"Estamos viendo hoy en España principalmente dos visiones de lo
que debería ser la recuperación y vuelta a la normalidad durante y
después de la pandemia.
Una de ellas queda reflejada en el aplauso que
cada día, a las 8 de la tarde, la ciudadanía de cualquier población
española dedica, desde los balcones de su casa, a los profesionales y
trabajadores de los servicios sanitarios y sociales que están
desempeñando su labor de salvar la vida de sus conciudadanos en unas
condiciones que entrañan un alto riesgo de contagio, enfermedad y
muerte, a causa de la escasez de recursos (concretamente, de instrumentos que los protejan) derivada de la gran subfinanciación de dichos servicios.
Tal escasez es resultado de las políticas de austeridad impuestas (y digo impuestas pues no estaban en sus programas electorales) a
la población por los partidos gobernantes en España (y en la
Generalitat de Catalunya), siendo el gobierno del Partido Popular
(apoyado por Ciudadanos) y el gobierno de Convergència Democràtica de
Catalunya (CDC), en Catalunya (apoyado por el PP catalán primero y por
ERC después), los que recortaron más dicho gasto (...)
El aplauso a las víctimas (profesionales y trabajadores de los servicios sanitarios y sociales) lleva implícita una crítica a los gobiernos que llevaron a cabo tales políticas de austeridad,
responsables de los riesgos a los que están expuestos aquellos
profesionales y trabajadores de tales servicios, y dicha crítica, por
mera coherencia, implica una demanda para que se eliminen los
enormes déficits de gasto público sanitario y social, poniendo tal
exigencia en el centro de las medidas que se están proponiendo para
conseguir la recuperación económica y social del país (...)
La necesidad del New Deal Social
De ello se deduce que el aumento del gasto y empleo público en los
subfinanciados sectores sociales (sanidad y sectores sociales) debe
ser parte de un aumento del gasto y empleo público para, entre otros
objetivos, intentar corregir la enorme subida del desempleo que la parálisis de la actividad económica –resultado de la pandemia- ha creado y continuará creando. Hoy
hay un amplio consenso entre los establishments financieros y
económicos, así como en los gobiernos a los dos lados del Atlántico
Norte, de la necesidad de un aumento significativo del gasto público.
El gran debate, entre la mayoría de los partidos políticos, no es tanto si debe haber o no un aumento del gasto público, sino en
qué sectores y cuándo se tiene que realizar tal gasto público. Y en la
alternativa progresista se prioriza la inversión social –el llamado New
Deal Social– que complemente el también necesario New Deal Verde, con
una reconversión del sector industrial para hacerlo más sensible al bien
común y no solo a satisfacer las necesidades del mercado, definidas por la capacidad adquisitiva de cada consumidor (...)
La versión española de la visión trumpiana de la recuperación
La otra visión, alternativa a la anterior, se presenta en
forma de protesta contra el confinamiento y otras medidas aprobadas por
el nuevo gobierno de coalición de izquierdas, y se manifiesta con las
caceroladas, como alternativa a los aplausos.
Dicha visión
quiere utilizar a los fallecidos por la pandemia con fines partidistas,
acusando al gobierno de coalición de ser responsable de tanta muerte,
ignorando y silenciando (con la colaboración de los grandes medios que
apoyaron en su día las medidas de austeridad) los recortes de gasto
público sanitario y social que sus representantes políticos impusieron
cuando gobernaban. (...)
En realidad, su visión es semejante a la del trumpismo en EEUU,
(que he detallado en otros artículos), el cual se caracteriza por su
insistencia en desoír las advertencias realizadas por la comunidad
científica, hecho que ha causado un gran aumento de la mortalidad,
incluyendo la de los trabajadores esenciales, indispensables para la
supervivencia del conjunto de la sociedad. En EEUU, el trumpismo
está causando un enorme desastre, con sus privatizaciones y políticas
de inversión pública sesgada hacia los grupos y lobbies económicos que
lo favorecen, sin prestar ninguna atención al daño que sus políticas
están causando a la calidad de vida y bienestar de las clases populares
de aquel país.
