"Entre los países con mayor cantidad de infectados por el Covid-19, hay
cuatro latinoamericanos: Brasil (segundo), Perú (séptimo), Chile
(octavo) y México (décimo). Chile tiene el triste récord de contagiados
por habitante (15 mil cada millón), seguido por Perú (8 mil 500), muy
por encima de Estados Unidos, España e Italia. (...)
A medida que se conocen nuevos datos, la indignación crece. En Sao
Paulo, la diferencia en el porcentaje de muertos por el Covid-19 entre
los barrios ricos y los pobres es alarmante. En Bela Vista, región
central, mueren 20 personas por cada 100 mil habitantes; en Brás, barrio
pobre del centro, fallecen 87 por cada 100 mil habitantes (https://bit.ly/2VyBFoK).
Encuentro tres razones básicas para comprender por qué América Latina
es hoy el centro global de la pandemia, situación que está lejos de
disminuir.
La primera es la desigualdad, que carga en sus ancas, como compañeras
de viaje, la corrupción, el desmantelamiento de los servicios
sanitarios y la pobreza estructural de la mitad de la población.
Mientras la OMS recomienda ocho camas de hospital por cada mil
habitantes (en Brasil es de 2.2), en algunos municipios de la Baixada
Fluminense (estado de Río de Janeiro), como Seropédica e Itaguaí, hay
apenas 0.3 a 0.8 camas por cada mil habitantes (https://bit.ly/2V8XITa).
En Perú, 70 por ciento de la población trabaja en el sector informal.
Algunos mercados, como La Victoria, en Lima, presentaban en mayo 86 por
ciento contagiados (https://bit.ly/3ggo3q7). (...)
Un excelente artículo en El Desconcierto, titulado
No conocen su país, destaca que
75 por cien-to de los ingresos de los chilenos se destina a pagar deudas y que 82 por ciento de los mayores de 18 años es deudor moroso(https://bit.ly/3eCWGpw). Dos millones de personas tienen serios problemas para acceder al agua potable y en muchos hogares conviven cuatro generaciones bajo un mismo techo.
El segundo problema es la violencia, que ha desestructurado nuestras
sociedades y convertido a los estados-nación en espectadores cómplices
del neoliberalismo. El
monopolio de la violencia legítima, que se atribuye a los estados, es una broma macabra, cuando ya no hay diferencias entre mafias y estados.
Cada masacre es testigo de la complicidad de los cuerpos armados,
como acaba de suceder en San Mateo del Mar y en cada una de las matanzas
que se suceden, cada semana, contra poblaciones originarias y negras de
nuestro continente.
Aunque algunos se hagan los distraídos, sabemos que la violencia
forma parte de la acumulación por despojo/cuarta guerra mundial, que es
la seña de identidad del capitalismo en este periodo de turbulencias y
tormentas. Dicho de otro modo: la violencia es sistémica, para acumular
riquezas y contener a los pueblos. No es una desviación del sistema, es
su núcleo duro, lo que le permite existir.
La tercera causa se deriva de las anteriores: gobiernos erráticos,
incapaces no sólo de contener la pandemia –algo que podría entenderse
dadas las tremendas condiciones estructurales que heredaron– sino de
aceptar sus fracasos, con un mínimo de humildad. Hay gobernantes que
muevenla aguja del pico de la pandemia cuando las cuentas no les cuadran. No sólo en México.
La pandemia muestra tanto la crisis de la gobernabilidad, como las
consecuencias de tres décadas de neoliberalismo sobre las instituciones y
contra los pueblos. Los gobiernos no gobiernan, apenas acompañan
servilmente los proyectos del capital y del imperio de Trump. (...)
¿Quién va a defender a los pueblos cuando los
gobiernos decretan el encierro masivo, mientras el extractivismo
(minería, monocultivos y grandes obras) sigue destruyendo y asesinando? O
nos organizamos o estaremos condenados a ser hojas en la tormenta
sistémica."
( Raúl Zibechi , El Viejo Topo, 10/09/07. Artículo publicado originalmente en La Jornada.
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