de cien personas para
recibir la comida del día en la Estación del Norte, en Barcelona,
explica que la poca estabilidad de que gozaba gracias al encadenamiento
de varios empleos se quebró el 14 de marzo.
"Llevaba unas semanas como
ayudante de cocina y me echaron, porque estaba en período de prueba.
Ahora no ingreso nada", reconoce.
A sus 55 años, este
colombiano de origen vive en casa de unos amigos que le dejan una
habitación, en el barrio de Virrei Amat. Como él, cientos de
personas que habían logrado alejarse del circuito social de ayudas han
vuelto estos días. Otros acuden a una cola de comida por primera vez en
sus vidas, como Bryan Soto y Michelle Laínez, una pareja treintañera
hondureña que lleva un año en la ciudad. Con ellos departe José Luís a
la espera de que les repartan los tickets de comida.
Ingeniero él, ella profesora, están en trámites de
regularizar su situación por asilo político y sobrevivían mientras tanto
con empleos esporádicos y en negro. "Llevábamos cinco meses trabajando
por días, metiendo publicidad en buzones, pero nos dijeron que no nos
volverían a llamar", lamentan. Su principal preocupación ahora mismo es
cómo van a pagar este mes de abril los 450 euros de la habitación en la
que viven realquilados. No tienen ahorros.
Las colas para recibir un plato caliente, o un pack de
alimentos básicos, proliferan en las grandes ciudades como Barcelona,
al tiempo que sus servicios sociales se multiplican para atender la
enorme demanda. En la capital catalana, el Ayuntamiento reparte 9.389
comidas diarias en distintos puntos de la ciudad, esto es un 146% más
que los 3.810 que se daban en los comedores sociales y en domicilios
antes de que estallara la epidemia. A ello hay que añadir 20.000
cestas de lotes alimentarios que hizo llegar el martes a mayores de 70
años dependientes o sin apoyo familiar y a enfermos crónicos.
"El
reparto de comida no es nuestro modelo de servicios sociales, pero se
ha vuelto necesario", reconocía este viernes la concejal de Salud de
Barcelona, Gemma Tarafa, que advertía que la actual avalancha es
solamente la "punta del iceberg" de la emergencia social que vendrá en
los próximos meses. Para paliarlo, han más que duplicado también las
ayudas económicas directas a familias, un 158% hasta los 1,8 millones de
euros, pero piden soluciones a medio plazo, como el ingreso mínimo
vital o que se regularice la situación de los migrantes sin papeles. (...)
Este viernes un grupo de 20 redes vecinales que se han organizado para
dar apoyo a las familias necesitadas de su entorno aseguraba que desde
los servicios sociales les están derivando casos porque no dan abasto.
No solo en Barcelona, sino en la mayoría de ciudades metropolitanas.
También denunciaban el colapso de los teléfonos de los centros de
servicios sociales, que en la capital catalana han recibido casi 10.000
llamadas desde el inicio de la crisis. (...)
Una de las personas que no ha podido contactar con los
servicios sociales es Maribel, vecina del barrio del Poble-sec y madre
de una adolescente de 15 años. Hasta febrero se dedicaba al cuidado de
dos ancianos, pero murieron ambos. "Les he llamado varias veces pero no
consigo que me cojan el teléfono", protesta.
El doble de atenciones diarias
Más
allá del despliegue de Barcelona, cuyos servicios sociales han atendido
estas semanas 27.000 personas –un tercio de las que suelen asistir en
todo un año–, la demanda se ha disparado en muchos otros municipios.
Desde consistorios como L'Hospitalet de Llobregat, Terrassa o Badalona
corroboran que son principalmente las peticiones de comida las que se
han multiplicado.
Los primeros aseguran haber
entregado comidas preparadas a 1.274 familias. También en este
municipio, el segundo más grande de Catalunya, entidades como el
Sindicato de Inquilinos o el Ateneu la Iaia aseguran que servicios
sociales les está derivando a decenas de personas a la red de reparto de
alimentos que han montado. "Son las mismas familias las que nos dicen
que les han enviado aquí, es desolador", sostiene Míriam El Kholtei, una
de las integrantes del colectivo.
Desde el
Ayuntamiento lo niegan, aunque los trabajadores aseguran que sí ha
ocurrido en algunas ocasiones. "No estábamos preparados para gestionar
esta demanda y, por mucho que queramos, los profesionales no damos
abasto", reconoce Isabel Marcos, delegada sindical de CCOO. En su
distrito, el de Santa Eulàlia, antes atendían a unas 18 personas a la
semana, con todos sus trámites. "Ahora estamos entre las 8 y las 12 al
día", pone como ejemplo. (...)
En la diócesis de Barcelona, donde atienden a unas 30.000
personas al año, han abierto una línea telefónica a la que han llamado
ya 7.000 personas, de las cuales la práctica totalidad nunca había
recurrido a la entidad y el 84% pedía comida. Para
Salvador Busquets, director general de la entidad, la demanda repentina
de comida supera la de la crisis de 2008. "Entonces la gente perdió su
casa, pero podía ir buscando trabajos precarios... Ahora estos han
desaparecido y no puede buscarse la vida de ningún modo. La gente tiene
hambre", asegura.(...)" (Pau Rodríguez, eldiario.es, 24/04/20)
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