La extensión del trumpismo en España
Este trumpismo en España va mucho más allá del que se
presenta en Vox. En realidad, el trumpismo es la máxima expresión del
neoliberalismo, con claros tintes darwinianos. De ahí que aparezca
incluso en amplios sectores de la cultura política y mediática de
nuestro país.
(...) consenso no solo presente entre economistas progresistas, sino
también entre conservadores y liberales; todos ellos consideran que,
ante la enorme tasa de paro, el sector público tendrá que crear empleo
masivamente. Paul Krugman, Joseph Stiglitz y una larga lista de Premios
Nobel de Economía lo están pidiendo.
Y un tanto igual en cuanto a la frivolidad (y no hay otra manera de decirlo), de
que subir impuestos durante una crisis son, según el Sr. Bono y el Sr.
Miguel Sebastián, "medidas sumamente radicales y extremistas". En
realidad, se hace constantemente. Sin ir más lejos, el PP lo hizo y con
bastante intensidad, por ejemplo, subiendo el tipo general del IVA del
18% al 21%, y el tipo reducido del 8% al 10% en 2012, así como el IRPF,
entre 0,5 y 7 puntos, en plena crisis económica. (...)
La enorme crisis económica y social requiere una intervención masiva del
Estado (a todos los niveles: central, autonómico y local) para resolver
el desempleo y la precariedad, que alcanzarán unos niveles elevadísimos
con el consecuente deterioro de la calidad de vida de la mayoría de la
población (golpeando especialmente a las clases populares), hecho que ya
está ocurriendo (...)
De ahí que, además de la gran ampliación y mejora de los
servicios sanitarios y sociales, haya una necesidad urgente del Estado
de crear empleo, lo cual se puede hacer por tres medios, todos
necesarios y muy urgentes: una es facilitar la recuperación de las
empresas, con el consiguiente mantenimiento del empleo; otra es la
creación masiva de empleo, con el New Deal Social y Verde; y otra es reducir significativamente el tiempo de trabajo por trabajador.
Y para que ello sea posible es indispensable derogar la reforma
laboral del 2012, una de las causas principales del enorme deterioro del
mercado de trabajo. Es, pues, condición indispensable para la
recuperación económica la mejora de las condiciones laborales en España,
de las más precarias de la UE-15, causa de su ineficiencia y escasa
productividad.
El gran descenso salarial (el porcentaje de las
rentas del trabajo sobre todas las rentas nacionales ha ido bajando
desde 2007) que ayudó a consolidar aquella reforma laboral es una de las
mayores causas de la ineficiencia del sistema económico, con una
demanda doméstica excesivamente limitada (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Anagrama, 2015).
Y aquí, de nuevo, es
un indicador del enorme desequilibrio de fuerzas que existe en el
Estado y en los grandes medios del país que el pacto para derogar tal
reforma laboral se presentara (también en La Sexta Noche) como un golpe de Estado comunista para instaurar una dictadura (¡Bono dixit!). Que tal estupidez (y, de nuevo, no hay otra posible definición) se presente como una proposición objetiva ilustra hasta qué punto la cultura mediática y política está sesgada hacia la derecha. (...)
Conclusión
Tal y como indicaba en un artículo anterior, hay dos
alternativas para salir de la crisis en España. Una, la de las fuerzas
profundamente conservadoras e incluso reaccionarias, con un nacionalismo
extremo, las cuales desoyen las voces científicas y pretenden, por
cualquier medio, mantener los privilegios que siempre han tenido, y que
consideran España y Catalunya como de su propiedad. Las caceroladas son,
como decía, un síntoma de esta visión.
La otra alternativa es la progresista, que va más allá de la
tradicional división entre izquierda y derecha, y que se basa en la
constatación de que la inversión social es fundamental para la
supervivencia de la sociedad y de una economía orientada hacia el bien
común de la población. Su máxima expresión son los aplausos de cada día a
las 8 de la tarde. Estas son, en realidad, las dos alternativas."
(Vicenç Navarro. Profesor de Health and Public Policy, The Johns Hopkins University, Público, 29/05/20)
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