"El hundimiento económico provocado por la pandemia del
coronavirus ha provocado algunas reacciones inesperadas. La del
multimillonario norteamericano Leo Cooperman es una de ellas.
"Creo que
todo por lo que vamos a pasar tendrá unas consecuencias muy claras a
largo plazo. La número uno: el capitalismo tal y como lo conocemos cambiará probablemente para siempre",
dijo el máximo responsable de un fondo de inversiones que trabaja
exclusivamente para personas y compañías muy ricas. El patrimonio
personal de Cooperman supera los 3.000 millones de dólares.
Cooperman
ve claro que el efecto inmediato de la crisis pasará por un aumento de
las regulaciones ordenadas por el Estado y por el incremento de
impuestos. "Cuando se reclama al Gobierno que te proteja cuando las
cosas van muy mal, tienen todo el derecho a regularte si las cosas van
bien", explicó al referirse a las ayudas que sólo en EEUU terminarán
alcanzando billones de dólares.
Su razonamiento no carece de lógica, pero también se
decía lo mismo después de 2008. Lo que acaba de ocurrir en Estados
Unidos con el primer paquete importante de ayudas a la pequeña empresa
indica hasta qué punto el sistema político es capaz de conseguir que
salgan ganando los mismos de siempre, es decir, las corporaciones que
cuentan con más fondos y especialmente con más influencia en las
instituciones.
El programa Paycheck Protection Program
(PPP) aprobado por el Congreso pretendía ayudar a pequeñas y medianas
empresas a que sobrevivieran al primer impacto de la crisis. Como se
puede apreciar por su primera palabra (nómina), debía servir para que
los trabajadores no fueran despedidos y mantuvieran sus salarios.
Se
trata de un programa de préstamos que se convierten en subvenciones si
la empresa no puede devolverlos y demuestra que el dinero recibido se ha
utilizado en ocuparse de los costes laborales o de alquiler. La
dotación total era de 349.000 millones de dólares. Era, porque ya se
consumió entero.
La rapidez con que se esfumó dice
mucho de la catástrofe económica que se está viviendo. Eso sólo es una
parte de la historia. A diferencia de lo que opina Cooperman, el
capitalismo tal y como se conoce en EEUU sabe reaccionar con mucha
rapidez pulsando las teclas que siempre han funcionado.
La
sorpresa –si se le puede llamar así– se extendió al saberse los nombres
de algunas empresas beneficiadas. Shake Shack, una cadena de
restaurantes con 200 locales por todo el mundo y 595 millones de
ingresos en 2019, recibió diez millones gracias al PPP (los devolvió después
tras las críticas recibidas). No tenía problemas de liquidez. Obtuvo
150 millones unos días después con la emisión de sus acciones en Bolsa.
Otras compañías de características similares, y que también cotizan en bolsa, recibieron también el máximo permitido,
como Potbelly, Quantum y Hallador Energy, o a veces más si una de sus
filiales había hecho la misma petición de fondos. El sector más
beneficiado fue el de la construcción, con un 13,1%. Resultó favorecido
por su estrecha relación con los bancos, que son quienes gestionan la
solicitud de ayudas y que les dieron prioridad, según un análisis de
KBW.
¿Dónde estaba el truco? Las empresas debían tener una
plantilla máxima de 500 trabajadores, un límite de entrada muy alto para
las pymes. Gracias a una enmienda en el Senado promovida por las
empresas de lobby que trabajan para el sector de la restauración, ese
límite se aplicaba al personal que trabajara en cada una de sus
instalaciones. Hay pocos restaurantes que cuenten cada uno de ellos con
más de 500 empleados. Uno de los senadores que promovió esa enmienda fue
el republicano de Florida, Marco Rubio.
Entre los beneficiados estaba un amigo del partido.
Empresas propiedad del millonario Monty Bennett recibieron en total 59
millones. Una de ellas tiene 100 hoteles por todo el país y ninguno de
ellos tiene en solitario medio millar de trabajadores. La enmienda le
encajaba como un guante. ¿Cómo no ayudar a Bennett que había donado
150.000 dólares al comité de reelección de Donald Trump y otros
candidatos republicanos en los últimos seis meses?
El
programa se adjudicaba por estricto orden de llegada. Las corporaciones
que tienen en nómina a un nutrido grupo de abogados y contables expertos
en sacar subvenciones a la Administración y con mejores relaciones con
los bancos salieron beneficiadas. Las auténticas pequeñas empresas
descubrieron que los fondos asignados al programa se habían agotado
cuando les llegó el turno.
Las protestas posteriores
causaron indignación a algunos políticos, en algunos casos bastante
impostada. Como era de esperar, Marco Rubio, uno de los responsables de
los cambios introducidos para beneficiar a las corporaciones, ha sido de
los que más ha protestado. Esta semana, las dos cámaras de Congreso han
aprobado otra dotación de 320.000 millones para el PPP. Se ha reservado
60.000 millones para las empresas más pequeñas que no tienen un
historial crediticio con bancos y que habían quedado relegadas en la
primera ronda. ¿La enmienda con el máximo de 500 trabajadores por
localización? Esa se queda.
Como el organismo federal que canaliza los fondos no tiene la
infraestructura necesaria, los bancos han sido los encargados de hacer
de intermediarios. Prestan el dinero y si las empresas no pueden
devolverlos, el Estado lo hace por ellas. El PPP les permite cobrar al
Gobierno una tasa del 5% por préstamos de menos de 350.000 dólares, un
3% por los de menos de dos millones y un 1% por los de más de dos
millones. Se calcula que ganarán miles de millones por su intervención. Ellos son los primeros beneficiados en este paquete de rescate.
Los trabajadores de a pie no están en esa posición. Los
de abajo no tienen bancos que les ayuden y quien debe hacerlo no da la
talla. Son los estados los que deben tramitar sus solicitudes para
recibir el subsidio de desempleo incluido en el paquete de rescate de la
economía que llega a dos billones de dólares.
El caso más lamentable es
el de Florida, donde sólo 33.000 trabajadores lo han recibido hasta
fechas muy recientes, cuando la cifra total de solicitantes es de
650.000, ya que los funcionarios del Estado están sobrepasados. En
California y Texas, dos tercios de los peticionarios están en lista de
espera, según datos recopilados por la agencia AP. El porcentaje en Nueva York es del 30%.
¿A
qué se debe el retraso especialmente claro en Florida? "El sistema está
diseñado para que sea un completo fracaso. ¿Por qué? Porque hace que
los políticos salven la cara al pretender que menos gente se apunta al
desempleo, cuando la realidad es que, incluso antes de la pandemia, la
gente lo tenía muy difícil no solo para hacer la solicitud sino para
recibir el subsidio", dice a AP una senadora estatal de Florida.
Sólo
se podría solucionar ahora este atasco si los gobiernos de los estados y
las ciudades recibieran ayuda federal para dar salida a estas
peticiones. Los republicanos se niegan.
No hay tal
problema con las líneas aéreas, que están entre las corporaciones con
más capacidad de presión en Washington. Robert Reich, secretario de
Trabajo en los 90, hizo las cuentas: "Se ha gastado 50.000 millones de
los contribuyentes para rescatar a la industria de las líneas aéreas que
es casi lo mismo que los 48.000 millones que ellas se han gastado desde
2010 para comprar en bolsa sus propias acciones" (y que no caiga la
cotización).
Reich terminaba el tuit escribiendo: "Socialismo para los ricos, capitalismo duro para el resto".
De momento, parece que el pronóstico del millonario Leo Cooperman está lejos de cumplirse." (Íñigo Sáenz de Ugarte, eldiario.es, 24/04/20)
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