"(...) 3. La batalla española
Buena
parte de esa pelea tiene que ver con cuál será el papel que se conceda a
los países del sur de Europa. Y aquí hay algo sorprendente. Alemania sabe que somos necesarios para sus cuentas y está presionando
a los socios del norte para que el fondo de recuperación nos ofrezca
margen.
Al mismo tiempo, está intentando avalar al gobierno de Sánchez,
con quien tiene buena sintonía, ya que es la única fuerza política que
puede dirigir con el actual reparto de fuerzas, aun cuando esté obligado
a realizar equilibrios diversos y continuos.
Tanto en el seno de
la UE como en el interior de España, esa postura reformista se encuentra
con la misma resistencia, la de quienes persisten en la ortodoxia
previa a la pandemia y pretenden afrontar la grave crisis con los mismos
instrumentos de antaño.
Alemania quiere cambiar el paso e introducir nuevos factores, aunque moderados, en la ecuación, ya que la reacción pasada ayudó a causar mucha inestabilidad.
En el plano español, la idea ortodoxa continúa siendo la de tejer una alianza entre la derecha y la izquierda moderada,
es decir, entre el PP, Ciudadanos y esa parte del PSOE que se opone a
Sánchez. Desde estas posiciones se cataloga al presidente, en el mejor
de los casos, como un populista de izquierdas que se apoya en los
radicales de Podemos para intentar sacar adelante un plan muy
perjudicial para España.
Sánchez puede ser un populista reformista, pero no es un radical.
Iglesias es la parte con menor peso en el Gobierno, y aunque se
focalice en él la animadversión, sus posturas están muy alejadas de las
que exhibía en los viejos tiempos, y es consciente de que tiene y tendrá
que hacer sacrificios. Sin embargo, en España las apuestas ortodoxas
tienen mucho peso, y todo impulso reformista está siendo combatido con firmeza y fiereza.
Los puntos de conflicto de fondo son la fiscalidad,
como el asunto del impuesto a las grandes fortunas, del que el PSOE se
ha alejado y en el que Podemos presiona, y la reforma laboral, temas en
los que buena parte de los ministros sanchistas también están a favor de
la ortodoxia. Todas las tensiones actuales, una vez constatado que el
Gobierno no iba a caer, vienen de ese intento de controlar las intenciones heterodoxas que todavía perduran en el Ejecutivo.
Esta
pelea entre ortodoxos y reformistas tiene todo el aspecto de caer del
lado de los primeros, tanto en Europa como en España. Desde luego, habrá
matices, pero esto es muy similar a lo de los verdes y la izquierda:
los intentos de cambio acabaron giraron hacia posiciones más manejables.
Es probable que se compre el discurso reformista, pero que en la
práctica las posiciones finales tengan mucho que ver con la ortodoxia.
En concreto, que los fondos para la recuperación sean más escasos y
menos rápidos de lo prometido, y ya ha advertido Rutte
de que presionará para que estén constituidos íntegramente por
préstamos, y que las medidas que tome el Gobierno para la crisis estén
más cerca de las viejas fórmulas de lo que parece; lo más probable es que el impulso de cambio vaya diluyéndose conforme avanzan las semanas y los meses.
4. En sus cabezas sonaba genial
En
realidad, este es un mal demasiado común, ya que se toma conciencia del
problema, pero se intenta combatir con elementos retóricos y
discursivos en lugar de con medidas reales. Ocurre en todas partes: Johnson
acaba de anunciar un New Deal, articulado mediante un gigantesco plan
de infraestructura cuya plasmación final son 5.500 millones, y parte de
él eran inversiones ya previstas.
En su cabeza sonaba genial, y el
resultado es el Plan E de Zapatero. Con el fondo de
recuperación de la UE puede ocurrir lo mismo, en cuanto a cantidades, y
en cuanto a su conversión en simple deuda, de modo que apenas existan
transferencias y todo quede convertido en un instrumento de inversión
para los excedentes del norte.
Y la apuesta del Banco de España por
subir el IVA y los impuestos a las capas medias, pero no a las grandes
fortunas, suena igual, ya que el peso de la deuda volverá a caer sobre las clases medias y las trabajadoras;
o la insistencia en la tecnología y las renovables como solución, que
fácilmente puede convertirse en una mera transferencia de recursos a las
grandes empresas del sector.
