"Aun cuando la pandemia del COVID-19 sigue haciendo estragos, la especulación ha virado a cómo será la sociedad después. (...)
Según el nuevo consenso emergente, estarán a favor de una mayor
intervención del gobierno para estimular la demanda (inyectando billones
de dólares en la economía), proteger a los trabajadores, expandir la
atención médica y, por supuesto, hacer frente al cambio climático. (...)
A falta de una coordinación federal, los estados norteamericanos han
venido librando una guerra de apuestas entre sí por los escasos
suministros médicos provenientes de China. En tiempos normales, los
mercados competitivos asignarían estos bienes de manera más eficiente.
Pero, en una emergencia sanitaria, los mercados pueden no funcionar del
todo bien y asignar bienes según la capacidad de pago de los compradores
y no de acuerdo a su necesidad; los estados ricos comprarían todos los
respiradores y los kits de testeo, dejando a los estados más pobres sin
nada.
La capacidad del país de contener la pandemia se vería afectada.
En esta situación, una adquisición centralizada podría mantener los
precios más bajos, permitiendo potencialmente una distribución basada en
la necesidad. Pero “podría” y “potencialmente” son las palabras
operativas.
Si un gobierno central tiene motivos cuestionables o
simplemente es incompetente, el cálculo cambia. Como hemos visto en
Brasil, México, Tanzania y Estados Unidos, cuando los jefes de gobierno
minimizan los peligros de la pandemia, pueden infligir un daño considerable a la respuesta de su país. (...)
Dado que los extremos de centralización y descentralización pueden ser
problemáticos, un terreno medio coordinado puede funcionar mejor. El
gobierno federal podría establecer estándares mínimos para cerrar y
abrir, dejando la decisión real en manos de los estados y las
municipalidades. Dicho esto, si ha de haber una inclinación, debería ser
hacia la descentralización, siguiendo el principio de subsidiaridad,
por el cual los poderes se delegan al nivel administrativo más bajo
posible que resulte efectivo.
Hay motivos importantes para estar a favor
de una descentralización manejada cuidadosamente. No sólo los miembros
de entidades políticas más pequeñas tienden a enfrentar problemas
similares; también suelen demostrar una mayor solidaridad social y
política, lo que les facilita trabajar en conjunto y encontrar
soluciones.(...)
Y la gente siente una mayor sensación de participación en las decisiones
tomadas por sus organismos elegidos o nombrados localmente. Este
empoderamiento puede ayudarlos a diseñar políticas que se beneficien de
los mercados nacionales y globales, en lugar de estar a merced de ellos.
Es por este motivo que, cuando diseñamos políticas para favorecer la
recuperación y fortalecer la salud, la educación y los sistemas
regulatorios post-pandemia, también deberíamos pensar en quién tomará
las decisiones y dónde.
Por ejemplo, un porcentaje justo de inversión de
estímulo en infraestructura debería tomar la forma de subvenciones en
bloque a las comunidades, que están en mejor posición para asignar
fondos de acuerdo con la necesidad. Y si bien las políticas climáticas
nacionales no se pueden determinar de manera separada en cada comunidad,
al menos pueden reflejar un consenso de abajo hacia arriba.
El creciente autoritarismo en el mundo refleja un anhelo generalizado de
líderes políticos carismáticos con quienes la gente común se pueda
identificar. Estos demagogos han utilizado su respaldo popular para
evitar controles y contrapesos constitucionales, llevando a sus países
por caminos ruinosos. Expandir más el gobierno limitando a la vez el
riesgo de un autoritarismo requiere de organismos independientes y
poderosos que también gocen de respaldo popular. Descentralizar
constitucionalmente más poderes al gobierno regional y local tal vez sea
la salida." (Raghuram G. Rajan, Project Syndicate, 22/05/20)
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