"Van a venir malos tiempos para el empleo y para la mayor parte de las empresas, y la única duda reside en si va a ser una época difícil o nefasta.
Para salir de ella, circula recurrentemente una receta,
asumida en distintos grados por todo tipo de ideologías: la innovación,
la tecnología, la investigación y la creación de valor añadido van a
ser el camino de salvación. Los trabajadores y las empresas que sepan
adaptarse lograrán salir de la crisis y lo harán reforzadas. (...)
Lo malo de estas recetas es que constituyen una fórmula banal y
simplista para salir de la crisis, a menudo no son ciertas y además resultan contraproducentes si se quedan únicamente en el enunciado. (...)
En gran medida, son ideas que siguen en el marco de la meritocracia,
otro de los conceptos centrales de nuestra época: los más capacitados y
quienes muestran mayor inventiva son quienes logran buenos trabajos o
ponen en marcha empresas sólidas, y así ocurrirá también en la crisis
con los empleos y las pymes. (...)
Lo malo es que se confunden intenciones y hechos, porque la vida no funciona así.
Los
trabajos mejor remunerados son buen ejemplo de esta confusión entre
deseos y realidades. Acceder a ellos implica una formación que es mucho
más sencillo que posean aquellos que cuentan con el capital preciso, el
que les permite disponer de tiempo y medios para cursar sus estudios en
centros de prestigio.
En segunda instancia, es probable que quienes
tengan un punto de partida social mejor cuenten con los 'habitus' y las
habilidades relacionales exigidas para esos empleos.
Y en tercer lugar, esa posición también permitirá que, incluso en
igualdad de méritos, el número y cantidad de relaciones personales con
las que se cuente inclinen la balanza. (...)
El error de fondo consiste en pensar que el mérito puede hacerse valer cuando no existe el contexto adecuado. Por seguir con el ejemplo, un CV puede servir de algo solo cuando las circunstancias lo permiten.
Si existen 100 optantes para 10 puestos, es bastante probable que se
los lleven quienes tienen los mejores contactos, (como suele ocurrir en
la realidad, según la autora de 'Pedigrí', Lauren A. Rivera).
Si hubiera 100 optantes para 60 puestos, sería mucho más sencillo que
la capacidad se valorase, porque ahí se tendrían en cuenta variables muy
diferentes. (...)
Con las empresas, ocurre igual. Si el contexto no es el adecuado, muchas de ellas se convierten en ‘marionetas contra gacelas’: les resulta muy difícil acceder a la financiación, no pueden diversificar el negocio ni los riesgos y no tienen poder de mercado.
Esa situación provoca que dependan mucho menos de la innovación que del
poder adquisitivo del entorno en el que se desenvuelven, y de que el
mercado no esté tan concentrado como para limitarles enormemente las opciones. (...)
El problema no será el grado de innovación que apliquen, ni su inventiva, sino la cantidad de dinero
del que disponga la gente; tampoco serán decisivas las cualificaciones
que se reflejen en el currículo, sino el número de trabajos a que se
puede optar. (...)
El gran cambio consistiría en modificar el escenario, de modo que
existiera más trabajo y hubiera más dinero, no en instar a la gente a
que sea más creativa. Puede argumentarse que es complicado, pero también
convendría coincidir en que resulta necesario. Si algo ha demostrado la
pandemia, es que necesitamos más personal sanitario, más profesores,
más cuidadores y más medios, en distintos ámbitos de las
administraciones públicas.
Necesitamos que la producción regrese a
España, y en algunos ámbitos de forma estratégica, porque todo se
fabrica fuera y cuando lo necesitamos con urgencia no está; necesitamos,
además, que España se reindustrialice, y hay sectores no estratégicos
que tienen potencial de desarrollo; es preciso mantener el empleo que tenemos,
porque España debería seguir siendo una gran potencia en turismo, que
es una de nuestras fortalezas, y deberíamos desarrollar sectores, como
las renovables, en los que nuestro país tendría recorrido.
Hay
oportunidades y necesidades, de modo que donde necesitamos creatividad e innovación es en las fórmulas para crear trabajo. Eso traerá recursos a las personas, y hará que la economía vaya bien.
La otra fórmula la conocemos,
y es la que más probablemente se lleve a cabo: generar recursos vía
impuestos que se destinarán a pagar la deuda, una reindustrialización
que consistirá en relocalizar algunas fábricas en países del Este
e insistir en la digitalización, en la innovación y en la adaptación,
un buen sinónimo de “os hemos dejado solos, haced lo que podáis y el que
sobreviva que lo cuente”." (Esteban Hernández, El Confidencial, 18/05/20)
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