"En menos de veinticuatro horas se han producido cuatro declaraciones muy
importantes que reflejan que la Unión Europea está metida en un
auténtico galimatías. Se suceden las tomas de posición contradictorias
y, en el río revuelto, Francia y Alemania se ponen de acuerdo para
reforzar su dominio y allanar el terreno a sus grandes empresas.
(...) las dos primeras potencias de la Unión Europea comunicaron su acuerdo
para crear un fondo, vinculado a los presupuestos, de 500.000 millones
de euros y destinado a financiar la reconstrucción de los sectores y
regiones más afectados (mediante subvenciones y no créditos) orientados a
impulsar y acelerar la transición ecológica y digital y el
fortalecimiento de la capacidad y soberanía económica e industrial
europea.
No cabe duda de que se trata de una decisión extraordinaria, pues
supone un incremento sin parangón en el presupuesto de la UE aunque, eso
sí, de carácter "temporal y específico". Como también es destacable que
permita financiar la reconstrucción sin necesidad de aumentar la deuda
de los países que los reciban, y a pesar de que el comunicado no habla
de Estados que vayan a recibir las subvenciones sino de regiones y
sectores (empresas), para dar cabida así a las del norte de Europa.
Pero, siendo una noticia positiva en esos aspectos, hay que decir que es
inadecuada e insuficiente en el momento en el que estamos.
Sería una medida extraordinaria y quizá suficiente en tiempos
normales, pero no en los de emergencia actuales. El Parlamento Europeo
acaba de reclamar un fondo cuatro veces más grande, España había
propuesto uno tres veces más cuantioso y alguien tan moderado como el
eurodiputado de Ciudadanos Luis Garicano había pedido hace poco el doble
de dinero.
¿Cómo se explica que ahora el presidente del Parlamento,
Pedro Sánchez o Garicano celebren y aplaudan un acuerdo de Merkel y
Macron muy por debajo de lo que decían que era necesario? ¿Nos engañaron
antes haciendo sus cálculos o ahora, aceptando una cuantía tan reducida
respecto a sus pretensiones?
La dotación del fondo es a todas luces insuficiente si se toma en
consideración la caída del PIB que se está produciendo en toda Europa. (...)
El problema que pueden tener España e Italia es que no lleguen sanas y
salvas, sino con miles de empresas menos, a la reestructuración; a
diferencia de lo que ocurrirá con las economías del norte de Europa que
(con la ayuda desigual de las ayudas estatales que les aprueba la
Comisión Europea) están aprovechando esta crisis para capitalizar sus
empresas.
Como he dicho ya en varias ocasiones, lo que ahora se necesita no es
ayuda futurible para reconstruir sino garantizar desde ya que la
economía no se destruya, que las empresas no mueran y puedan
reactivarse, sobre todo, en Italia y España. Y eso no lo garantiza este
nuevo acuerdo. El eje franco-alemán da por hecho que esas dos economías
van a caer y lo que hacen Alemania y Francia es prepararse para
reconquistar y reforzar su dominio en Europa.
La clave está en tres palabras del comunicado de la reunión:
"soberanía económica e industrial". Un objetivo que ni las dos grandes
potencias, ni las instituciones que dirigen la Unión Europea, nunca han
entendido en el sentido de una soberanía europea compartida
efectivamente por todos los Estados miembros, sino como la ejercida por
sus exclusivos gobiernos (otro acuerdo bilateral al margen de los demás
es la prueba) y por los grandes "campeones europeos", es decir, por sus
grandes empresas.
Lo que, una vez más, buscan Alemania y Francia no es
otra cosa que allanarles el terreno en los mercados europeos
aprovechando que la Covid-19 para por Europa. Eso es lo único que les
importa y lo que, en realidad, se está cociendo en los despachos
europeos.
Si Francia ha renunciado a generar un eje alternativo al que gira en
torno a Alemania, España, Italia, Portugal y Grecia no deberían
renunciar a defender sus intereses comunes. Por dignidad nacional y por
razones económicas, nos costará muy caro no hacerlo." (Juan Torres López, Público, 19/05/20)
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