Por así decir, estamos regresando a
los tiempos previos a la pandemia en muchos sentidos: una vez que la
situación de urgencia desaparece, se aprovecha la tensión causada para proponer las mismas respuestas que ya se tenían antes.
Es un error grave: lo que necesita el sur, pero también las clases
medias y las trabajadoras del norte, no es ortodoxia ni reformismo, es
una reactivación que permita a la economía real, la de la gente común,
ponerse en marcha de una manera sólida.
Hay que potenciar el nivel
adquisitivo de los asalariados, los autónomos y las pymes y que se ayude
a las personas en situaciones de dificultad, lo que constituye el único
camino para que el consumo funcione y para que el mercado interno sea
sólido. Es el único modo de estabilizar el sistema, lo demás es un mero aplazamiento.
Si no se actúa de esta manera, los problemas se harán más profundos. La crisis anterior ha conformado un suelo social muy inestable, en muy diversos aspectos, al que no se pone fin sacando a Trump de la Casa Blanca o introduciendo un par de discursos cosméticos en Europa.
Si la crisis golpea solo con la mitad de la intensidad que se prevé, el
sentimiento euroescéptico crecerá, las opciones autoritarias también y
la legitimidad del sistema disminuirá. Lo vimos en la crisis anterior y
lo veremos en esta.
En este momento, las élites españolas y
europeas parecen creer que todo comienza a estar bajo control, ya que se
han introducido medidas diferentes en esta ocasión, y que basta con
ellas para que la parte importante de la economía no sufra, las fuerzas
populistas retrocedan y la unidad de la UE deje de estar en riesgo. Es
lo usual, una vez que los momentos de mayor gravedad dejan paso a la relajación, los cuerpos tienden a volver al mismo estado.
Pero recordemos que esta clase de diagnósticos, tan frecuentes en los últimos tiempos, siguen una pauta, la de negar la realidad de fondo. Un buen ejemplo lo tuvimos en el Brexit, donde la forma de encajar los hechos fue sorprendente:
perderán el referéndum, si ganan darán marcha atrás, si no dan marcha
atrás será un desastre, la salida del Reino Unido será combatida por los
propios británicos, el proceso de salida será largo, cuando se vayan
será como si permanecieran aún en la UE por el ‘level playing field’, y
así sucesivamente, hasta llegar a las puertas de una salida rápida y sin
acuerdo del Reino Unido. Alguna lección se debería aprender al respecto." (Esteban Hernández, El Confidencial, 03/07/20)
Para
luchar contra las epidemias y como alternativa a la salida del euro de los países del Sur, o
como salida de emergencia ante la (más probable) ruptura de la UE por parte de los países del
Norte... hay que conseguir la soberanía financiera... implantando una moneda digital paralela de circulación interna, en paridad 1:1 con el euro (¿europeseta electrónica?),
en España:
La propuesta de Garzón, basada en el Trabajo Garantizado:
Cómo aplicar el Trabajo Garantizado en ayuntamientos y autonomías... financiándolo con créditos fiscales municipales
Para Ecuador:
Hacia una "moneda electrónica paralela" para afrontar la crisis... en Ecuador (o en España) ¿Por qué y cómo hacerlo?
Para conseguir un monopolio financiero mundial, Facebook propone su propia moneda digital... LIBRA
Otras propuestas:
Susana Martín Belmonte propone una 'coronamoneda' digital para potenciar la renta de cuarentena... una renta vehiculada a través de una moneda ciudadana digital descargable de una app y con respaldo del Banco de España.
Enlace: http://ojeandoelestadodelpais.blogspot.com/2020/04/coronamoneda-digital-para-potenciar-la.html
El prometedor dinero fiscal
Emitir 'GREUROS'. Entre la salida del Euro, y la aceptación de la austeridad de la Troika, existe una tercera vía que se basa en la recuperación parcial de la soberanía monetaria
Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (la sitúa en el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.
Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: ‘Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467 )
Los artículos de Juan José R. Calaza, Juan José Santamaría y Juan Güell muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:
- Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html
- Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html
- Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815
Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:
-Marear la perdiz. Enlace: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/02/08/andalucia/1360327224_588117.html
- Hay alternativas, incluso dentro del euro. Enlace: http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/ mmmm
Más información en: 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas': http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html
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